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| Lomas y barrancos de la finca "Arroyo Molino" |
Ante el cabo de la quinta compañía de la guardia civil de Córdoba, Antonio Romero Garrido, jefe del destacamento ubicado en la finca “La Onza”, siendo las siete horas del día 19 de mayo de 1940, compareció el que manifestó llamarse Pablo Cañuelo Cachinero, de 40 años de edad, casado, natural de Cardeña y en aquel momento, Guarda de la mina “Huerta del Abad”[1], manifestando que sobre las veintiuna hora del día anterior, se presentaron en dicha mina donde tiene su domicilio, cuatro huidos rojos, los cuales llevaban unos treinta kilos de carne de una red vacuna que habían matado, los cuales iban provistos de fusiles, dos de ellos con bombas de mano de piña y pistolas, que le hicieron la cena de la carne que llevaban, que estuvieron comiendo todos los que había en la casa, que son los siguientes el vaquero, la esposa de éste, el cabrero y un hermano de éste, el declarante y un cuñado suyo llamado Luis Luna Cepas, permaneciendo en dicha casa unas tres horas, dejando al marcharse como unos dos kilogramos de carne, que reconoció entre los cuatro individuos estos, a tres de ellos que en los primeros días de marzo, estuvieron también en su casa tomando una poca de leche. Que al marcharse lo hicieron con dirección a “Arroyo Molino”, encargando que no diesen cuenta a la guardia civil, hasta el día siguientes, diciéndole los huidos también que, dentro de un mes estarían en sus casas, dándole a entender que para dicha fecha gobernarían en España los rojos nuevamente. Que es cuanto tuvo que decir de lo ocurrido en su casa.
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| Atestado denunciando los hechos en el destacamento de "La Onza" |
Tras tener conocimiento de lo
ocurrido el instructor del atestado, con el resto de agentes del destacamento de
la finca “La Onza”, salió acto seguido en persecución de los huidos,
encontrando en “Raso Quijano” del término municipal de Montoro, una red vacuna
de unos 180 kilogramos de peso muerta, presentando un tiro de fusil en la
paletilla derecha y señales de haber sido degollada, habiéndole cortado los
dos cuartos traseros y los lomos, resultando ser dicha red del vecino de
Montoro Eugenio Veredas Ostos, continuándose la práctica de diligencias con
el fin de detener a los huidos, recorriendo todos los barrancos y sitios donde
pudieran ocultarse, sin que hasta esta fecha diese el resultado apetecido,
pasando a interrogar a las personas que en la casa del guarda estuvieron
cenando en unión de los cuatro huidos rojos, por si estuviesen en contacto con
los mismos.
El primero en ser preguntado fue
el que dijo ser y llamarse Luis Luna Cepas, de 41 años de edad, estado soltero,
natural y vecino de Cardeña y con domicilio en la calle Real número 27,
manifestando: Que se encontró con los
huidos cuando iba con una carga de leña en dirección a la mina, distante unos
doscientos metros, preguntándole que quién había en la mina, que si estaban
allí los guardias, contestándole el que habla que iban con frecuencia, pero que
en aquella ocasión ignoraba que estuviesen allí, marchando con ellos a la repetida
mina. Una vez en la misma, entre el vaquero Francisco Lara Ruiz y los huidos,
hicieron trozos la carne, y una vez hecha la cena, les invitaron, aceptando a
ello ante el temor de que le fuera a ocurrir algo. Preguntado por qué no dio
conocimiento mientras cenaban o después de haberse marchado, dijo que no lo
hizo porque les encargaron mucho, que no lo hicieran hasta el día siguiente,
que es cuanto tiene que decir sobre lo que se le pregunta.
