lunes, 15 de julio de 2019

MONTORO: JUSTICIA IMPLACABLE

El 20 de mayo de 1845, en el sitio conocido como "Los Ríos de Varas" término municipal de Adamuz (Córdoba), en las proximidades del camino que desde ésta población conducía a Pozoblanco, tuvo lugar un robo en el que resultó herido de gravedad por arma de fuego al recibir dos tiros, uno de los arrieros que procedentes de El Viso (Córdoba) transitaban portando mercancías por aquel lugar. Dicho arriero aun cuando recibió doce heridas en total, pudo salvar su vida milagrosamente, quedándole como única secuela, la perdida de la visión de uno de sus ojos. Los demás arrieros que le acompañaban, resultaron heridos de consideración por los golpes y malos tratos recibidos y uno de ellos, con lesiones graves al recibir varios golpes en la cabeza.
Panorámica Ríos Varas de Adamuz
Por la forma de actuar y por el número de personas que participaron en su autoría, pronto se llegó a la conclusión de que estos hechos podían guardar relación, como así se demostró, con otros similares que habían tenido lugar el 18 y 19 de agosto del 1844 en el Arroyo de las Dos Hermanas en el Camino de Córdoba, y el 10 de abril anterior en las proximidades donde cuarenta días después, ocurrió el hecho criminal que nos ocupa.
En Montoro y desde el 1 de mayo de 1844, venía desempeñando funciones como Juez de Primera Instancia don JOSE MIGUEL HENARES AMICO, profesional experimentado, diligente y muy celoso del cumplimiento de la Ley, el que tan pronto tuvo conocimiento de lo ocurrido y al ser el Juez competente, ya que los hechos habían ocurrido en su Partido Judicial, al que pertenecían por entonces, además de Montoro, las localidades de Adamuz, Villa del Río y Villafranca de las Agujas (hoy Villafranca de Córdoba), no dudó un instante en desplazarse al lugar de los hechos, acompañado del Promotor Fiscal Señor Gutiérrez y auxiliado por miembros del recién creado cuerpo de la Guardia Civil. 
A lomos de caballerías, con la rapidez que requería el caso y sin atender a las inclemencias del temporal que reinaba en la comarca en aquel momento, dicho Juez junto con sus acompañantes, se constituyó en el lugar donde aceció el acto delictivo y tras recoger los testimonios de los testigos que presenciaron lo ocurrido y las pruebas que consideraron pertinentes, pusieron rumbo hacia Adamuz y posteriormente a Villafranca.
Arrieros junto al Río Varas de Adamuz
La activa y enérgica actuación judicial llevada a cabo, permitió la práctica de los reconocimientos correspondientes, los que dieron como resultado el descubrimiento en casa de los autores, de los bienes que habían sido sustraídos, procediéndose a la aprehensión de los mismos, así como a la detención de DIEGO ORTEGA de 25 años, natural de Arjonilla(Jaén), casado, conocido con el alias de "Diego el de Andújar"; DIEGO GIL de 34 años, natural de Mojacar (Almería), casado y domiciliado en Villafranca; FRANCISCO BATANERO de 35 años, casado, natural y vecino de Villafranca; JUAN CASADO de 48 años, casado, natural y vecino de Villafranca; JUAN MARTIN JURADO de 52 años, casado, natural y vecino de Villafranca; FRANCISCO VELEZ de 40 años, casado, natural y vecino de El Carpio (Córdoba); y al que ostentaba la jefatura de la gavilla, llamado ANDRES GONZALEZ alias "El Madrileño" de 58 años, casado, nacido en Mentrida (Toledo) y vecino de Bujalance (Córdoba), éste famoso delincuente que desde el año 1814, había venido perpetrando hechos similares por varios sitios de la península y sobre todo en la provincia de Córdoba, por lo que había cumplido prisión hasta el año 1840, en que fue puesto en libertad. 
Guardia Civil de la época que auxilio al Juez Henares
Los detenidos relacionados, fueron conducidos por los Agentes de la Guardia Civil que auxiliaban al Juez Henares, desde Villafranca de las Agujas (hoy Villafranca de Córdoba), hasta la Cárcel del Partido situada en Montoro en la calle Cervantes (hoy calle Molino), la cual había sido recientemente edificada en dependencias del desamortizado Convento de los Carmelitas descalzos ubicado en la Plaza del Charco, donde previa entrega del correspondiente mandamiento de prisión firmado por el Juez Henares, que encabezaba la comitiva, fueron ingresados en calidad de presos y a las resultas de la celebración del juicio correspondiente.
La dedicación que el Juzgado de Montoro con su Juez a la cabeza desarrolló, quedó patente en el hecho de que el sumario con casi 300 folios, fue declarado concluso en menos de 30 días y fijada la celebración del juicio, para la mañana del día 27 de junio de 1845, en la recién aperturada nueva Sala de Audiencia construida en el Convento de Carmelitas descalzos, contigua a la nueva Cárcel del Partido, la que fue inaugurada el día 15 del anterior mes de mayo y a la que se accedía, por la puerta del actual Circulo Primitivo.
El juicio se celebró con la concurrencia de los encausados, con la presencia de numerosísimo público montoreño y de otras personas venidas de fuera. En él se constató la indudable participación de todos y cada uno de los siete acusados, de los cuales cuatro se declararon autores de los hechos imputados y los otros tres, aun cuando no reconocieron su autoría, de las pruebas y testimonios que se llevaron a cabo, quedó probada legalmente su participación. 
