miércoles, 1 de julio de 2026

CAPITULO XIV: ROBO EN EL “LAGAR EL PINTADO” OCURRIDO EL 17 DE DICIEMBRE DE 1941.

Mapa del lugar donde ocurren los hechos y del puesto de la Guardia Civil

Nueve días habían transcurrido desde el robo perpetrado en “Sierra las Morenas” de Montoro, referido en el capítulo anterior, cuando se produce el que vamos ahora a relatar, ocurrido en el “Lagar El Pintado” también del Pago del “Charco Novillo”, a cuyo pago pertenece igualmente “La Garabitera” donde se produjeron el 27 de noviembre de 1941, los hechos contados en el capítulo I de esta serie.

El “Lagar El Pintado”[1], se halla ubicado cerca del “Molino de los Frailes”[2], en las proximidades de la carretera Villa del Río-Cardeña y no muy distante de “Las Prensas”, donde en aquella época, se encontraban destacados permanentemente un considerable número de agentes de la Guardia Civil, que contaban con alojamiento para los componentes de dicho cuerpo y cuadras para el descanso de los caballos, con los que hacían el servicio de correrías.

 Sobre las siete de la mañana del 18 de diciembre de 1941, un piquete de la Guardia Civil perteneciente a la 2ª compañía de la 118 Comandancia Rural de Córdoba y destinados en el Puesto de Villa del Río, compuesto por el jefe del servicio el guardia Manuel Hurtado Prieto[3] y sus compañeros también guardias civiles Luis Borrego Aguilera[4], Luis Gómez Molina y Santiago Tilve Adrio[5], se disponía a retomar con dirección a esta ultima localidad, el servicio de correrías, tras haber pernoctado en el Destacamento de la finca “Las Prensas”, donde habían llegado sobre las 23 horas del día anterior, cuando en ese preciso instante, se personó el dueño del “Cortijo el Pintado” llamado Francisco Medina Lanjarón[6], poniendo en conocimiento y manifestando lo siguiente: Que se llamaba cono se ha dejado dicho, de 66 años de edad, casado, natural de Andújar (Jaén), vecino de Montoro, domiciliado en calle Calvo Sotelo[7] número 15, de profesión labrador, denunciando: Que sobre las 18 horas del día anterior -osea el 17 de diciembre de 1941-, se presentaron en el cortijo de su propiedad denominado “El Pintado” del término municipal de Montoro y demarcación policial de Villa del Río, cuatro individuos armados de dos pistolas cada uno y de las señas siguientes: Uno, de unos 40 años de edad, de mediana estatura, moreno, y grueso, vestía pelliza azul marino con cuello negro, pantalón de pana, calzaba botas de campo, y se tocaba con una boina negra; otro, de unos 26 años de edad, alto, delgado, moreno, vestía cazadora de cuero muy deteriorada, pantalón de gringa[8] claro, calzaba alpargatas y se tocaba con boina negra; otro, más bien alto, de unos 25 años de edad, rubio, vestía de oscuro y se tocaba también con boina, y el otro, de unos 22 años de edad, pequeño, algo colorado, delgado, vestía con pantalón oscuro y chaqueta o blusa también oscura y se tocaba con una mascota negra y rota. Llevándose de la citada finca las siguientes prendas y efectos: Un traje de caballero gris con listas azules formando cuadros, una docena de pañuelos blancos de caballero, cuatro talegas, una azul, otra blanca, otra azul y blanca y la otra amarillenta, la blanca y la azul con las iniciales J.C. en hilo verde, una cazadora kaki de pana lisa, dos pellizas en mal estado, un impermeable color gris con cuello negro de pana, una manta azul y blanca formando cuadros, otra marrón con puntos de hilo azul en sus orillas y otra gris con listas color violeta y con flecos, efectos de tocador y de medicina, diez libros de estudio, veinticuatro kilos de morcilla, tres de tocino, unos tres kilos de costillas, diez de lentejas, tres salchichones, unos veinte kilos de harina, trece gallinas de diferentes plumajes, unos treinta palomos, un candil, un par de leggins de color, tres sábanas con las iniciales J.C. en hilo azul, una olla grande de porcelana y unas cien pesetas en tres billetes de a veinticinco y el resto de a cinco, de a dos y una. Los individuos mencionados al llegar al cortijo, obligaron a su esposa Juana Coronado Carpintero, natural y vecina de Montoro, y a su hija Dolores Medina Coronado, también natural y vecina de Montoro, que se encontraban en las inmediaciones del mismo, a que penetrasen en él amenazándolas con las pistolas. Una vez dentro, se situaron uno a cada puerta del inmueble y el otro vigilando los alrededores, procediendo el otro al registro de la casa y a la preparación de los objetos que habían de robar, relevándose los criminales en los hechos que llevaban a cabo y obligando a que les entregasen el dinero que tenían, y siempre amenazándoles con las armas. Una vez terminada su hazaña, que duró como unas dos horas, cargaron lo robado en dos caballerías propias del declarante, marchándose, amenazándole de muerte si alguien salía del cortijo a dar parte a la fuerza que hubiese más inmediata, por lo cual no lo hizo hasta la hora consignada, temiendo que si lo hacía antes, hubiera algunos de los ladrones por la cercanía de la finca y llevasen a efecto su amenaza. Manifestando, además, que las caballerías en que se llevaron los efectos robados, las sintieron llegar al cortijo hacia las cinco de la madrugada.

