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| Ventorrillo de Casillas de Velasco |
En el cuartel de la guardia civil de Montoro, se tuvo conocimiento de que sobre las dieciocho horas del día 9 de octubre de 1940, fue asaltado por cuatro individuos armados el “Ventorrillo de Casillas”, propiedad del vecino de Montoro, Alfonso Cabello Fernández, sustrayendo los autores un caballo castaño con lucero en la frente propiedad de dicho señor, ataviado con su aparejo, el cual cargaron con dos sacos de harina, dos trajes marrones alistados, dos chalecos nuevos, dos pellizas, dos camisetas de pelo, tres pares de calzones con botones en los perniles, seis camisetas de caballero, una docena de pañuelos entre ellos uno con lista morada muy ancha, cinco pares de calcetines, tres camisetas de hilo, un par de toallas, cinco pares de medias de hilo claro, tres pares de medias de canuto de color, dos paños de cama, uno color rosa y otro blanco, tres mantas, un almohadón con listas a cuadros de colores verdes encarnados y amarillos, dos camisetas afelpadas abiertas de arriba abajo, una boina azul, un par de guantes de cabritilla, tres pares de tijeras, seis máquinas de afeitar, seis navajas, una arroba de fideos amarillos, una caja de inyecciones para paludismo, cinco cajas de quina, un bote de gasas esterilizadas, unos rollos de gasa esterilizada, un millar de carterillas de azafrán y pimienta, una docena de botellas de cerveza “La Mezquita”[1], cinco botellas de coñac “González Byas”, una linterna de petaca, seis cuchillos, seis tenedores, un par de alicates, una caja de botones finos, media docena de botones de nácar, dos cajas de hijo blanco y negro, una gruesa de horquillas, tres ovillos de cáñamo, varios metros de lana amarilla, una cartera de Ubrique, otra cartera de cocodrilo, un reloj de pulsera cuadrado de níquel, un vaso de níquel plegable, una bota de vino de tres litros, seis kilos de azúcar, una talega con tres kilos de arroz, dos sacos de harina, una escopeta de dos cañones con fuego central, calibre 16, marca “Herradura” nº 12464, caja partida y unida con dos chapas y otros innumerables efectos sin detallar.
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| Botella y cartel anunciador de Cerveza La Mezquita |
El 11 de octubre de 1940, Manuel Maillo Osuna, teniente de la comandancia
de la guardia civil de Córdoba, jefe de línea de Lucena y en aquellos días
concentrado en Sierra Morena prestando servicio como Jefe del Sector de
Montoro, acompañado de cinco guardias y el auxiliar guardia segundo Manuel
García Pagan, se personaron en el sitio denominado “Casillas” del término de
Montoro, constituyéndose en el establecimiento de comestibles donde se había
perpetrado el robo, procediendo a la interrogación del dueño del mismo el cual
manifestó llamarse Alfonso Cabello Fernández, de 40 años, casado, natural y
vecino de Montoro, con residencia en “Casillas”, el que en relación a los
hechos dijo: Que sobre las 18 horas del día nueve del mes y año en curso,
se presentaron cuatro sujetos armados de escopetas, rifle y pistola y que le
obligaron a permanecer quieto en el mostrador de la tienda, empezando acto
seguido a saquear tanto la referida tienda, como las dependencias particulares,
llevándose las prendas y objetos que en su día reflejó en su denuncia y además
los siguientes: Un cobertor inferior, tres pares de tijeras, una de ellas de
peluquero, seis navajas de afeitar y seis máquinas de cortar el pelo, varios
pares de sandalias de mujer, varios pares de alpargatas de goma, dos piezas de
mosolina blanca morena, seis pares de medias negras, varias cajas de limonada
fresca, docena y media de botellas de cerveza, cinco ovillos de hacer “grosé”,
una cartera para el carnet, una bota de vino de tres litros, medalla y cadena
de oro, unas sesenta piezas de pan con sello “Alfonso Cabello”, unas mil
pesetas en billetes del Banco de España y calderilla. En su denuncia dijo que
se había llevado una escopeta, cuando fueron dos escopetas de fuego central
calibre 16, una de ellas con la caja partida por la garganta y arreglada con
dos chapas de acero, y además, una pistola del nueve largo marca “Campo
Giro”. Del horno se llevaron también, doscientas sesenta y cinco pesetas,
un reloj de bolsillo con cadena todo de plata, un par de calcetines y dos pares
de calzoncillos blancos, sacos y sogas, una yegua castaña marcada con el hierro
“Peniz” y en una rodilla tiene una señal de haberle dado una succión. Este
horno se encuentra situado a unos doscientos metros del lugar que nos ocupa,
osea del ventorrillo, y lo lleva en arrendamiento el vecino de Montoro Manuel
Rey Nieves de cuya propiedad es, lo que de este horno se recuenta. Añade
que no pudo conocer a ninguno de los cuatro sujetos y que cree que en la calle había
algunos más, pero que por sus ropas y sus trazas cree puedan tratarse de los
fugitivos que se encuentran en la sierra. Que sus señas son: Uno de ellos de
unos treinta años, con patillas bajas, viste calzón de montar y botas altas,
otro de unos veintidós años con pantalón de pana y vendas en las piernas, lleva
boina negra rota en la parte superior, el otro de unos treinta años de muy mal
semblante. Que son cuantos detalles puede dar acerca de los referidos
individuos, no teniendo nada más que manifestar.