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| Novillo similar cuya matanza dio origen a estos hechos. |
Después es interrogado el vaquero
Francisco Lara Ruiz, de 34 años de edad, estado casado, natural y vecino de
Montoro, domiciliado en la expresada mina, el cual en la actualidad desempeña
el cargo de vaquero con las reses vacunas de Eugenio Veredas Ostos,
manifestando: Que cuando se acercó a la
mina vio a cuatro hombres armados, que le preguntaron si era el vaquero,
contestándole afirmativamente, diciéndole los huidos “mañana pasa lista que te
falta un novillo, que lo “habemos” matado nosotros”, entrando con ellos a la
casa y se dispusieron a arreglar la carne, dándole una navaja para que les
ayudase a partirla, una vez arreglada la comida les invitaron a comer al que
habla y a su esposa, a lo que aceptaron no fuera a ocurrirles algo, diciéndole
después “esta noche no vayas a dar parte por la cuenta que te tiene, mañana sí y
que venga la guardia civil”. Que estarían unas tres horas y que al marcharse le
dijeron al guarda Pablo Cañuelo, “usted no tenga cuidado que no le pasa nada
sabemos que tiene ganado, pero no le robamos ninguno y que tenga mucho cuidado
de no dar parte hasta mañana”.
Seguidamente presto declaración
Jacinto Cano García, de 20 años de edad, soltero, natural y vecino de Montoro,
con domicilio en calle Olivares número 16, que en ese momento se encontraba
trabajando en la mina “Huerta del Abad”, y en relación a los hechos dijo: Que ya anochecido llegaron a la casa del
guarda cuatro hombres armados de fusiles y bombas de mano, que observó que uno
llevaba una pistola, que los macutos que llevaban, los llevaban llenos de carne
de una red vacuna, que dijeron habían matado. Que cuando hicieron la comida le
dijeron al que habla y a las demás personas que había allí presentes “vamos a
comer”, aceptando a ello, y como le dijeran que habían comido, lo repitieron de
nuevo diciéndole “vamos a comer todos juntos”, a lo que obedecieron. Que reconoció
a uno de los huidos como uno de los que en los primeros días de marzo
estuvieron en dicha mina. Preguntado las causas por qué no dio cuenta de que se
encontraban los rojos en la mina, dijo que no lo hizo no le fuera a ocurrir
algo y al mismo tiempo porque le encargaron que lo hicieran al día siguiente,
siendo cuanto tiene que decir sobre los hechos.
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| Casa de Pastores en la finca "Arroyo Molino" |
El siguiente en prestar declaración fue Miguel Cano García, hermano del anterior, de 26 años de edad, soltero, natural y vecino de Montoro, domiciliado en calle Olivares número 16, trabajador de la mina “Huerta del Abad”, manifestando: Que ya bien anochecido, desde unas de las dependencias de la mina, vio a unos cuantos hombres, que no notó estuvieran armados, pero sí luego después tuvo noticias por su hermano ya citado, que se encontraba en la casa del guarda, que los hombres que allí habían eran los huidos rojos, quedándose en su dependencia y acostándose. Preguntado el motivo que le indujera para no dar conocimiento de la estancia en dicho sitio de aquellos sujetos dijo: Que no lo hizo por temor a que le fuera a ocurrir algo, siendo todo ello cuanto tiene que decir.
A la vista de los datos que arrojaron
las declaraciones prestadas y considerando el agente instructor del atestado
que Pablo Cañuelo Cachinero, Luis Luna Cepas, Francisco Lara Ruiz, Jacinto Cano
García y Miguel Cano García, podrían estar comprendidos como encubridores de
los huidos rojos, toda vez que tuvieron tiempo suficiente de dar cuenta al
destacamento de la guardia civil de la finca “La Onza”, con lo que se hubiera
conseguido, posiblemente, la detención de los mismos, ya que la noche le
hubiera favorecido por la luna que hacía y no dar tiempo a que transcurrieran
tantas horas, para que se pusiesen los huidos fuera del alcance de la fuerza de
la guardia civil y así, haber acatado las ordenes que le habían dado de no dar
conocimiento hasta el día siguiente, y además, darse las circunstancias de que
esto mismo, ya ocurrió en los primeros días de marzo, cuando estuvieron también
comiendo en la mina, como también en la casa de los padres de Jacinto y Miguel
Cano, al sitio de “Valcerradillo”, la que frecuentaban con bastante asiduidad,
por cuya razon se encontraba detenido en Montoro, el padre de los mismos,
llamado Jacinto Cano Asencio, es por lo que, es de sospechar estén en contacto
con los huidos, procediéndose por tanto, también a su detención a los efectos
que en justicia procedan.