Oficio de contestación al Juzgado

Tras tomar razón de los hechos acaecido, los guardias civiles tomaron dirección al “Cortijo el Pintado”, practicando inspección ocular en la que verificaron como las huellas de las caballerías que utilizaron en el robo, salían del cortijo y seguían por el camino de carne que sale a la carretera de Cardeña, en cuyo lugar se pierde la pista, por cuyo motivo no pudieron averiguar la dirección que tomaron los ladrones, comprobando como en el mismo camino y partiendo de la citada carretera, se observaban las huellas de las caballerías en su recorrido de vuelta a la finca.

Juana Coronado Carpintero, le fue tomada manifestación, diciendo que tenía la edad de 59 años, natural y vecina de Montoro, donde vivía en la calle Calvo Sotelo número 15, casada y de profesión su sexo y en relación a los hechos dijo: Que al salir del cortijo, sobre las 18 horas de ayer, para hacer una necesidad corporal, acompañada de su hija Dolores Medina Coronado, vio acercarse a cuatro individuos que armados de pistolas les obligaron a penetrar en la casa, de la que se llevaron los artículos y efectos que en el acta de denuncia se consignan.

Su hija Dolores Medina Coronado, de 25 años de edad, natural y vecina de Montoro, soltera, de profesión su sexo, con domicilio en calle Calvo Sotelo número 15, dijo: Que sobre las 18 horas de ayer y al salir del cortijo para acompañar a su madre, se acercaron a ellas cuatro individuos armados de una pistola en la mano, cada uno y al parecer otra en sendas fundas que llevaban en bandolera. Estos individuos les obligaron a penetrar en la casa amenazándolas con las pistolas. Una vez en el interior se dedicaron a saquear la casa y seleccionar lo que habían de robar.

Molino de "Los Frailes" de Montoro.

También los agentes instructores del atestado decidieron oír en declaración a Pedro Martínez Ruiz, de 20 años de edad, soltero, natural y vecino de Montoro con domicilio en la calle Agua número 32, de profesión del campo, y manifestó: Que cuando regresaba de Montoro con dos mulos cargados de capachos y al llegar al “Molino de los Frailes”, sobre las dieciocho y treinta horas del día de ayer, en el cual había de dejar los mencionados capachos, encontró a la puerta del molino, el cual se hallaba cerrado, a dos individuos armados de pistolas y que le parecieron del calibre denominado “nueve largo”, los cuales le preguntaron si en el indicado molino había aceite, y al contestarles que no, le obligaron amenazándolo con las pistolas, a que les acompañase al próximo “Cortijo el Pintado”, donde se hallaban otros dos individuos también armados de pistolas, haciéndole pasar al interior del cortijo del que no le dejaban salir. Que una vez que hubieron los criminales terminado de hacer el robo y cargar dos bestias con lo robado, les amenazaron a los que en el cortijo se encontraban de que si salía alguno del cortijo lo pasaría mal, por lo que permanecieron en el interior de la finca, hasta que empezó a amanecer. Y que serían las cinco de la mañana, cuando sintieron regresar las bestias que se llevaron. Esta declaración fue efectuada sobre las quince horas del día 18 de diciembre de 1941, en el “Ventorrillo de Cazorla” próximo al lugar de los hechos.

El atestado instruido, correspondió por turno de reparto al Juzgado de Instrucción Militar número 12 de Córdoba, quien comenzó a instruir el sumario correspondiente.

El 20 de mayo de 1942, a requerimiento del Juzgado, el comandante de puesto de la Guardia Civil de Montoro Antonio Bellido Montilla, contestó en relación a la detención de cuatro individuos que habían asaltado la finca “Lagar del Pintado” del término de Montoro, que de las diligencias practicadas para la mentada detención no habían dado hasta ese momento, resultado alguno favorable, continuando en la practica de ellas y en caso de que dieran un resultado positivo, darían la oportuna cuenta a la autoridad judicial.

Boletín Oficial de la Provincia.

El 2 de junio del mismo año, el Juez acuerda llamar por requisitoria publicada en el Boletín Oficial de la Provincia, a los cuatro individuos desconocidos que llevaron a efecto el robo en el “Lagar Pintado”, cuya publicación se llevó a cabo en el Boletín número 142 de 16 de junio de 1942.

No compareciendo los autores, en el término de quince días ofrecido en la legislación vigente, se acordó con fecha 6 de julio de 1942, declararlos en rebeldía conforme a lo dispuesto en el artículo 664 del Código de Justicia Militar en vigor.

Tras lo cual el Juez Sr. Velasco Arenas, acordó enviar la causa para informe de la Auditoría de Guerra de la Capitanía General de la Segunda Región Militar con sede en Sevilla.

Francisco Bohóquez Vecina

El día 20 de octubre de 1942, el auditor de guerra Francisco Bohórquez Vecina[9], informó en el sentido de que procedía el sobreseimiento provisional y archivo de la causa judicial, conforme al artículo 538 del Código de Justicia Militar, al no haber sido posible la identificación de los autores del robo.