Acto seguido el teniente Maillo, junto con el resto de
agentes que le acompañaban, practicaron un reconocimiento por los lugares donde
se podía sospechar pudieran encontrarse ocultos los autores del hecho,
interrogando a cuantas personas fueron encontradas y visitando cuantas caserías
existen en aquella parte de la sierra y se dio órdenes a los demás
destacamentos, para que sin pérdida de tiempo se montara el servicio
conveniente, para lograr averiguar el paradero de los que se persiguen y la captura
de los mismos, dando por terminada las actuaciones y acordando la entrega de
ellas a la autoridad judicial.
Unos días después, concretamente sobre las catorce
horas del día 25 de octubre, el alférez jefe de la línea de la guardia civil de
Montoro, Moisés Gómez García, por medio de un confidente tuvo conocimiento que
el mulero de “Casillas” llamado Juan Calero Cánovas, el mismo día en que se
cometió la sustracción, acompañó a dos de los asaltantes a la panadería
existente en el lugar, ayudándoles a cargar dos sacos de harina en el caballo
que habían robado al señor Cabello y les indicó a los mismos, cuando estos les
comunicaron que necesitaban quinina por tener algunos compañeros con calentura,
que el dueño del ventorro tenía en el mismo, ese tipo de medicina, por
lo que volvieron de nuevo desde la panadería al ventorrillo y se llevaron
cuanta quinina allí había.
A la vista de ello, el alférez Gómez, citó de
comparecencia inmediata en la casa-cuartel de Montoro, al mulero Juan Calero
Cánovas, de 47 años de edad, casado, natural y vecino de Montoro, domiciliado
en el lugar donde trabaja en la finca “Casillas” propiedad de María Reyes
Arroyo, a fin de oírle en declaración, manifestando que efectivamente
fue acompañando a los rojos el día que cometieron el robo en la panadería,
ayudándoles a cargar un saco grande de harina y que por su iniciativa, para
hacer más fácil el transporte lo dividieron en dos, y lo cargaron en el caballo
que también se llevaron, y como a la ida los rojos le dijeron que uno de ellos
tenía calentura y que donde podrían hacerse de quinina, manifestándole él, que
en el ventorrillo de Alfonso Cabello tenía, penetrando nuevamente en el
ventorro, llevándose una caja de quinina, la única que había. Sigue diciendo,
que unos convecinos llamados Pedro Cruz y un tal Tinahones, ambos herreros de
profesión, vieron a los rojos que cometieron el robo el mismo día por la
mañana, escondidos en un zarzal que existe en las inmediaciones del pilar, y
que más tarde también los vieron ir un lindón hacia adelante y salieron del
vallado marchándose hacia el barranco, en una palabra que los habían visto
varias veces, durante el día, y que por la mañana uno de los rojos, estuvo en
el ventorro comprando pan y latas de sardinas, que es lo único que tiene que
decir al respecto.
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| Paraje de "Casillas de Velasco" a vista de dron. |
Tras prestar declaración Juan
Calero Cánovas, continuaron las pesquisas los agentes actuantes, recibiendo
declaración a varias de las personas que habían tenido algún conocimiento del
robo que se había cometido.