Dibujo que  recrea las diligencias judiciales del Juez Henares
La sentencia dictada por el Juez Henares Amico fue una sentencia implacable,  siendo condenados Andrés González, Diego Ortega, Diego Gil y Francisco Batanero a la pena capital de muerte por garrote, y al resto, osea Juan Casado, Juan Martín Jurado y Francisco Vélez a la pena de privación de libertad a cumplir en los presidios de África y presenciar la ejecución de los condenados a muerte.
Ratificada la sentencia por los Tribunales de la Capital, osea por los de Córdoba, el 13 de agosto de 1845 se procedió a dar cumplimiento al fallo de la misma. Por lo que conforme a lo dispuesto en los artículos 31 a 46 del Código Penal de 1822, vigente en la época, días antes en la Plaza Mayor (actual Plaza de España), se procedió a la fabricación de un cadalso de color negro y sin adornos. 
El señalado día 13, a Montoro habían concurrido para presenciar aquel deleznable acto, un gran gentío procedente de los pueblos de los alrededores y muchos otros montoreños que venidos desde el campo donde residían habitualmente, llegaron atraídos por la curiosidad y por el hecho de que tuvo que transcurrir 21 años, para que se aplicara en Montoro castigo tan ejemplar, por la justicia ordinaria. Los paradores y posadas se hallaban al completo y los establecimientos de bebidas totalmente concurridos, desde el día anterior.
Cadalso y garrotes dispuestos para la ejecución
Entre las once y las doce de la mañana, los cuatros reos condenados a muerte y como estaba legalmente establecido, fueron conducidos desde la Cárcel del Partido hasta la Plaza Mayor donde les esperaba el cadalso y sobre él, un instrumento o garrote con el que se había de ejecutar la pena, maniatados y subidos en mulas, proclamándose cada 300 pasos los crímenes cometidos y por los que se les iba a aplicar tan dura pena.
El resto de condenados, que debían presenciar su ejecución como estaba recogido en la sentencia, marchaban detrás en dicho cortejo, hasta ocupar un lugar preferente ante el cadalso.
Durante el tiempo que los cuatro condenados a muerte permanecieron en la capilla, mostraron diferentes formas de afrontar lo que se le venía encima. 
Así Diego Gil y Diego Ortega, desde el mismo momento en que le fue notificada sentencia, se mostraron afligidos y arrepentidos, solicitando su entrevista con el Juez y Fiscal, a quienes pidieron perdón y confesaron otro robo de unas caballerías, para evitar que por este hecho fuera condenado otro preso, que se hallaba en la cárcel de Montoro, todo ello, antes de recibir la Sagrada Eucaristía. 
Confortados con auxilio religioso recibido, subió Gil al patíbulo con un gran valor e impresionante entereza, suplicando perdón al público allí presente y aconsejándoles que se abstuvieran de cometer ningún delito, para no verse en el penoso momento que él se encontraba. Por el contrario, Ortega subió al patíbulo casi sin fuerzas, con los rasgos totalmente pálidos y sin pronunciar palabra. 
Los otros dos reos, González y Batanero, pese a que ejercieron todas las diligencias como cristianos, siempre manifestaron estar convencidos de que aun cuando fueron muchos y muy graves los delitos por ellos cometidos, no merecían haber sido condenados a la última pena. González estando en capilla, aún se arrepentía de no haber dado muerte a su compañero Diego Gil, a quien en el último robo lo tuvo encañonado con su escopeta y al que acusaba de haberles delatado, así como de no haber apuñalado al Juez Henares que tan cerca lo tuvo el día que prestó declaración.
La afluencia de tanta gente a la plaza, no trajo consigo desordenes de ningún tipo, al revés, en todo momento los asistentes a la ejecución, mostraron sus sentimientos de acatar el cumplimiento de las penas impuestas.
Traslado de presos a los penales del Norte de África
Los tres condenados a presidio tras presenciar las cuatro ejecuciones, salieron al día siguiente con destino a los establecimientos penitenciarios situados al Norte de África, donde habían de purgar su pena. 
El Tribunal Superior hizo una mención especial honorifica, reconociendo el brillante y rápido trabajo desarrollado por el Juzgado de Primera Instancia de Montoro, felicitando al Juez señor Henares y al Fiscal señor Gutiérrez por el celo y actividad que habían mostrado en la sustanciación del sumario, de lo que pasaban la nota oportuna a la Junta de Gobierno.
Ésta sería la última vez que Montoro viviría un episodio como el relatado y en el que concurrieran las mismas circunstancias, osea, la privación de la vida en cumplimiento de sentencia judicial firme y la participación y presencia del pueblo en todo el acto de la ejecución, desde el comienzo hasta el final, para que sirviera de ejemplo a aquella sociedad y a su vez, tratar de conseguir humillar y desacreditar a las innumerables bandas de delincuentes que en aquellos días campaban a sus anchas, algunas con la ayuda y complicidad, de muchos de los que estuvieron presentes, presenciando aquellas cuatro muertes en aquel patíbulo.