El atestado levantado, fue entregado en el Juzgado Militar habilitado en Cardeña, a las 10 horas el día 20
de mayo de 1940, junto con las cinco personas detenidas, haciéndose cargo
posteriormente el Juzgado Militar de Montoro a partir del 26 de agosto de dicho
año, interesando unir a la causa información sobre los detenidos, emitiendo
informe tanto la Delegación Local de Falange, como el Ayuntamiento y guardia
civil de Montoro, en el sentido de que eran personas que habían observado buena
conducta, careciendo de antecedentes políticos.
Por Pablo Cañuelo Cachinero, fue
presentado aval el 15 de julio de 1940, suscrito por los vecinos de Cardeña
(Córdoba), Miguel Redondo Vélez y Juan Olmo García, quienes en el escrito que
firman ambos, hacen constar que no le
conocieron actividad política durante el transcurso del Glorioso Alzamiento
Nacional. Con anterioridad a éste, reveló su ideario derechista, causa ésta,
por la que, al solicitar su ingreso en la llamada Unión Sindical Obrera, con el
propósito de documentarse para su seguridad personal, le fue revocada dicha
solicitud por “ser criado de los fascistas”, mereciéndoles a los que suscriben,
el concepto, de una persona de orden. Estos mismos y con fecha del día
siguiente 16, presentaron otro aval en favor de Luis Luna Cepas, en el sentido
de que le constaban que era persona a la
que no le conocieron actividades políticas de clase alguna, permaneciendo en
todo momento alejado de aquellas, al producirse el Glorioso Alzamiento Nacional
Salvador de España, sin militar en partido político de ninguna clase, se afilió
a la denominada Unión Sindical Obrera a la que perteneció como un simple socio.
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| Ruinas de la mina "Huerta del Abad" |
El 19 de diciembre de 1940,
compareció como testigo ante el Juzgado de Instrucción nº 12 en Córdoba, al que
pasaron todas las actuaciones, el que dijo llamarse Matías Delgado Cantarero,
de 60 años de edad, casado, industrial, natural y vecino de Montoro,
domiciliado en Plaza de España nº 18, quien manifestó: Que conocía a Jacinto Cano García a) Botas, por tener el dicente un
establecimiento de bebidas y ser el Jacinto Cano cliente suyo. Añadiendo que,
por vivir el encartado en la Sierra, venía al pueblo de Montoro, de muy tarde
en tarde, no habiendo tomado parte en ninguno de los actos que con carácter
izquierdista en esta se produjeron con anterioridad al G. Alzamiento Nacional,
teniéndolo como buena persona, de buenos antecedentes y conducta. Que el antes
dicho Movimiento le sorprendió al que declara en Sevilla, regresando
inmediatamente que este pueblo fue liberado y hasta la fecha no ha oído decir que
tan repetido Jacinto Cano García a) Botas, cometiera ningún delito contra
personas o cosas, ni contra el supradicho Movimiento Nacional.
El mismo día también declaró
Joaquín Calancha Sánchez, casado, industrial, natural y vecino de Montoro,
domiciliado en calle Olivares nº 1 y dijo: Que
conocía a FRANCISCO LARA RUIZ, del cual puede decir se trata de un individuo
que siempre observo buena conducta. Que hasta el 18 de julio de 1936, puede
garantizar que no intervino en nada relacionado con asuntos políticos. Que
cuando el G. Alzamiento Nacional se produjo, el dicente se hallaba enfermo en
cama, en donde estuvo varios meses ignorando lo que en Montoro ocurriera, no
habiendo oído después de la liberación de España, que durante el periodo rojo,
tomara parte en ningún delito contra personas o cosas, ni contra el repetido G.
Alzamiento Nacional. Que sabe que los rojos en una finca del Banco Hipotecario
de España, la que lleva en arrendamiento don Eugenio Veredas Ostos, llegaron,
obligando al casero de la misma que matara una red propiedad de dicho Señor, la
cual se comieron obligando también al FRANCISCO LARA RUIZ, al cortijero y a
otros más que allí había de la finca, a que compartieran con ellos la comida.