El Capitán General Miguel Ponte y Manso de Zuñiga, el 27 de octubre de 1942 acuerda el sobreseimiento provisional y archivo de la causa[10].


[1] El Lagar del Pintado es una edificación tradicional situada en el término municipal de Montoro (Córdoba), enclavada en la zona histórica de los "Lagares Altos" dentro del paraje del Charco del Novillo.

[2] Molino de los Frailes: Fue un molino aceitero que perteneció hasta el 9 de marzo de 1856 al Hospital de Jesús Nazareno de Montoro, fecha en que fue subastado por la Comisión Principal de Venta de Bienes Nacionales, en cumplimiento de la Desamortización General del Ministro de Hacienda don Pascual Madoz Ibáñez. Véase “El lugar de Marmolejo” de Manuel Perales Solís en https://lugardemarmolejo.es/?page_id=397.

[3] Manuel Hurtado Prieto: Por orden de 8 de julio de 1938, fue nombrado sargento de la 54 División perteneciente al IX Cuerpo de Ejercito Popular de la República, desde donde se incorporó como guardia segundo a la Guardia Civil, una vez terminada la Guerra Civil (1936-1939).

[4] Luis Borrego Aguilera: Por orden de 16 de agosto de 1940, es admitido en el concurso para cubrir 6000 plazas de guardia civil, procedente de las milicias de F.E.T. y siendo su primer destino la Comandancia de la Guardia Civil de Jaén.

[5] Santiago Tilve Adrio: Ingresó en la Guardia Civil por Orden de 14 de enero de 1941 (BOE de 16-01-1941) procedente del Regimiento de Infantería número 29 y siendo su primer destino la Comandancia de la Guardia Civil de Valencia. Falleció en Pontevedra el 30 de abril de 2013. Su hermano Rafael Tilve Adrio, fue maestro nacional y alcalde de la localidad de Salceda de Caselas (Pontevedra) entre 1947 y 1966.

[6] Francisco Medina Lanjarón: Este señor y su esposa doña Juana Coronado Carpintero, eran los padres del célebre médico montoreño don Ángel Medina Coronado, el que, además, fue alcalde de Montoro desde el 2 de abril de 1955 hasta el 28 de noviembre de 1960.

[7] Calle Calvo Sotelo: Hoy calle El Santo de Montoro.

[8] Pantalón de gringa: Pantalón recto plisado.

[9] Francisco Bohórquez Vecina (Ubrique 1893-1955). Fue auditor de guerra en Sevilla y hermano mayor de la Macarena (1938-1942 y 1946-1955). Durante su mandato como hermano mayor, fue construida la actual Basílica de la Macarena.  

[10] Lo inserto anteriormente, se recoge en el Sumario instruido en su día por el Juzgado de Instrucción Militar nº 12 de Córdoba, estando algunas exposiciones literalmente copiadas de su original.


miércoles, 24 de junio de 2026

CAPITULO XIII: ROBO EN LA FINCA “SIERRA LAS MORENAS” OCURRIDO EL 8 DE DICIEMBRE DE 1941.

 

Sierra "Las Morenas" del término municipal de Montoro

En la parte más oriental del término municipal de Montoro, se halla la “Sierra Las Morenas”, ya casi en la linde con el término municipal de Andújar y la provincia de Jaén, siendo este un paraje bellísimo de vegetación autóctona, que hace al lugar, un sitio genuino y paradisiaco.

Las hectáreas de monte que alberga el sitio, desde siempre fueron muy apreciadas por ganaderos trashumantes, que, venidos desde alejadas latitudes de la península ibérica, invernaban con sus rebaños, careando los finos y apreciados pastos de la “Sierra Las Morenas”.

Este era el caso de Eduardo Agudo Luengo[1], un ganadero segoviano vecino de la localidad de Valseca, que con una numerosa piara de animales y varios pastores que le auxiliaban, todos los años al inicio de otoño, ponían rumbo a Montoro (Córdoba) desde las tierras segovianas de procedencia, permaneciendo en estas dehesas cordobesas, hasta la llegada de la primavera.

El día 12 de diciembre de 1941, sobre las cuatro de la tarde, hizo acto de presencia Eduardo Agudo Luengo, ante el Guardia Civil Juan García-Melgares Avilés, jefe del destacamento que dicho cuerpo tenía situado en la finca “Los Rasos” del termino municipal de Montoro, en las proximidades de la carretera que une Villa del Río-Cardeña.

