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| Cortijo "El Cordobés" próximo a la Fuensanta. |
Ante Florentino Mostaza Gómez,
alférez de la segunda compañía de la Comandancia de la Guardia Civil de Córdoba
y Jefe de la Línea establecida en El Carpio, concentrado en la
establecida en Montoro, compareció en la casa-cuartel sobre las once horas del
día 16 de enero de 1941, Miguel López Jiménez, de 59 años de edad, manifestando
que por orden del dueño de la finca “El Cordobés”, daba cuenta de que la noche anterior habían estado en dicho Cortijo,
llevándose muchas cosas que él no podía referir, una porción de rojos que se
marcharon después de mucho rato amenazando a los moradores del cortijo, con que
matarían a todo el que se asomara a la puerta, hasta que fuera de día.
Inmediatamente el oficial
instructor del atestado dispuso que un grupo de agentes de la guardia civil,
saliera por la parte alta de la finca y recorriera todos los caseríos y sitios
sospechosos, existentes en el sitio “Loma del Rayo”, y otro grupo, efectuara lo
propio por la margen derecha del río Guadalquivir, donde está enclavada la
finca objeto del robo. En cuyo lugar, hicieron acto de presencia el oficial
Mostaza, en unión del Capitán Jefe del Sector de la Sierra y guardia segundo
del puesto de Montoro, Antonio Evans Cállava, después de pasar por el cortijo
“Las Prensas” y ordenar la salida inmediata de un grupo de agentes del destacamento
allí ubicado, encargado de recorrer e inspeccionar las márgenes del arroyo de
Corcomé, limítrofe con la finca asaltada.
Una vez llegaron a la finca “El Cordobés”, sobre las trece horas aproximadamente, fue interrogado el dueño de la finca llamado Bartolomé Márquez Moya, mayor de edad, propietario, natural y vecino de El Carpio, domiciliado en la calle Alferez Arjona nº 10 y accidentalmente en el cortijo de su propiedad objeto de los hechos, sito en el Pago de la Nava del término municipal de Montoro, manifestando: Que sobre las diez y ocho horas del día anterior o antes tal vez, se personaron en el cortijo un grupo de más de veinte hombres armados de fusil y pistola, excepto uno que llevaba escopeta y dos más que solo llevaban pistola, los cuales con el cortijo convenientemente cercado y amenazando a él y sus familiares, empezaron a saquear la casa, llevándose todos los efectos que figuran en la relación que se une seguidamente y después de amenazarlos nuevamente, si alguno salía a la calle antes de ser de día al siguiente, marcharonse sobre las veintitrés horas con dirección al arroyo de Corcomé y sin que a pesar de las gestiones practicadas al efecto, se haya podido adquirir noticia o rastro alguno de los fugitivos, que según el declarante, deben ser de esta comarca a juzgar por el modo de hablar y vestir, no conociendo a ninguno y aportando únicamente las señas de que uno, es muy algo, otro con los ojos tiernos y otro tuerto del ojo izquierdo, si mal no recuerda.
Como consecuencia del robo que nos
ocupa, fueron sustraídos por los asaltantes, los efectos siguientes: Dos mulos
y una yegua que aparecieron en la mañana siguiente, tres mil pesetas en
distintas clases de billetes de banco, 30 kilos de chorizo y 25 de morcilla,
dos cantaras con aceite, un saco de cien kilos de ajos, unos zapatos finos
nuevos, unas botas en buen uso, una manta, unas sandalias nuevas, una toalla
nueva, dos sábanas, unos pantalones de pana nuevos, un chaleco de pana también
nuevo, una blusa nueva, un abrigo de astracán nuevo negro, cinco pares de
pantalones dos de ellos de pana y los tres restantes de trabajo, cuatro
camisas, cuatro camisetas, tres blusas, una pelliza nueva, dos americanas
nuevas, seis pares de calcetines, unos zapatos bajos, seis pañuelos de seda de
señora, dos vestidos negros, un saquito de lana, una camisa de señora en pieza,
dos visos negros, cuatro toallas, cuatro fundas de almohada, siete sabanas, dos
paños, cuatro mantas, seis mudas de niño, tres abrigos, cinco sombreros, unos
zapatos, siete pares calcetines de niño, cuatro pares de media de señora, dos
tapetes, una colcha, una canastilla completa, un bolso de mano, un neceser con
los peines, dos trajes nuevos, gris y marrón, un pantalón y un chaleco de pana
lisos, otro juego de lana de cordoncillo, cuatro camisas en confección, cuatro
finas con puños, tres camisas de trabajo, dos pares de calzoncillos cortados
sin coser, un reloj de bolsillo cronometro Roscoff, un impermeable de goma,
cuatro pares de pantalones de trabajo, tres pares de calcetines, seis pañuelos,
una bilbaína, unos zapatos de color, dos vestidos de señora nuevos, una casaca
de pana, dos pares de guantes de cabritilla, cuatro mudas de ropa blanca, dos
pañuelos de seda negro y amarillo, cuatro sabanas, seis fundas de almohada, una
blusa de cuadritos de mujer, una falda de crespón negra, siete pares de medias,
un paño de dos caras una blanca y otra marrón, un manto a cuadros, otro paño
más inferior, un pañuelo de seda de ramos, dos pares de manteles, un vestido de
pana con ramitos, un alfiler de oro de corbata, dos cajas de inyecciones, la
jeringa para las inyecciones, una caja de peines, un jamón añejo y un saco con
unos sesenta kilos de garbanzos, un costal con harina, tres aparejos nuevos y
dos serones, todo propiedad de los hermanos Juan, José y Bartolomé Márquez
Moya.
Este atestado fue turnado al
Juzgado de Instrucción Militar nº 12 de Córdoba del que era titular Luis
Velasco Arenas, el cual de inmediato interesó información a la guardia civil de
Montoro, sobre las gestiones realizadas, tendentes a averiguar como se
produjeron los hechos y la identidad de los presuntos autores de los mismos.
La guardia civil de Montoro,
contesta el 16 de mayo de 1941, en el sentido de que las diligencias
practicadas por fuerzas de la guardia civil de dicha localidad, hasta la fecha
han resultado infructuosas, continuándose las mismas, que de dar resultado
positivo darían cuenta inmediata a la autoridad judicial.
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| Requisitoria publicada en el B.O.P. |
El 2 de junio de 1942, se acuerda
publicar edicto en el Boletín Oficial de la Provincia y una vez verificada
dicha publicación, con fecha 6 de julio de 1942 por medio de la correspondiente
diligencia se declara la rebeldía de los presuntos autores del robo que nos
ocupa, al no haber comparecido los mismos en el plazo dado.
El 15 de septiembre de 1942, el
Juez Velasco propone al Capitán General de la Región Militar el sobreseimiento
provisional y archivo de la causa, cuya propuesta tras el preceptivo informe
del auditor de guerra, es aceptada por don Miguel Ponte y Manso de Zúñiga,
capitán general de Sevilla, quedando la causa archivada provisionalmente hasta nuestros días(1).
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(1) Lo relatado anteriormente, está obtenido de lo que consta en el sumario instruido por el Juzgado de Instrucción Militar nº 12 de Córdoba, correspondiéndose algunos párrafos literalmente con lo que obra en el mismo.