El testigo Antonio Sánchez
Madueño, también presto declaración aquel día ante el Juez Instructor en
Córdoba, diciendo que tenía la edad de 65 años, casado, labrador, natural y
vecino de Montoro, domiciliado en calle San Miguel nº 5, manifestando: Que si bien conoce a JACINTO CANO GARCIA a)
BOTAS, desde hace muchos años, nunca tuvo trato con él, ignorando la
significación política que este individuo pudiera tener como así mismo, si ha
intervenido durante el dominio rojo, contra la causa Nacional. Que en ocasión
del declarante haberse encontrado con el encartado, con motivo de la
evacuación, en la Finca llamada “Garci-Gómez” de este término municipal, puede
asegurar que en los 5 meses que estuvieron juntos, observó se trataba de buen
muchacho. Hace constar que ha cometido un error al decir evacuación, que se
refiere al terminar la guerra. Preguntado para que diga si el encartado antes
referido no fue invitado por una partida de rojos huida en la sierra, para que
comiera carne de una vaca robada a Eugenio Veredas Ostos, dijo: Que ignora
los extremos que se le pregunta.
También prestó declaración en
aquella ocasión, quien dijo llamarse Juan Aljama González, casado, empleado,
natural y vecino de Montoro, domiciliado en calle Marín nº 22, el cual dijo: Que conocía perfectamente a PABLO CAÑUELO
CACHINERO, pudiendo decir se trata de un individuo que siempre observó buena
conducta, elemento de derechas sin que se metiese en nada durante la dominación
roja. Que sabe por el mismo encartado, que en cierta ocasión los rojos huidos
en la sierra, llegaron al caserío donde él habitaba con sus familiares,
obligándole a que les diera de comer. Que sabe también que el tal PABLO CAÑUELO
CACHINERO, dio parte de este hecho a la Guardia Civil de Montoro. Que puede
garantizarlo como persona que siempre fue de orden.
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| Finca "Arroyo Molino" |
Otro declarante en el proceso fue
Miguel Cobo Cobo, de 38 años de edad, casado, agente comercial, natural y
vecino de Montoro, domiciliado en calle Santos Isasa nº 33, quien manifestó: Que conocía a PABLO CAÑUELO CACHINERO desde
hace muchos años, pudiendo decir que este sujeto nunca se mezcló en asuntos
políticos, observando siempre buena conducta. Que cuando se produjo el Glorioso
Movimiento Nacional, siguió sin mezclarse en nada, solamente dedicado a la
guardería de las fincas del Banco Hipotecario de España y que precisamente por
estar en la sierra cuando la evacuación de Montoro por los rojos, este
individuo quedó en zona dominada por ellos, sin que se sepa que en dicha zona
interviniera en actos contra personas o cosas, ni contra repetido Movimiento
Nacional. Que una vez que la guerra se acabó, este individuo se reintegro a su
oficio de guarda de dichas fincas y sabe que un grupo de rojos huidos en la
sierra, llevaron a la finca una becerra para que se la arreglaran y comérsela,
invitando al Pablo Cañuelo Cachinero, cortijero y demás personal de la finca
que compartieran con ellos la comida, no tenido más remedio que aceptar. Que es
todo cuanto puede decir respeto de Cañuelo. También presto declaración
respecto del otro imputado llamado FRANCISCO LARA RUIZ, de quien dijo que era individuo que siempre observo una
inmejorable conducta, moralidad indiscutible, sin que nunca se mezclara en nada
relacionado con política, ya que siempre se mantuvo al margen de estas cosas.
Que lo único que se ha dicho de este muchacho, es que un grupo de rojos huido
de la sierra, fueron a la finca donde trabajaba y después de obligar a los
caseros que les arreglaran la carne que llevaban, invitaron a los que allí
estaban a que comieran con ellos, cosa que no tuvieron más remedio que aceptar,
para evitar que cometiesen alguna barbaridad, ya que estos individuos iban
todos armados. Que durante el Glorioso Movimiento y después, observo siempre la
misma buena conducta que en todo momento se le vio alejado de los elementos
izquierdistas. Que no tiene nada más que decir.