Mapa de situación de "Los Rasos" y la sierra "Las Morenas"

Eduardo Agudo Luengo, en su comparecencia, acreditó su identidad mediante la exhibición al guardia García-Melgares, de su cédula personal[2] de tarifa tercera, clase decimotercera, expedida en la localidad de Valseca (Segovia), con fecha 11 de octubre de 1941, justificando que se llamaba como se ha dejado dicho, de 39 años de edad, casado, de profesión ganadero, natural de Valseca (Segovia) y con residencia en el momento de comparecer ante la Guardia Civil, en la choza conocida por “La Zahurda”, ubicada en la sierra “Las Morenas” del termino municipal de Montoro y perteneciente a la demarcación policial del Destacamento situado en la finca “Los Rasos”. Siendo el objeto de su personación, el poner en conocimiento de la autoridad los hechos siguientes: Que sobre las veinte horas del día ocho del mes y año ya citados, estando en la indicada choza, se presentaron, dos sujetos armados de pistola y escopeta, y éste último -osea el que portaba la escopeta-, le despojó de más de dos mil pesetas aproximadamente que tenía y de las prendas siguientes: Cinco mantas nuevas, dos pares de zahones, tres pares de botas, varias mudas de interior, dos chaquetas de paño, además de los comestibles siguientes: Cuarenta kilos de harina de trigo, sesenta kilos de harina de cebada, quince kilos de tocino, quintal y medio de pimentón y cuatro kilos de sebo[3]. Que uno de los sujetos, representaba tener unos veintisiete años, vistiendo con mono azul y boina, y el otro, de unos treinta y siete años, con tabardo[4] de soldado y gorra, haciéndoles éstos, tanto a él, como a dos muchachos y cuatro hombres que tenía guardando su ganado, que le transportasen lo saqueado, a unos ciento cincuenta metros, aproximadamente, de la choza. Después, estuvieron cenando y cuando marchaban le dijeron, que no dijera nada, que, de lo contrario, lo matarían. Dijo también, que tres de los hombres que tenía con él trabajando, naturales de Escalona del Prado (Segovia), manifestaron que tenían miedo debido a lo que había pasado, por cuyo motivo marcharon al día siguiente de acontecer el hecho a su tierra, quedando los restantes.

Casa o choza de la zona, utilizada por pastores y mineros

Una vez tomada la comparecencia denuncia, el jefe del destacamento de la Guardia Civil de “Los Rasos” el guardia García-Melgares, dispuso salir en dirección hacia el lugar de los hechos, para constatar los mismos, haciéndolo acompañado del denunciante Eduardo Agudo y de los guardias civiles Abraham Izquierdo Cortijo[5], Paulino Serrano Jiménez[6], Ángel Hernández Hernández y Benito, Severiano Tescure Quintas[7], Faustino Domínguez Rodrigo[8] y Adolfo Medina Parada[9], llegando a la choza “La Zahurda” sobre las veintidós horas del 12 de diciembre de 1941, acordando el guardia que mandaba la fuerza y que estaba instruyendo el atestado, quedar en servicio de apostadero[10] en las inmediaciones de referida choza, hasta que se hiciera de día a la mañana siguiente. Una vez amaneció, los agentes de la Guardia Civil, comenzaron un detenido reconocimiento, tanto en la choza como en sus alrededores, comprobando la veracidad del hecho, no pudiendo dar con la pista de por donde habían huido los atracadores, debido a que la lluvia persistente de toda la noche, había incidido sobre las posibles huellas dejadas y las había borrado, aunque los agentes supusieron, que los ladrones habían tomado dirección al río de “Las Yeguas” y el monte conocido por “El Tesoro”.

El pantano de "Yeguas" desde la Sierra "Las Morenas"

De vuelta a la choza, sobre las nueve y quince horas del 13 de diciembre de 1941, el instructor del atestado tomo declaración a Emilio Expósito Flores, de 17 años, soltero, natural y vecino de Marmolejo (Jaén), pastor del denunciante, el cual dijo: Que se encontraba presente la noche que ocurrió el robo, que fueron dos los atracadores que se presentaron, uno con pistola, y el otro, con escopeta de dos cañones, llevándose treinta pesetas que tenía en un billete de veinticinco y las restantes de a peseta. Que le obligaron aquellos a que llevara el costal de harina de trigo que robaron, a la distancia ya mencionada anteriormente. Que de los dos que se presentaron, conoció al de más edad, conocido por “Frasquito el del Vidrio”[11] que residía en Marmolejo, en la calle del Calvario numero setenta y tantos, donde todavía reside la esposa de éste, que al parecer la llaman Francisca. Añadiendo, que al decirle al “Frasquito” que no le quitara el dinero, aquel le contestó, que, si no se callaba, le pegaría un tiro.

Francisco Osuna Galiot "El Vidrio"

Acto seguido prestó también declaración Urbano Fernández Lorente, de 51 años de edad, casado, pastor, natural de Fuencaliente (Ciudad Real) y vecino de Marmolejo (Jaén), quien dijo: Que era uno de los que se encontraban en dicha choza, cuando se presentaron los huidos de la sierra, los que se presentaron armados de escopeta de dos cañones, uno y el otro, con una pistola. Que le robaron una blusa nueva que tenía a listas y otros enseres de poca importancia destinados a su aseo personal. Que también le obligaron a llevar parte de dichas mercancías a la ya citada distancia de la choza y que después los dos sujetos, cenaron junto con su jefe y demás compañeros, habiéndole amenazado con matarlo si decía algo de lo ocurrido.