domingo, 18 de noviembre de 2018

DESAPARECE LA GANADERIA DEL CONDE DE LA MAZA

Toro del Conde de la Maza
En esta semana que hoy termina, los taurinos hemos vivido atónitos la terrible noticia de la desaparición de una de las míticas ganaderías actuales, como era la Ganadería del Conde de la Maza.
Desde los años treinta del siglo pasado, tropas de ganado bravo y bajo el control de la familia de la Maza, han deambulado a placer por los extensos cercados del Cortijo Arenales, enclavado en el término municipal de Morón de la Frontera (Sevilla).

HISTORIA DE LA GANADERÍA:
Como vimos al tratar en este sitio, la Ganadería de Vistahermosa, base primordial de la actual cabaña brava española, una de las cinco partes en que es dividida la vacada tras morir el Conde de Vistahermosa, es comprada por Juan Domínguez Ortíz "El Barbero de Utrera".
Al morir éste, habiendo muerto antes su hija María Consolación, es heredado por su yerno José Arias de Saavedra Ulloa, el cual vende el núcleo más importante de la ganadería a doña Dolores Monge (Viuda de Murube) en 1863. Otra porción más pequeña es adquirida en 1868 por el sevillano don Ildefonso Núñez de Prado, que al morir soltero en 1880, es heredado por sus sobrinos los hermanos Pacheco y Núñez de Prado. A uno de éstos herederos, concretamente a don Francisco Pacheco y Núñez de Prado (Marqués de Gandul), le compra ganado don José Antonio Adalid, debutando en Madrid en 1891. En 1902 es el ganadero sevillano don Francisco Taviel de Andrade, quien adquiere ganado a Adalid. En 1908 es el vecino de Arroyomolinos de León (Huelva), don Gregorio Campos, quien se hace con esta vacada, la que en 1921 es heredada por el sevillano don Narciso Darnaude. Es en 1930 cuando éste vende la ganadería a don Romualdo Arias de Reina, vecino de El Arahal (Sevilla), siendo la viuda de éste doña Teresa Zayas, quien la vende a los sevillanos Hermanos Hidalgo en el año 1940, alcanzando en manos de estos una fama extraordinaria.
En 1950 la adquiere el vecino de Carmona (Sevilla), don Arturo Pérez Fernández, quien fallece en 1953, siendo vendida la ganadería por sus hijos en seis lotes y uno de estos, en concreto el que correspondió a doña María López de Tejada, es el que adquiere en 1955 don Leopoldo de la Maza y Falcó, que la une al ganado que ya tenía, cambió el hierro por el que ha tenido hasta nuestros días, variando posteriormente la divisa y la señal. En 1966, don Leopoldo adquirió sementales al Marqués de Villamarta, y en 1977, un lote de hembras y dos sementales a don Manuel Martín Berrocal, encaste Núñez. Una esmerada selección y un cuidado inusitado, ha hecho que con el paso del tiempo, esta vacada cuente con un encaste propio, con divisa roja y negra.