En primer lugar, se oye en
declaración a Juan del Rosal Cañas, apodado “Tinahones”, de 29 años, viudo,
natural de Montoro y domiciliado en la actualidad en “Casillas de Velasco” del
término municipal de dicho pueblo, donde trabaja con su padre como herrero,
diciendo, que el día nueve de octubre de 1940, se encontraba trabajando
y como a las once horas, observó como un individuo desconocido llegó al
ventorrillo de Alfonso Cabello y compró seis latas de sardinas de las pequeñas
y además un pan, marchándose después como en dirección de Adamuz, por la
carretera. Este individuo iba vestido con un pantalón de pana lisa oscuro, una
americana clara, un pañuelo blanco en el cuello y una mascota, zapatos de
material con tachuelas, no volviéndolo a ver más, hasta por la noche cuando se
presentaron cuatro individuos, únicos que él vio, y el mismo que había estado
por la mañana comprando, con una escopeta de dos cañones en la mano, le dijo
“manos arriba” y lo llevó al ventorrillo, donde el que lo había conducido, le
hizo sentarse en un banco, mientras dos rojos más se hallaban saqueando el
ventorrillo. Después le dijeron que ayudara a cargar una yegua de pan, lo que
hizo, llevándose aquellos consigo, supone el declarante, unos veinte panes.
Dice también, que ayudo a cargar el pan el mulero Juan Calero Cánovas. Que una
vez terminaron de cargar, se bebieron los rojos cuatro botellas de cerveza,
sacaron tabaco y les dieron para fumar a todos los presentes, incluido el
manifestante, diciéndoles los rojos que se metieran en sus casas y no salieran,
no fuera a ser que sus compañeros, les fuesen a dar un tiro, porque se hallaban
vigilando aquellos alrededores. Preguntado si él vio a dichos individuos
escondidos en unas zarzas que existen en las inmediaciones de referida finca
“Casillas”, dice que no, como así mismo que no los vio saltar por ningún
vallado ni nada, que solamente vio como ya ha dejado dicho anteriormente a uno
por la mañana, cuando compró las sardinas y por la noche, cuando cometieron el
robo, junto a otros tres que le acompañaban.
El siguiente en declarar fue
Pedro de la Cruz Ruiz, de 43 años de edad, viudo, natural de Montoro y
domiciliado en “Casillas de Velasco” de dicho término municipal, lugar donde
trabaja como herrero, y en relación al delito objeto de investigación dijo que siendo las nueve o las diez de la mañana
del nueve de octubre, y cuando se dirigía a la finca “San Nicolás” a dejar una
traba de hierro, en compañía de un tal Jacinto Canales, casero del “Lagar de
San Nicolás de don Bartolomé Sepúlveda”, al llegar al pilar que existe más
abajo del ventorrillo de Casillas, observaron en la cerca denominada del
“Majuelo”, como un individuo con mascota, al parecer de los rojos huidos en la
sierra, huía, no queriendo dar la cara, entre la maleza del terreno, toda la
cerca arriba. Entonces el manifestante le dijo al que le acompañaba, que aquel
individuo que se ocultaba, no debería ser ninguna persona buena, contestándole
el otro que seguramente sería algún individuo no muy bueno, cuando no quería
dar la cara. En este sitio, osea en aquel pilar, dieron de beber a las
caballerías que llevaban y continuaron camino de “San Nicolás”, separándose en
el sitio llamado “Apartadero del Lagar del Cura”, en que el Jacinto Canales
siguió para su domicilio y él para “San Nicolás”. Que regresó a “Casillas”
sobre las catorce horas, y una vez en su domicilio le dijo su familia que había
habido allí en el ventorrillo un individuo comprando unas latas de sardinas,
que no les había gustado a los dueños del ventorrillo. Entonces se dirigió al
ventorrillo de Alfonso Cabello, donde habló con él, cuando se hallaba liquidando
cuentas con el panadero, y Alfonso le dijo, que si no había visto al individuo
que había estado comprando las latas de sardinas, contestándole aquel que ojala
hubiera estado allí para verlo, y hablando esto, se presentaron dos individuos
armados cada uno de una pistola, tamaño grande, diciendo “manos arriba”, y al
dueño del ventorrillo, que no se moviera que le pegaban un tiro, entrando otro
individuo más con una escopeta colgada a la espalda y un rifle en las manos,
penetrando uno de los dos primeros que llegaron, en las habitaciones seguido de