A las once de la mañana del día 13 de noviembre expresado, hizo acto de presencia en la choza “La Zahurda”, el alférez de la Guardia Civil Tomás Alvert Barberá[12], jefe de la sección de Cardeña, junto con seis guardias civiles de dicha sección y siguiendo las instrucciones dadas por éste, se continuaron las pesquisas para lograr la captura de los autores del robo, reconociendo el guardia García-Melgares y seis guardias más, el monte de “Las Morenas”, el “Arroyo de las Puertas” y el monte “El Tesoro”, poniendo durante la noche, apostadero en el “Arroyo del Moral”, siguiendo las investigaciones durante el día 14 de noviembre, por el barranco “El Tuerto”, regresando al destacamento a las once horas, sin que dieran todas estas gestiones resultado favorable. Los días siguientes, se continuaron actuaciones para conseguir el esclarecimiento del robo y la identidad de los autores, sin que tampoco dieran buen resultado éstas.

Parajes que fueron inspeccionados como 
consecuencia de los hechos.

Por último, el guardia instructor hace constar que, no procede a la detención del denunciante, por no haber denunciado inmediatamente los hechos, en atención a que cuando ocurrió el robo, llevaba solo ocho días en la choza “La Zahurda”, por los perjuicios causados por el suceso y por la aflicción y angustia sufridas como consecuencia de lo ocurrido, dejando al arbitrio del juez competente, el proceder o no a dicha detención, si lo estimara conveniente.

Tras informar la Guardia Civil de Montoro con fecha 20 de mayo de 1942, que no habían dado resultado positivo las diligencias que habían practicado, para identificar y detener a los dos autores del robo en la choza “La Zahurda”, el juez de instrucción acordó citar por requisitorias a los mismos, mediante su publicación en el Boletín Oficial de la Provincia de Córdoba número 141 de fecha 15 de junio de 1942.

La rebeldía de los dos autores de los hechos, se acordó con fecha 2 de julio siguiente y el 20 de dicho mes y año, se elevó a la auditoria de guerra en Sevilla para informe, a la vista de las diligencias practicadas, la que con fecha 5 de septiembre de 1942, interesó el sobreseimiento provisional y archivo de la causa, al no haberse podido determinar de forma precisa y concreta la identidad de los dos autores de los hechos, así como su localización y detención. El 10 de septiembre de ese año, el capitán general de la segunda región militar con sede en Sevilla, decreta el sobreseimiento provisional de la causa y su archivo.

 

Juan García-Melgares Avilés, guardia civil que instruyó
el atestado en "Los Rasos" de Montoro en el año 1941.

JUAN GARCIA-MELGARES AVILES

La foto anterior tomada en el año 2013, corresponde al Guardia Civil instructor del atestado cuyos hechos tratamos, Juan García-Melgares Avilés, un murciano nacido en el año 1910 y que estuvo destinado en el destacamento que dicho cuerpo ubicó tras la Guerra Civil, en la finca “Los Rasos” propiedad de la familia del Río.

En un principio, inició su carrera militar en el Batallón de Zapadores Minadores llegando a ostentar la graduación de cabo, ingresando posteriormente en el Cuerpo de la Guardia Civil, donde destacó por su resiliencia, por su entrega, por su mentalidad de aprendizaje continuo y su afán de superación, ostentando la graduación de sargento de la Guardia Civil, jubilándose con dicha graduación, cuando estaba destinado en Valencia, donde fijó su residencia.

Su sentido de la responsabilidad y buen hacer, queda patente en el atestado que instruyó el 12 de diciembre de 1941, objeto de este trabajo, donde se puede apreciar, incluso en la redacción y caligrafía, su inquietud por dejar recogido con todo detalle los hechos y posteriormente, su afán por esclarecer los mismos y poner a disposición judicial a los autores, mediante la realización de tácticas policiales de todo tipo y servicios de apostadero, sin reparar en el tiempo invertido durante jornadas interminables, en los días posteriores a la interposición de la denuncia.

En sus ratos libres y descansos, se dedicaba a estudiar y a preparar exámenes, promoviendo siempre la educación y superación personal, entre sus compañeros de la Guardia Civil.

Era un entusiasta de la poesía y disfrutaba recitando poemas de memoria, llegando a ser miembro de un Club de Poesía Valenciano.

Cuando se tomó la foto anterior, contaba con la edad de 103 años, en el momento de ser considerado el estudiante universitario más longevo de la Unión Europea, al hallarse en aquel tiempo matriculado en el Grado de Geografía en la Universidad de Valencia. Al ser preguntado con motivo de dicho reconocimiento, se definía “como una persona abierta, con ganas de hacer el bien a cualquier persona, “dar amor a los demás ha sido siempre mi lema en la vida en el pasado, en el presente y en el futuro”, señalando como secretos de su longevidad, no cometer excesos, comer poco, no beber y dar cariño a los demás”.

Es de suponer, que por el tiempo transcurrido el Guardia Civil García-Melgares, en la actualidad haya fallecido, pero no ha sido posible poder identificar por los medios consultados, la fecha de su posible fallecimiento[13].


[1] Eduardo Agudo Luengo, tenía un hermano llamado Alberto, Catedrático de Latín, que fue reingresado como profesor mediante Orden de 27 de septiembre de 1936, publicada en la Gaceta de la República nº 218 de 6 de agosto de 1937.