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| Ruinas de casa donde habitaban los trabajadores en "Mina Huerta del Abad" |
Tras el anterior, declara en la
misma fecha, Dionisio Santias Canales de 45 años de edad, casado, propietario,
natural y vecino de Montoro, domiciliado en calle Concepción nº 4 y en relación
con los hechos, manifestó: Que conoce
perfectamente a PABLO CAÑUELO CACHINERO, pudiendo decir se trata de un
individuo de inmejorable conducta, elemento de derechas sin que nunca se
metiera en asuntos políticos. Que tenía trato directamente con el encartado
porque el dicente era encargado del Banco Hipotecario y el Pablo Cañuelo
Cachinero, guarda de las fincas del mismo Banco. Que una vez que se produjo el
G. Alzamiento Nacional, el encartado en este procedimiento siguió observando la
misma buena conducta, hasta que Montoro fue liberado, que por coger al dicente
en Montoro y al PABLO CAÑUELO en la sierra, quedó en zona dominada por los
rojos ignorando lo que pueda haber hecho en repetida zona. Que sabe que unos
rojos huidos en la sierra, fueron a la finca que lleva en arriendo don Eugenio
Veredas, obligando a Pablo Cañuelo, cortijero y demás sirvientes a que matara,
digo a que le arreglasen una becerra para comérsela, obligándole a la vez a
compartir con ellos la comida. Que el encartado dio parte de este hecho a la
Guardia Civil de Montoro. Que no tiene nada más que decir.
Al día siguiente, osea el 20 de
diciembre de 1940, declara como testigo Pedro González Majuelos, de 48 años de
edad, casado, industrial, natural y vecino de Montoro, domiciliado en calle
Calvario nº 2 y dijo: Que conocía a
Jacinto Cano García, pudiendo decir de este sujeto, si bien de izquierdas, fue
siempre elemento moderado sin que nunca interviniera en nada relacionado con
cuestiones políticas. Que siempre vivió en la sierra, donde tenía su trabajo y
que, de tarde en tarde, venía al pueblo para proveerse de comestibles, ropa,
etc. etc. Que cuando el Glorioso Movimiento Nacional se produjo, este sujeto
siguió sin meterse en nada, ni después ha oído decir a nadie, que haya
intervenido ni cometido ningún delito contra personas o cosas. Que ha oído
decir que los rojos huidos de la sierra, se presentaron en la finca donde el
encartado estaba y que dieron a los caseros un trozo de carne para que se lo
arreglaran para comer y que los rojos obligaron a este y a los demás que en la
finca había, a que comieran con ellos. Que siempre lo ha tenido como una buena
persona. También, presto declaración respecto de Miguel Cano García, cabrero de la finca “Garci-Gómez”, primero,
y después, en la finca “Huerta Labar”, teniéndolo como buen muchacho, sin que
nunca se moviera en nada relacionado con política, ni antes, ni durante el
Glorioso Movimiento Nacional. Que estaba con su padre Jacinto Cano en la misma
finca, cuando se presentaron los rojos huidos de la sierra, con carne de una
res que habían quitado a D. Eugenio Veredas para que los caseros se la
arreglaran, para comérsela y que invitaron a comer con ellos a los que allí
había. Igualmente prestó declaración en relación con el imputado PABLO
CAÑUELO CACHINERO, respecto del que declaró: Que estaba agradecido a este sujeto, por los buenos servicios que
durante el dominio rojo le prestó, ya que el declarante se marcho al campo con
sus familiares, para evitar se metieran con él, ofreciéndole el encartado la
casa y también, para evitar que vieran al dicente en el pueblo, se ofreció el
Pablo Cañuelo a venir a por comida. Que siempre fue buena persona, votando
siempre por las derechas y sin que nunca se metiera en nada relacionado con
política, ni antes, ni durante el Glorioso Movimiento Nacional. Que le cogió en
la finca, cuando unos rojos huidos fueron a que los caseros les preparara la
comida con un trozo de carne, que llevaban y que invitaron a todos los que allí
estaban a que comieran con ellos, cosa que no tuvieron más remedio que hacer,
porque iban armados. Que, por ser buena persona, no puede hablar más que bien
de él.