la dueña y de su hermana Josefa de la Cruz Ruiz, que se encontraba allí. El
otro primer individuo que entró en el ventorrillo, se quedo en la estantería
saqueando cuanto allí había, y el tercero, que entró con la escopeta colgada a
la espalda, rifle en mano, no dejaba de encañonar a los que allí nos
encontrábamos. Cuando esto ocurría, se presentaron a tomar un vaso de vino un
tal Pedro Vacas, que es casero de la Viuda de Cañas, el mulero que iba con dicho
casero y un tal Pedro Hidalgo, los dos primeros domiciliados en el “Lagar de
Molina” y el último en el “Molino Nuevo”, a los que el rojo que había en la
puerta les hizo sentarse en el banco que allí hay y le dijo que no se movieran
para nada. Ya que saquearon la casa, preguntaron que quién era el panadero,
contestando el mismo, que era él, y le dijeron que cuantas caballerías había
en la panadería, contestando que un caballo, diciéndole que los acompañaran, lo
que hizo y también fue con ellos Juan Calero Cánovas. Que él se quedó en el
ventorro, siendo el panadero, Juan Calero y los dos rojos los que se dirigieron
a la panadería, donde cargaron un saco de harina, y luego se marcharon,
diciéndoles antes de irse que se marcharan todos a sus casas. Manifiesta
igualmente que también los rojos les dieron un cigarro y estuvieron fumando
todos juntos. También dice que se encontraba allí el peón caminero, que estuvo
hablando con los rojos y lo mismo fumo del tabaco que les dieron los rojos.
Tras las declaraciones se
procedió a la detención de Juan Calero Cánovas y Juan del Rosal Cañas, por haber ayudado a los forajidos a cargar
en caballerías lo robado, y a la detención de Pedro de la Cruz Ruiz, por haber visto la mañana del robo a uno de
los autores, cuando trataba de esconderse entre la maleza y no ponerlo en
conocimiento de la autoridad, como se le tenía muy recomendado al personal que
habita en el campo.
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| "Casillas de Velasco" conforme vienes de Adamuz. |
El 23 de enero de 1941, el Juez
instructor se persona en la cárcel de Montoro y procede a oír en declaración a
los detenidos por estos ellos, empezando por Juan del Rosal Cañas a) Tinahones,
de 29 años, casado, natural de Montoro, herrero de profesión, domiciliado en
Castillo de Julia nº 9 de Montoro, el que a las preguntas que se le formulan,
manifiesta que antes de la guerra, no
perteneció a ningún partido político siendo autónomo, durante la guerra se
afilió al Sindicato de Artes e Industria afecto a la C.N.T., y que no tomó
parte en ningún acto contra la causa nacional. Que el 9 de octubre del pasado
año, hacia la puesta de sol, se presentaron en el ventorrillo cuatro individuos
armados, encontrándose el dicente en esos momentos en casa de Pedro de la Cruz
Ruiz, presentándose un rojo en dicha casa y obligando al dicente y a Pedro de
la Cruz, a poner los brazos en alto y después de cachearlos, les obligaron a
que fueran con él hasta el ventorrillo, osea al comercio propiedad de Alfonso
Cabello Fernández. Que cuando llegaron al ventorro, allí había también dos
rojos que tenían encañonados al dueño del ventorrillo Alfonso Cabello, al
maestro panadero y Pedro de la Cruz, llegando posteriormente el peón caminero,
haciéndoles a todos los citados formar grupo, mientras ellos procedían al
saqueo de la casa. Que de la tienda propiedad de Alfonso Cabello, se llevaron
las ropas, comestibles, pan, embotellado y dinero, sin poder precisar el
diciente en qué cantidad, solamente vio se llevaron dos sacos repletos. Que
después uno de ellos preguntó al maestro panadero si tenía en la panadería
caballerías, y al contestar éste que una, le hicieron que le acompañara a dos
de ellos, en unión de Juan Calero, regresando después los dos citados rojos y
el Juan Calero, con una caballería cargada de una saca de harina, compartida en
dos. Sucedido todo esto, se marcharon y al tiempo que se iban dijeron “que al
día siguiente podían ir a dar parte, pero que aquella noche no salieran ninguno
de su casa, por lo que les pudiera ocurrir”. A primera hora de la mañana del
día siguiente, osea el día 10, Pedro de la Cruz, marchó a dar conocimiento a
Adamuz y el Maestro Panadero a Montoro a ponerlo en conocimiento a la guardia
civil.