[2] Las cédulas personales, eran unos documentos que expedían los Ayuntamientos de cada localidad a sus vecinos, de carácter personal e intransferible que, aunque carecían de foto que permitiera el reconocimiento de su titular, servían para identificar, en cierta forma, a la persona que la portaba. Eran los documentos que antecedieron al Documento Nacional de Identidad actual, que fue creado por Decreto de 2 de marzo de 1944 y cuya primera emisión, tuvo lugar el 17 de marzo de 1951, estos ya con la foto del titular, que permitía su reconocimiento en el momento de su exhibición.

[3] El pimentón y el sebo, son ingredientes que se usan para curar el queso de manera tradicional, en algunos lugares. Lo que hace suponer, que estos ganaderos vinieran pertrechados de esos componentes para elaborar quesos, mientras permanecían en las dehesas montoreñas. El pimentón, es bastante común, echárselo al queso, ya que le aporta aroma, color rojizo y un toque de sabor ligeramente ahumado o picante.   El sebo, existen lugares donde se utilizan grasas como manteca de cerdo o sebo, para frotar y sellar la corteza de los quesos curados o maduros. Quintal, era una antigua medida de masa o peso, cuyo significado, varía según el contexto histórico o geográfico. El quintal castellano, era una unidad de peso equivalente a 100 libras, unos 46 kilogramos aproximadamente.

[4] Tabardo: Prenda de abrigo, ancha y larga, generalmente usada por labradores y campesinos, confeccionada con telas gruesas como el paño burdo o piel, para protegerse del frío.

[5] Abraham Izquierdo Cortijo: Ingresó en la Guardia Civil por Orden de 14 de enero de 1941 (BOE de 16-01-1941) procedente del Regimiento de Infantería Mixto número 86 y siendo su primer destino la Comandancia de la Guardia Civil de Valencia.

[6] Paulino Serrano Jiménez: Ingresó en la Guardia Civil por Orden de 27 de enero de 1941 (BOE de 22-02-1941) procedente del 2º Batallón de Ametralladoras nº 7.

[7] Severiano Tescure Quintas: Ingresó en la Guardia Civil por Orden de 14 de enero de 1941 (BOE de 16-01-1941) procedente del Regimiento de Infantería de Montaña número 32 y siendo su primer destino la Comandancia de la Guardia Civil de Valencia.

[8] Faustino Domínguez Rodrigo: Ingresó en la Guardia Civil por Orden de 14 de enero de 1941 (BOE de 16-01-1941) procedente del Regimiento de Infantería de Montaña número 19 y siendo su primer destino la Comandancia de la Guardia Civil de Valencia.

[9] Adolfo Medina Parada: Ingresó en la Guardia Civil por Orden de 14 de enero de 1941 (BOE de 16-01-1941) procedente del Regimiento de Infantería número 32 y siendo su primer destino la Comandancia de la Guardia Civil de Valencia.

[10] Servicio de Apostadero: En la guardia civil se trata de una táctica de vigilancia estática, oculta y prolongada, consistente en apostar a uno o varios agentes en un punto estratégico para observar discretamente zonas de difícil acceso, pasos fronterizos o áreas naturales, con el fin de prevenir delitos o detener infractores.

[11] Frasquito el del Vidrio: Muy posiblemente el testigo, se refiera a Francisco Osuna Galiot “El Vidrio”, natural de La Carlota (Córdoba), que de muy pequeño se trasladó con su familia a residir en el paraje montoreño del “Cerro el Vidrio”, de donde tomó el apelativo. Sobre el mismo, se puede consultar más detalles en el capítulo X de esta serie, titulado “Robo en la finca “Los Eucaliptos” ocurrido el 28 de febrero de 1940”, al sitio: https://torosenmontoro.blogspot.com/2026/06/capitulo-x-robo-en-la-finca-los.html.

[12] Tomás Alvert Barberá, ingresó en la Guardia Nacional Republicana nombre que se le dio a la Guardia Civil por el Ministerio de Gobernación, a partir del 29 de agosto de 1936, siendo enrolado como Brigada en la 3ª Compañía de la Comandancia de Murcia.

[13] Lo recogido en el presente trabajo está extraído de lo que consta en el Sumario instruido en su día por el Juzgado de Instrucción Militar nº 3 de Córdoba, incluyéndose de forma literal algunos de sus párrafos, así como en lo referente al guardia civil García-Melgares, lo publicado en revista de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, con fecha 26 de septiembre de 2013.


miércoles, 17 de junio de 2026

CAPITULO XII: ROBO EN LA “HUERTA SEVILLA” AL SITIO DE “LA FUENSANTA DE MONTORO” OCURRIDO EL 9 DE ENERO DE 1941.

 

Actual merendero junto a la Ermita de la Fuensanta de Montoro, próximo
a la Huerta Sevilla, lugar donde ocurrió el robo.

El día 10 de enero de 1941, al medio día, poco antes de las catorce horas, cuando se encontraban en las cuadras de la Plaza de San Miguel terminando de enjaezar dos caballos alazanes, para salir en servicio de correrías[1], la pareja de la guardia civil de Montoro, compuesta por los guardias segundos Miguel Roca Luque -jefe de pareja- y Luis Salido Jiménez, recibieron la orden del comandante de puesto de dirigirse inmediatamente a la “Huerta Sevilla”, ubicada en las proximidades de la Ermita de la Virgen de la Fuensanta, a fin de constatar la comisión de un robo en dicho lugar, del que se había tenido conocimiento hacía un rato, en el cuartel de la guardia civil de Montoro, situado en la calle Diego Medina.