EL GANADERO:
Don Leopoldo de la Maza y Falcó, es el segundo de la dinastía que ostenta este título, nació en Madrid el 13 de septiembre de 1928, hijo de Leopoldo Sáinz de la Maza y Gutiérrez-Solana (primer conde) y de María Cristina Falcó y Álvarez de Toledo (VII Condesa de Frigiliana).
don Leopoldo de la Maza y señora
Contrajo matrimonio con Victoria Luisa Ybarra Allende. Fallece en el Cortijo Arenales de Morón de la Frontera el día 22 de julio de 2002, víctima de una rápida y terrible enfermedad. Fue una persona dedicada toda su vida a conseguir el toro que anhelaba y lo consiguió. Era de carácter afable, amable y alegre. En la primera legislatura democrática, fue Alcalde de Morón por UCD. Durante su mandato se preocupó especialmente por eliminar los problemas en el abastecimiento de agua que tenía Morón y en procurar trabajo para sus vecinos. Fue uno de los grandes impulsores, desde 1998 hasta su muerte, de la celebración de la Feria Mundial del Toro, que se celebraba en Sevilla.

EL FINAL DE UN GRAN PROYECTO GANADERO
don Leopoldo de la Maza Ybarra
El proyecto iniciado a mediados del siglo pasado, con mucha seriedad, exigencia y mucho sacrificio y trabajo, en esta última semana ha pasado a la historia ganadera de nuestro país, perdiéndose una vacada de abolengo, de toros con mucho trapío, bonitos, serios y astifinos, toros que por su serio comportamiento y su presencia, han hecho que la mayoría de los toreros no hayan querido nunca verlos ni en las fotos de las revistas taurinas; lo que junto a la presión social y económica que vienen sufriendo quienes se dedican a criar toros bravos, ha llevado a los ganaderos a perder el romanticismo necesario y a caer en el aburrimiento propio de quien se siente un raro y un incomprendido, en una mundo de comodidad y distinto, como el que se está pretendiendo imponer por la sociedad, por los mandones del toreo actual y de quienes mangonean la Fiesta.

Las palabras a los medios de comunicación, de don Leopoldo de la Maza Ybarra, actual Conde de la Maza, así no lo viene a demostrar, cuando dice: "Estoy cansado y no me apetece. Podría haberme quedado
con algunas reses y lidiar de erales pero esto es imposible. Esto está como está. Los toreros quieren torear lo que quieren torear y los empresarios quieren comprar lo que quieren comprar". 
La última corrida que lidia esta Ganadería, tuvo lugar en la localidad madrileña de Cenicientos, el pasado día 15 de agosto de 2018.

DE AQUI EN ADELANTE
Desde el viernes 16 de noviembre de 2018, que salieran las últimas reses, el Cortijo Arenales no se conoce. El mugir de los toros, ya no se escucha. El crujir de las astas en una fiera pelea, ha sido embargado por un silencio serio de sepulcro, que hace seria y triste la tarde, como si Arenales hubiera comenzado un largo caminar hacia lo más eterno. Como nos gustaría que el toro volviera pronto a sus cercados en Arenales.
El Cortijo Arenales, junto con el hierro del Conde de la Maza, dicen que está en venta.
La mayoría del ganado del Conde la la Maza, ha pasado ya por el matadero, perdiéndose así el trabajo duro y sabio de muchas personas durante muchos años, que consiguieron alcanzar algo genuino, un encaste único, sacrificado y perdido a día de hoy.
Se dice, que quizás no se ha perdido del todo, que hay un halo de esperanza, pues un tratante de ganado de Pilas (Sevilla) llamado Diego Miguel Curiel, antes novillero, parece que conserva en su poder un pequeño hato de añojas, eralas y alguna utrera, que junto con un semental, hace tener confianza para no dar totalmente por perdido, un tesoro genético auténtico. Aunque mucho me temo, que ya nunca volverá a ser lo mismo.



miércoles, 6 de junio de 2018

SEVILLA: 100 AÑOS DE LA MONUMENTAL.

Fachada de la Plaza de Toros Monumental de Sevilla

Son muchos, incluidos los aficionados al arte de Cúchares, quienes ignoran que Sevilla en otros tiempos, contó con otra plaza de toros, además de la Real Maestranza de Caballería.