El segundo en prestar declaración ante el Juez, fue el mulero Juan Calero Cánovas, de 48 años, casado, natural y vecino de Montoro, domiciliado en calle Panaderos nº 14, quien contesta a las preguntas que se le hace: Que antes de estallar la guerra no perteneció a ningún partido político y una vez iniciada ésta, tuvo que afiliarse al Sindicato de Artes e Industrias, por así exigirlo los momentos de aquellos días. Que el inicio de la guerra le sorprendió en “Casillas” del término municipal de Montoro, no viniendo al pueblo en los 5 meses que lo dominaron las hordas rojas, nada más que una sola vez a por comestibles. Que el día 9 de octubre del pasado año, sobre la puesta de sol, una hija del declarante llamada María, vino corriendo a decirle que había rojos en el ventorrillo, instándole para que se ocultara. Que entonces, el declarante inmediatamente se marcho hacia el ventorrillo propiedad de Alfonso Cabello, al objeto de ver a este y ayudarle en lo posible, cosa natural y lógica que el declarante se pusiera inmediatamente en contacto con los hombres que en el ventorrillo y casería había, para ver si entre todos, se tomaba alguna determinación. Que al llegar a dicho ventorrillo, los rojos se hallaban en él, teniendo encañonado a los que allí había, que eran el dueño, Pedro de la Cruz Ruiz, Juan del Rosal, un peón caminero, Pedro Vacas y varios más, obligando también al dicente a que formara grupo con los encañonados. Que empezaron a registrar el comercio y casa particular del dueño, llevándose ropas, pan y comestibles y cuando ya lo tuvieron en sacos metido, lo que antes se expresa, dos de ellos obligaron al Maestro Panadero y al dicente a ir a la Panadería, no sin antes preguntar si en ella había caballerías a repetido panadero y al decir éste que había una, fue cuando el panadero y el declarante, porque también lo obligaron los rojos, y dos de ellos, se trasladaron a tan repetida panadería, donde se llevaron una caballería y un saco de harina, compartido en dos. Que el declarante ayudó a los rojos a compartir la harina en los dos sacos, como así mismo a cargarla en la caballería, ayudando también el Maestro Panadero, haciendo constar que los sujetos no abandonaron ni un momento las pistolas de las manos. Que después de esta operación, dijeron los rojos al Maestro Panadero, que podía quedarse en su casa, y al dicente se lo llevaron otra vez al ventorrillo. Que después de sucedido todo esto, los rojos se marcharon llevándose cuanto robaron y la caballería, no sin antes advertir que al día siguiente podían dar parte, pero que al que saliera esa noche de su casa, le podría ocurrir algún percance serio.