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| Entrada a la mina "Huerta del Abad" |
Por último, declaro el día
20 de diciembre de 1940, Eugenio Veredas Ostos, de 51 años, casado, natural de
Écija, comandante de infantería, domiciliado en Montoro en calle Calvo Sotelo
nº 1[2],
quien manifestó: Que conocía
perfectamente a FRANCISCO LARA RUIZ, pudiendo decir de este individuo, se trata
de un elemento que nunca se significó en nada relacionado en cuestiones
políticas, teniéndolo siempre por un honrado trabajador y fiel cumplidor de sus
deberes. Que estaba como vaquero en una finca del declarante y que sabe por el
mismo encartado, que vino a darle conocimiento del hecho, que unos rojos huidos
de la sierra, se presentaron en repetida finca y después de matar una becerra,
también propiedad del dicente, obligaron a los caseros a que se la preparasen
para comérsela, cosa que los caseros no tuvieron más remedio que hacer, por
tratarse de unos individuos que ya han cometido muchas fechorías en la sierra y
además estar todos armados. Que una vez que la carne estuvo guisada, también
obligaron a todos los hombres que en la finca había, que comiesen con ellos,
por si la carne tenía algo malo.
A la vista de los hechos y de las
declaraciones que prestaron los testigos, el Juez propuso la libertad
provisional de todos los encartados y en ese sentido, el auditor de guerra
informó con fecha 5 de marzo de 1941, que procedía la libertad propuesta, la
que se llevó a efecto el 10 de febrero de dicho año.
Una vez en libertad, el Juez
volvió a realizar una nueva ronda de declaraciones el 11 de marzo de 1941, haciéndolo
en primer lugar Pablo Cañuelo Cachinero, domiciliado en Montoro en calle Puente
nº 35, el que manifestó que cuando
atardecía se dirigía a recoger una yegua que tenía pastando, cuando de pronto
se vio sorprendido por cuatro individuos armados de fusiles, los cuales, le
dijeron que tenía que freírle una poca de carne que traían, entonces ellos
vieron venir al vaquero y le dijeron “mañana pasa lista porque te va a faltar
un novillo que hemos matado”. Que conducidos por los cuatro individuos se
dirigieron a la finca y cuando llegaron, dos de ellos se quedaron en la puerta
haciendo guardia y los dos restantes, entraron dentro donde empezaron a mandar
cortar la carne y como quiera que el dicente tenía a su mujer enferma, una hija
suya les estuvo poniendo los avíos de guisar. Que mientras se hacía la carne
que ellos tenían que comerse, los empleados de la finca se comieron su comida,
osea cocido, y al terminar y cuando ya estaba guisada la carne, fueron
obligados por ellos a comer, entonces el dicente les dijo que ellos ya habían
comido, no obstante, esto, fueron contestados por los cuatro individuos
diciéndoles, que ellos tenían costumbre de que donde llegaban comieran con
ellos, no teniendo entonces más remedio que comer. Que como quiera que su dicha
hija tenía una medalla colgándole en el pecho, uno de los individuos le dijo “que
aquello tenía que quitárselo muy pronto porque asimismo pronto también estarían
ellos en su casa, porque esto iba a cambiar”. Que anteriormente había sido asaltada dicha
finca por nueve individuos y que, de estos cuatro, tres habían venido con los
nueve, pero que conocer, no conocía a ninguno.
Después declaro Francisco Lara Ruiz, domiciliado en Montoro en
calle Santiago nº 18, quien manifestó que
como tenían ordenado por la guardia civil, todos los empleados al anochecer
debían retirarse de las fincas, por lo que en cumplimiento de ello, el día de
los hechos el declarante marchaba para el cortijo denominado “Remolino”, cuando
al llegar a una vereda que baja del monte se encontró de pronto con cuatro
individuos armados de fusiles, los cuales le dieron el alto, preguntándoles que
quién era, el dicente les dijo que era el ganadero de la finca que a pocos
metros se veía, diciéndole entonces los cuatro individuos que habían cogido un
novillo y que lo habían matado, conduciéndolo para la finca, en donde al llegar
le obligaron a todos los que allí había a que guisaran carne del novillo antes
mencionado y una vez que esta estuvo guisada, les obligaron también a comer, no
por la fuerza, si no que todos asustados por la presencia de los huidos,
hicieron cuanto les dijeron. Del cortijo no se llevaron nada, solamente después
de comer les dijeron, que no dieran parte hasta el otro día, porque antes les
podía ocurrir algo. Al día siguiente, en cuanto amaneció, se personaron los
cinco que allí había, dando cuenta de cuanto les había ocurrido y después de
recibirles declaración, los ingresaron en la cárcel.