Corrían los primeros años del siglo XX, cuando en España y concretamente en Sevilla, afloró una afición inusitada a la Fiesta de los Toros, al ritmo que marcaban las rivalidades de las figuras taurinas de la época, muchas de ellas provenientes de la Ciudad de la Giralda y de los pueblos de su provincia.

El fútbol era un deporte incipiente en aquellos primeros años del siglo pasado. Los sectores sociales y económicos, aun no habían tenido tiempo de fijar su interés en aquel nuevo deporte, por lo que, son los toros los que atraen la pasión de la mayor parte de la sociedad.
Monumental en construcción

La afición a la Corrida de Toros es tal, que en Sevilla en particular, hizo que se dispararan los precios de las entradas, al contar con un histórico coso taurino con pocas localidades para hacer frente a la demanda requerida, sobre todo, ante la gran rivalidad surgida entre Joselito y Belmonte, lo que traía consigo, que en una sociedad desfavorecida como aquella, aquel interés fuera en ocasiones perjudicial para las personas y sus familias, pues eran muchos los que prefería caer en la ruina, antes de dejar de asistir a ver una corrida de toros. Se cuenta, que muchas familias, los días de toros, llegaban incluso a empeñar sus colchones, para poder contar con el dinero, que le permitiera obtener su entrada.

Joselito
De estas calamidades, pronto se hace eco la figura taurina de aquellos tiempos, el torero José Gómez Ortega, conocido primero con el sobrenombre de "Gallito III" y después por "Joselito el Gallo", nacido en Gelves (Sevilla), hijo de Fernando Gómez García, matador de toros sevillano, y de la bailaora gitana y gaditana Gabriela Ortega Feria. En el afán del torero, se instala un deseo primordial como era el acabar con las penurias que llegaban a pasar los aficionados, considerando que el problema podría ser atajado, entre otras actuaciones, consiguiendo una bajada en los precios de las entradas, y ello, pasaba por la construcción de grandes plazas monumentales, con un mayor número de aforo, no sólo en Sevilla, si no en otras muchas capitales de provincia.

Así es como Joselito, junto con sus dos buenos amigos José Julio Lissén Hidalgo y Julián Echevarría, deciden acometer la construcción de una plaza de toros en Sevilla, con cabida para más de 23.000 personas. 

Es en marzo de 1915, cuando se comienzan los trámites para conseguir los permisos correspondientes y redactar el proyecto de la obra, empezándose la construcción de la nueva plaza de toros en el mes de diciembre de dicho año, por el ingeniero vasco Francisco Urcola Lazcanotegui, bajo la dirección del arquitecto sevillano José Espiau y Muñoz. La ubicación de la misma, tiene lugar en unos terrenos propiedad de Lissén, que éste poseía en la zona de Nervión, su estructura es de cemento armado y su estilo sería neoclásico.

Tendidos de la Monumental
El edificio fue sometido a dos pruebas de carga, uno en abril de 1917, hallándose aún en construcción, siendo la carga de 500 Kgs./metro cuadrado, llegándose a hundir una cuarta parte de lo que se llevaba construido. Tras pasar otra prueba con resultado satisfactorio, se inaugura de la misma, el día 6 de junio de 1918, con una corrida de toros en la que participaron Joselito, Curro Posadas y Diego Mazquiarán "Fortuna", lidiando seis toros de Juan Contreras, asistiendo a dicho evento casi 20.000 personas. 

Joselito consiguió, pese a la oposición de gran parte de la sociedad influyente de la ciudad de Sevilla, lograr su proyecto y así abaratar el precio de las entradas del Coso Maestrante, lo que nunca le fue perdonado por quienes ostentaban la propiedad del mismo.
Palco Real

En 1920, se hace con el nuevo coso sevillano, la misma empresa que tenía la concesión de la Real Maestranza de Caballería, quien decide repartir la feria taurina de abril de aquel año, celebrando cuatro festejos en ésta y tres en la nueva plaza.

La muerte de Joselito por cogida del toro "Bailaor" de la ganadería de la Viuda de Ortega, en la Plaza de Toros de Talavera de la Reina, el día 16 de mayo de 1920, es un hecho decisivo para el futuro de la nueva Plaza de Toros Monumental de Sevilla. 