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| Molino Nuevo próximo a Casillas de Velasco |
A continuación declaró Pedro de la Cruz Ruiz, de 43 años, viudo, de profesión herrero, natural y vecino de Montoro, domiciliado en Plaza del Mercado nº 5, el que dijo: Que ni antes ni después de declararse la guerra, ha pertenecido a partido político alguno, si bien una vez estalló la misma, se afilio al Sindicato de Artes e Industrias afecto a la C.N.T., sin que tomara parte en ninguno de los actos que en Montoro cometieron las hordas rojas, sin que en ningún momento y durante los 5 meses que dominaron los rojos este pueblo, viniera al pueblo, lo que puede corroborar Alfonso Cabello Fernández. Que el 9 de octubre de 1940 y sobre la puesta de sol, se presentaron en dicha finca un grupo de rojos, compuesto por 4 hombres, de los cuales 3 entraron dentro de la casa y uno se quedó fuera. Que el dicente precisamente, se hallaba dentro de referida finca, cuando estos sujetos se presentaron, no dándose cuenta nada más que, en el crítico momento en que dos de ellos armados con pistola y otro con rifle en la mano y escopeta en la espalda, le intimaron a que pusieran las manos en alto el dicente, el dueño de la finca Alfonso Cabello y el maestro panadero que se hallaba ajustando una cuenta con el dueño. Que inmediatamente empezaron a efectuar el registro de la casa, llevándose todas las ropas, comestibles y dinero, sin que puede precisar la cantidad. Que después de cometido este saqueo, uno de ellos preguntó que quien era el maestro panadero y al contestarle el nombrado que era él, le dijo que cuantas caballerías había en la panadería, contestándole éste que una y entonces dos de los rojos, quedaron custodiando a todos los que allí había y otro salió fuera, volviendo al poco rato con una caballería. Que el que se marchó, se llevó al panadero y a un tal Juan Calero y que traían en la caballería un saco de harina, compartido en dos. Que el tan repetido panadero quedo en su panadería, regresando el rojo citado y el tal Juan Calero. Que una vez sucedido todo lo dicho, estos cuatro individuos se marcharon, no sin antes decir que de esto podían dar conocimiento a la guardia civil, pero al día siguiente y encargando a todos ellos, se marcharan a sus casas con la consigna de que no abrieran en toda la noche la puerta de las casas, por lo que les pudiera suceder. Que al día siguiente el declarante fue al Puesto de la Guardia Civil de Adamuz, a dar conocimiento de lo sucedido y el maestro panadero también al día siguiente, vino a dar conocimiento a Montoro.
Tras estas tres declaraciones, el juez de instrucción Velasco Arenas, mediante providencia de fecha 27 de enero de 1941, acuerda proponer la libertad provisional de Juan Calero Cánovas, Juan del Rosal Cañas y Pedro de la Cruz Ruiz, además de interesar informe de conducta de ellos a las autoridades locales.
El auditor de guerra en su informe estima que se puede acceder a la concesión de la libertad provisional de los encartados, por lo que con fecha 12 de febrero de 1941, el juez instructor acuerda remitir oficio al director de la prisión de Montoro, para que ponga en libertad a los tres detenidos, la que se verifica aquel mismo día.
Seguidamente fueron aportados a la causa informes emitidos por la Jefatura Local de Falange Española, el Ayuntamiento y la Guardia Civil de Montoro, en cuyos informes se hacen constar que los tres acusados, carecen de antecedentes y han observado siempre buena conducta.
El 20 de mayo de 1942, el comandante de puesto de la guardia civil de Montoro, Antonio Bellido Montilla, emite informe en el sentido de que, de las diligencias practicadas, no han dado hasta el momento resultado positivo, que permita identificar y detener a los individuos que llevaron a cabo el robo en el ventorrillo de “Casillas”, en el término municipal de Montoro.
Ante el resultado infructuoso para la identificación y detención de los autores, el juez acuerda llamar a los éstos por requisitorias, la que es publicada en el Boletín Oficial de la Provincia, con el tenor literal siguiente:
Por providencia de 16 de julio de
1942, se declara la rebeldía de los autores del robo en “Casillas”, por lo que
el instructor, al considerar que se han practicado las diligencias apropiadas
al caso, eleva al capitán general de la segunda región militar la causa, a fin
de que resuelva lo que proceda. Emitiendo informe el auditor de guerra,
interesando que se aclarara la posible intervención en los hechos, de Juan
Calero Cánovas, Juan del Rosal Cañas y Pedro de la Cruz Ruiz, para lo que
interesaba se oyera en declaración a los testigos y de manera especial se
practicaran diligencias encaminadas a averiguar la identidad y paradero de los
delincuentes. Por cuyo motivo el capitán general don Miguel Ponte y Manso de
Zúñiga, prescribe que se proceda a la practica de lo interesado por dicha auditoria.
Por ello, el juez instructor
acuerda remitir exhorto al juzgado de Montoro, para oír en declaración a
Alfonso Cabello Fernández e interesar informes sobre las gestiones que hayan
practicado la guardia civil para identificar a los autores.