Pareja de guardias civiles en servicio de correrias

Tan pronto estuvo compuesto el servicio formado por ambos guardias civiles y por cinco legionarios, tomaron dirección hacia el lugar expresado, constituyéndose en el mismo e iniciando la tramitación del atestado correspondiente, a las diecisiete horas, tomando declaración al encargado de dicha huerta llamado Manuel Mesa Alba, de 33 años de edad, casado, natural y vecino de Montoro, con domicilio en la Huerta Sevilla, quien en relación con lo sucedido dijo: Que sobre las veinte horas del día anterior -9 de enero de 1941-, llegaron a la puerta cuatro individuos armados, tres de ellos de fusiles, y otro, con escopeta, los cuales le dijeron que “qué ganado tenía y sí tenía comida”, a lo que contesto que comida no tenía, y de ganado había unos cuantos de lechones, a lo que contestó uno de dichos individuos que registraría la casa, cosa que hicieron seguidamente, registrando en todas las habitaciones, así como en los baúles y otros objetos, y cuando llegaron a la corraleta y vieron los cerdos, sacaron una lechona de unas cinco arrobas de peso aproximadamente y la sacrificaron seguidamente en la puerta de la casa con unos cuchillos que había visto en la misma, cuando la registraron, pidiéndole además unos cuatro kilos de harina y uno de ellos, que mandaba destacado, le pidió la bilbaína que tenía puesta, diciéndole que si no se la daba se llevaría otra que había visto en el baúl. Hecho lo cual, se marchándose, llevándose consigo la lechona sacrificada la cual descuartizaron, así como los cuatro kilos de harina y la referida bilbaína, diciéndole al marcharse, que se cuidara mucho de no abrir la puerta hasta que transcurriera, por lo menos, una hora, no pudiendo por tal motivo ver la dirección que tomaban. Siendo los indicados sujetos de las señas siguientes: uno de unos 20 años, alto, más bien fuerte, con un mono azul, otro, de unos 22 años, alto, con una blusa clara, otro de unos 35 años, bajo, con pelliza clara de trincha y chalina negra, otro de 30 años, bajo, con capote de militar, no pudiendo concretar más señas, ni tener más que decir.

Tras ello, el jefe de pareja y demás personal a sus órdenes, comenzaron la búsqueda de los individuos que llevaron a cabo el robo, examinando los barracones, cuevas y demás lugares sospechosos existentes en aquellas inmediaciones, interrogando a cuantas personas iban encontrando, sin que lograran resultado positivo.

El 20 de mayo de 1942, la guardia civil de Montoro a requerimiento del Juzgado, informa que pese a las gestiones que se venía practicando desde el momento de ocurrir los hechos, para averiguar la identidad de los autores y su paradero, no ha podido obtenerse un resultado satisfactorio.

El 2 de junio de 1942, el juez acuerda llamar por requisitorias a los autores del robo en la "Huerta Sevilla" y les otorga conforme a Derecho, el plazo de quince días para que comparezcan ante la autoridad judicial, apercibiéndoles que de no hacerlo, serían declarados en rebeldía. 

B.O.P. de Córdoba incluyendo requisitoria.

No concurriendo los autores del robo en virtud de la requisitoria, el Juez acordó tenerlos por rebeldes.

A la vista de ello, por el juzgado se propuso el sobreseimiento provisional de la causa y el auditor de guerra, así lo consideró en su escrito de 24 de octubre de 1942. A lo que accedió el Capitán General, seis días después, osea el 30 de octubre de 1942, quedando la causa archivada provisionalmente, desde entonces hasta nuestros días[2].



[1] Servicio de Correrías: Patrullaje rural a pie o a caballo (hasta la década de 1970) o en vehículo implementado por la Guardia Civil por medio de circular del Duque de Ahumada dictada el 22 de septiembre de 1850.

[2] Lo recogido en este trabajo, se extrae del Sumario instruido en su día por el Juzgado de Instrucción Militar nº 12 de Córdoba, estando algunos relatos y manifestaciones copiados literalmente, con lo que consta en el original.

miércoles, 10 de junio de 2026

CAPITULO XI: ROBO EN LA FINCA “LAS GAMONOSAS” OCURRIDO EL DIA 14 DE NOVIEMBRE DE 1940.

 

Paraje del Cortijo "Las Gamonosas" del término de Montoro.

La dedicación ganadera de muchos territorios de Montoro, se hunde en la memoria de los tiempos, y así, son muchas las fincas que desde siempre fueron dedicadas a la explotación ganadera, por parte de vecinos de Montoro, o de ganaderos venidos de otras latitudes, con sus piaras y hatos, practicando la trashumancia más ancestral.