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| Casa en ruina de los trabajadores de la finca "Arroyo Molino" |
El último en declarar, fue Luis
Luna Cepas, domiciliado en la calle Real nº 27 de Cardeña, quien dijo: Que como jornalero, se encontraba el día de
los hechos trabajando en la finca “Arroyo Molino” o “Remolino”, cuando al
atardecer se dirigía a recogerse a la finca, después de terminada su jornada
diaria, fue sorprendido a unos cuatrocientos metros de la finca, por cuatro
individuos desconocido que iban armados de fusiles, los que le preguntaron si
iba la guardia civil por aquella finca, contestándole el dicente que con mucha
frecuencia, entonces le preguntaron que cuantos hombres habían en la finca,
contestándole que además de él, había dos o tres familias. Que entonces
continuó andando con los individuos detrás, en dirección a la finca, cuando al
llegar a unos cien metros aproximadamente de la misma, se juntaron con su
cuñado Pablo Cañuelo Cachinero y el vaquero, que también llegaban en aquellos
momentos, diciéndole a este que pasara lista a las vacas, porque habían matado
una. Que con los individuos detrás continuaron para el caserío y al llegar a él,
se quedaron dos en la puerta de guardia y otros dos entraron, empezando a
guisar un poco de carne que llevaban y la que obligaron, la arreglara una hija
de su cuñado. Que mientras se aviaba la carne, el dicente con los demás
empleados de dicha finca estuvieron comiendo su comida, pero cuando terminaron
fueron obligados por los cuatro individuos a acompañarles a comerse la carne.
Por auto de 18 de marzo de 1941,
el Juez propone a la auditoria de guerra de la Región Militar, el
sobreseimiento y archivo de la causa al considerar que los encartados, no
habían cometido hechos delictivos de clase alguna.
El auditor de guerra emite
informe con fecha 9 de junio de 1941, accediendo al sobreseimiento provisional,
al no aparecer suficientemente probado la comisión de hechos que pudieran ser
constitutivos de delito.
El 9 de julio de 1941, el Capitán
General de la Segunda Región Militar don Miguel Ponte y Manso de Zúñiga, prestó
su conformidad al sobreseimiento provisional y archivo de la causa, imponiendo a
cada uno de los cinco imputados una multa de 500 pesetas, sin que conste, por
qué motivo les sancionó.
Pablo Cañuelo y los hermanos Miguel y Jacinto Cano, abonaron la multa en papel de pagos al Estado, con fecha 29 de septiembre de 1941; Luis Luna Cepas, abona la multa impuesta mediante el correspondiente papel de pagos al Estado, el 3 de marzo de 1942; y el otro encartado Francisco Lara Ruiz, tras presentar escrito interesando que se le declarase insolvente por carecer de metálico y de patrimonio, una vez que se le abrió la correspondiente pieza para averiguar su capacidad patrimonial, arrojó esta como resultado que el mismo era insolvente, por lo que, con fecha 20 de marzo de 1943 el auditor de guerra de Sevilla, solicitó el archivo de la causa, al declarar insolvente a Francisco Lara Ruiz. Quedando desde entonces la causa archivada sin más trámite[3].
[1]
Esta mina es conocida en Montoro, como “Mina de
la Huerta Lavá”, aunque en realidad el paraje es denominado oficialmente “Huerta
del Abad” ubicado en la finca “Arroyo Molino” en las proximidades de "Garci-Gómez" y la "Dehesa de la Chaparrera". Se trata de un lugar de alto interés histórico
y minero, caracterizado por albergar vestigios de antiguas explotaciones, principalmente
de plomo y cobre. Hacia el año 1900, se registró la explotación de una mina de
plomo en este sitio.
[2] Actual
Calle El Santo de Montoro (Córdoba).
[3]
Lo relatado con anterioridad esta sacado de los antecedentes obrantes en el
Proceso Sumario instruido primeramente por el Juez de Instrucción Militar de
Montoro y posteriormente inhibido en favor del Juzgado de Instrucción Militar nº 12 de Córdoba, estando narraciones copiadas literalmente con lo que consta en el
Sumario.