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| Juez don Miguel Cruz Cuenca. |
El exhorto es recibido en el
Juzgado de Instrucción de Montoro, del que era titular el Juez don Miguel Cruz
Cuenca[2],
quien recibe la ampliación de la declaración a Alfonso Cabello Fernández, el
día 19 de junio de 1943 y en ella, el declarante dijo que vivía ahora en la
calle Cedrón de Montoro, se ratificó en la declaración que había prestado ante
la guardia civil al inicio del proceso e indicó: Que no conoció a ninguno de los individuos que asaltaron su domicilio,
sin que hubiera tenido noticias de ellos después, salvo que se había enterado
que la guardia civil de Adamuz, intervino un impermeable y una cántara de
aceite propiedad suya, que reconoció en el cuartel de la guardia civil de
dicha Villa. También añadió a preguntas realizadas que, si volviera a verlos, quizás a todos no los conocería, porque eran
muchos, pero a alguno seguro que sí. Respecto a la posible intervención que
pudieran haber tenido en el robo los vecinos de Montoro Juan Calero, Juan del
Rosal y Pedro de la Cruz, dijo que solo
el Calero ayudo a cargar un caballo, ignorando si eso lo hizo por su voluntad u
obligado por los ladrones. Dijo igualmente que los hechos fueron presenciados por todos los vecinos que viven en
Casillas de Velasco.
El 27 de junio de 1943 el
comandante de puesto de la guardia civil de Montoro Manuel Márquez de las
Heras, contesta al Juzgado que de las diligencias practicadas y según
manifestación del denunciante Sr. Cabello, fueron los “Hermanos Jubiles” y su
partida los que cometieron el robo en su ventorrillo.
El juez instructor acordó entonces oír en declaración al vecino de Montoro llamado Pedro Vacas, casero en la finca de la Viuda de Cañas y al mulero que le acompañaba, por haber ambos presenciado el robo, remitiendo nuevo exhorto al Juzgado de Instrucción de dicha localidad.
El 25 de julio de 1943, por medio de diligencia el agente judicial del Juzgado
de Instrucción de Montoro, Damián Cánovas Molina, hizo constar que no había
podido localizar a Pedro Vacas, porque según le había manifestado su esposa
llamada Francisca Rodríguez Borreguero, su marido había fallecido
aproximadamente hacía dos años en Córdoba. Igualmente, dicho agente judicial y por
medio de otra diligencia, hizo constar la imposibilidad de poder localizar al
mulero de la finca de la Viuda de Cañas, cuya declaración también se
interesaba.
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| Ventorrillo y casas en el lugar conocido como "Casillas" término de Montoro. |
La guardia civil de Montoro,
averiguo el 19 de octubre de 1943, que efectivamente Pedro Vacas había vivido
en la calle Los Laras de Montoro y había fallecido en Córdoba el 3 de agosto de
1941, siendo éste el mismo que fue a tomar un vaso de vino al ventorrillo de
“Casillas”, en unión del mulero que le acompañaba, llamado Ildefonso Luna Pérez,
domiciliado en la calle Mota de Montoro, cuando estando allí se produjo el
asalto a dicho ventorro.
Ildefonso Luna Pérez, es citado
de comparecencia ante el Juez de Instrucción Militar de Córdoba y comparece
ante el mismo, a prestar declaración el día 10 de noviembre de 1943,
manifestando ser de estado soltero, profesión del campo, natural y vecino de
Montoro, domiciliado en calle Mota nº 1, diciendo en relación a los hechos: Que la noche que dieron el atraco al
ventorrillo de “Casillas”, ubicado en el kilómetro 13 de la carretera de
Montoro a Adamuz, en ocasión de ir el declarante de haber estado en la feria de
Montoro y se dirigía al “Molino Nuevo”, donde estaba de casero Pedro Vacas (hoy
difunto), para trabajar en la citada finca, cuando llegó a ella, se fueron el
citado Pedro y el declarante al mencionado ventorrillo, con el fin de tomarse
unos vasos de vino, llegando a este sobre la puesta del sol. Que, a unos cien
metros, aproximadamente, antes de llegar, les echó el alto un individuo vestido
de uniforme del ejército, diciéndoles “manos arriba”, a lo que obedecieron, e
inmediatamente los condujo al mencionado ventorrillo, donde se encontraron
otros varios más en número de unos veinticinco y entre ellos, pudo ver a tres