La llegada a las dehesas montoreñas extendidas por su término municipal y sobre todo, a la vera de las vertientes de sus ricos y caudalosos ríos y arroyos, de ganaderos procedentes de tierras frías, con el fin de paliar mejor el invierno, era una costumbre arraigada, y así, fueron muchos los ganaderos sorianos, conquenses, salmantinos, e incluso, de tierras más próximas como Jaén y Granada, los que venían a pasar la temporada, de forma familiar y tradicional, desde el inicio del otoño a los primeros albores de la primavera, que retornaban a sus tierras de origen.

Juan Blanque Collado[1], era un granadino natural de Alcontar (Almería) y residiendo en un anejo o pedanía de la localidad granadina de Caniles, que, desde antes de la guerra civil, de manera tradicional y junto con su familia, trasladaban su ganado a carear las tierras del “Cortijo Las Gamonosas” de Montoro, desde la casa cueva donde vivían en el Cortijo de las Cuevas de la Yesera en Caniles, hasta la casa de dicho cortijo en este término municipal, donde solían llegar en la segunda mitad del mes de octubre.

Juan Blanque Collado, compareció sobre las 12:30 horas del día 15 de noviembre de 1940, en la casa cuartel de la guardia civil de Montoro, situado en la calle Diego Medina, ante el alférez Moisés Gómez García, denunciando que sobre las seis horas del día anterior, osea 14 de noviembre, se presentaron en el “Cortijo Las Gamonosas”, dos individuos de los huidos de la sierra, uno alto moreno, con bilbaína, guerrera kaki, leguis de color, con una pistola y un fusil, de unos 30 años de edad, y el otro, de 35 años, con chaqueta y pantalón oscuro, polainas de cuero, y con sombrero color claro, los cuales le amarraron las manos atrás con una correa, y le sustrajeron de un bolso que tenía pendiente del cuello por debajo de la camisa, dos mil pesetas en billetes del Banco de España, uno de quinientas, de cien y de cincuenta, y de una cartera que tenía en un bolsillo de la americana, cuarenta y cinco pesetas más, además se llevaron unos pantalones, unas tijeras, y una navaja, diciéndole que se metiese dentro del cortijo y que no saliera en todo el día, por cuya circunstancia no pudo dar cuenta hasta el día de hoy, no sabiendo la dirección que tomaron los asaltantes.

Mapa de situación del Cortijo "Las Gamonosas" de Montoro

El alférez que tomo la denuncia, en unión de varios agentes del puesto de Montoro, se trasladó al cortijo “Las Gamonosas” donde comprobó los hechos denunciados y comenzaron a practicar diligencias, encaminadas a localizar a los dos autores de lo hechos, con el fin de ponerlos a disposición judicial, actuaciones que duraron hasta el día siguiente, osea 16 de noviembre, dando todas las gestiones, resultado negativo.

El 21 de noviembre de 1940, teniendo por cabeza el atestado levantado por la guardia civil del puesto de Montoro, el Juez de Instrucción Militar nº 12 de Córdoba, Luis Velasco Arenas, abre sumario y comienza a investigar lo ocurrido.

Paraje por donde discurre el "Arroyo de las Gamonosas" de Montoro

Con fecha 7 de junio de 1941, conforme a lo interesado por la autoridad judicial, la guardia civil de Montoro, informa en el sentido, que, desde el día de los hechos, practican activas diligencias encaminadas a tener conocimiento de la identidad de los dos individuos que cometieron el hecho y su actual paradero, para proceder a su detención, sin que por el momento dieran resultado positivo dichas gestiones.

Se interesaron informes sobre el denunciante Juan Blanque Collado, al Ayuntamiento de Montoro y la Jefatura Local de Falange, contestando ambos organismos que al ser arrendatario de la finca “Las Gamonosas” del termino de Montoro, reside esporádicamente durante periodos de tiempo en la misma, donde pasta su ganado, pero no tienen conocimiento suficiente del mismo, como para emitir informes acerca de su conducta.

Ante la imposibilidad de poder determinar la identidad de los autores y su paradero, se acordó llamarlos por requisitorias, mediante la publicación correspondiente en el Boletín Oficial de la Provincia de Córdoba, para que en el plazo de quince días comparecieran en el juzgado, publicación del tenor literal siguiente:

Requisitoria publicada en el B.O.P. de Córdoba

Transcurrido el plazo y no habiendo comparecido los dos individuos autores del hecho en el juzgado, éste elevo las diligencias a la auditoria de guerra, la que con fecha 24 de octubre de 1942, informo en el sentido de que procedía decretar el sobreseimiento provisional de la causa, hasta fueran hallados los autores. 

El capitán general de la segunda región militar don Miguel Ponte y Manso de Zúñiga, con fecha 30 de octubre de 1942, decretó dicho sobreseimiento provisional y archivo del sumario.[2]



[1]  Natural de Alcontar (Almería), hijo de José Blanque Requena y de Ana Collado Corral, afincado en el Cortijo de las Cuevas de la Yesera, pedanía del pueblo de Caniles (Granada), de estado casado y de 37 años cuando compareció ante la guardia civil a interponer la denuncia, sobre el robo en "Las Gamonosas". 

[2] Lo recogido en este trabajo, se extrae del Sumario instruido en su día por el Juzgado de Instrucción Militar nº 12 de Córdoba, estando algunos relatos y manifestaciones copiados fielmente, con lo que consta en el original.