armados, uno con rifle y pistola y una escopeta y los otros, armados de
fusiles, pistolas y bombas de mano. Pudo observar también, que en el sótano de
la casa había otros, dedicados al saqueo, a los que acompañaba la dueña del
ventorrillo. Preguntado si conocía alguno de los que se encontraban allí
detenidos por los asaltantes, dijo que
solamente conoció a Juan Calero Cánovas, Juan del Rosal Cañas y Pedro de la
Cruz Ruiz, por ser el primero mulero del Cortijo de Casillas y los otros dos,
que trabajan de herreros en la misma finca. Preguntado para que diga la
intervención, que éstos tuvieron en los hechos que ocurrieron durante el
atraco, dijo que después de hacer los
rojos el saqueo del sótano, en las estanterías del establecimiento y en una
barbería que tenía en el mismo establecimiento, uno de los rojos preguntó a los
que allí había “que cual de ellos sabía andar con bestias” y como permanecieran
todos callados, el citado rojo dijo “que parecía mentira que ninguno de los
que allí había contestara a la pregunta que les hizo”, dirigiéndose
inmediatamente a tres de los que allí estaban, eligiendo entre ellos a Juan
Calero Cánovas, no conociendo a los otros dos, saliéndose a la calle
inmediatamente, no pudiendo dar más detalles de lo que éstos hicieran, por
permanecer encerrado en el establecimiento hasta que volvieron nuevamente y
quedaron los tres que salieron, encerrados con los demás. Acto seguido cuatro
de los asaltantes que allí había, empezaron a beber vino diciendo uno de ellos
“que se pusieran en pie los que pertenecieran del ventorrillo para abajo”, entre
los que el declarante formaba parte, ordenándoles que salieran a la calle, lo
que hicieron inmediatamente, dando una voz el que los conducía, a otros que
estaban en las proximidades, diciéndoles “dejarlos pasar que estos ya van a
dormir”, emprendiendo la marcha en aquel momento hasta llegar a la finca del
“Molino Nuevo”, donde permaneció trabajando sin que se enterara de más cosas
relacionadas con el atraco del ventorrillo. Que no conoció a ninguno de los atracadores.
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| Viviendas en el Molino Nuevo. |
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| Capitan General de Sevilla don Miguel Ponte |
El capitán general de la segunda
región militar con sede en Sevilla, Miguel Ponte y Manso de Zúñiga, decretó con
fecha 5 de enero de 1944, el sobreseimiento provisional y archivo de la causa,
siéndole notificado el mismo a los imputados Calero, del Rosal y de la Cruz, el
día 22 de dicho mes y año, tras lo cual quedo el sumario archivado hasta
nuestros días[3].
Casi tres meses después a estos
hechos, se volvió a producir un nuevo robo en “Casillas de Velasco” del término
municipal de Montoro, del que ya trataremos en otro capítulo.
[1]
Se trata de una marca de cerveza cordobesa que se
producía desde 1920 en una fábrica propiedad del aristócrata cordobés Carlos
Quero Goldini, ubicada en la calle Fray Luis de Granada, que ofreció las
variedades Munich y Pilsen. En 1940 fue comprada por El Águila y a los pocos años
después, dejó de producir cerveza con ese nombre.
[2] Miguel Cruz Cuenca, era natural de Luque (Córdoba)
donde nació en 1912, aprobó las oposiciones de judicatura en el año 1935 y tras
estar en otro destino anterior donde le sorprendió la guerra civil y una vez
finalizada ésta, fue destinado como Juez de Primera Instancia e Instrucción a
Montoro, donde permaneció durante los primeros años de posguerra. Tras una
larga trayectoria como jurista por diferentes destinos judiciales, llegó a
ostentar la presidencia de la Sala Sexta del Tribunal Supremo. En la mañana del
9 de enero de 1979, cuando se dirigía a su trabajo y se encontraba en la puerta
de su domicilio, en la calle Felipe II nº 12 de Madrid, integrantes de la banda
terrorista GRAPO, lo asesinaron mediante dos disparos, uno en el estómago y
otro en la cabeza.
[3] Lo
anteriormente relatado ha sido obtenido del Sumario instruido por el Juzgado de
Instrucción Militar nº 12 de Córdoba, estando
copiadas fielmente muchas de las manifestaciones que se recogen.