Muerto Joselito, uno de los más grandes e influyente de los toreros de toda la historia, la burguesía y la aristocracia sevillana comienza a desquitarse de las afrentas, que según ellos, habían tenido que soportar por el esplendor reluciente del afamado torero. Nunca supieron perdonar a uno de los más celebres de sus paisanos, el abaratamiento de las entradas en favor de los sevillanos más necesitados.

A la muerte de Joselito, se suma las grandes dificultades económicas por las que atraviesa el importante industrial sevillano, íntimo amigo del torero e impulsor en su día del proyecto, José Julio Lissén Hidalgo, motivado ello, por el revés que sufren sus inversiones en Alemania, al finalizar la primera guerra mundial.

Restos actuales de la Monumental
Todo ello unido y las fuertes presiones recibidas, hacen que el Gobernador Civil de Sevilla, en el año 1921, decrete su clausura por supuestos problemas estructurales. Tras casi diez años clausurada, el 9 de abril de 1930 comienzan las obras para su demolición.

El último festejo que se celebró en ella, tuvo lugar el 30 de septiembre de 1920, con una novillada de la ganadería de Rincón, por los novilleros Maera, Facultades y Joselito de Málaga.

Actualmente los únicos vestigios que se conservan de dicha edificación, es un pequeño trozo de fachada, con una puerta pintada de blanco y amarillo albero, entre las calles Diego Angulo Íñiguez y Óscar Carvallo en el Barrio Sevillano de San Bernardo.



lunes, 1 de enero de 2018

2018: SALTILLO, cien años en manos de la Familia Moreno.


Saltillo, es una de las ramas más directas y más puras, que llega hasta nuestros días, procedente del ancestral tronco de Vistahermosa.
Cuando en 1823, se divide la ganadería del Conde de Vistahermosa en cinco partes distintas, una de ellas, es adquirida por el ganadero jerezano Salvador Varea Moreno, quien dos años después se la vende al sevillano don Ignacio Martín, el que solo la tiene en su poder otros dos años. Don Ignacio Martín se reserva un centenar de reses y vende el resto, al también sevillano don Pedro José Picavea de Lesaca, en 1827.

Don Pedro José Picavea de Lesaca, era un militar retirado, que fue alcalde de Sevilla y que en el término de Utrera, contó con diez fincas arrendadas entre dehesas y cortijos. Fallece prematuramente en 1830, pasando a anunciarse la ganadería a nombre de su esposa doña Isabel Montemayor y Priego, quien se presenta como ganadera en Madrid el 2 de julio de 1832, con divisa blanca y negra, siendo los hermanos Antonio y Luis Ruiz, conocidos por los "Sombrereros", quienes se encargaron de su lidia y muerte. Será a partir de 25 de julio de 1837, cuando de forma definitiva y hasta nuestros días, queden establecidos el blanco y celeste, como colores para la divisa de esta vacada. 
Doña Isabel de Montemayor, fallece el 27 de junio de 1849 y es el primogénito de sus seis hijos don José Picavea de Lesaca y Montemayor, quien recibe la gestión de la vacada, el cual lidia a su nombre por primera vez en Madrid, el 6 de junio de 1850, una corrida estoqueada por Paquiro, El Chiclanero y Cayetano Sanz.
Antonio Rueda Quintanilla "Marqués de Saltillo"

En 1854 y compuesta de unas 800 cabezas, vende la ganadería don José Picavea, al vecino de Carmona (Sevilla) don Antonio Rueda Quintanilla, Marqués de Saltillo, por un montante de 820.646 reales, dándose como señal y parte de pago la cantidad de 80.000 reales y el resto, mediante la firma de una serie de pagarés a un año, garantizando el pago total de dicha compra, mediante la hipoteca de sus fincas "Jinete", "Romeral" y "Cortijo Angorilla", todas en el término de Carmona (Sevilla).
Son los Picavea, quienes en los 27 años que tuvieron esta vacada, los que imprimen al toro de Saltillo, características genuinas que se han conservado hasta nuestros días.
Los toros de Saltillo, se muestran diferentes al resto de los toros que proceden del tronco de Vistahermosa. Sus hechuras, menor esqueleto, flacuchos, sin papada, poco morrillo, pelo cárdeno y astas reducidas tirando a veletas, le hacen distinto al resto de toros del mismo tronco, como distinto es su comportamiento, mucho más agresivo, embestida al paso, muy humillado.
Corrida de Saltillo en la Plaza de Toros de Barcelona. Año 1901
Las diferencias expresadas saltan a la vista, lo que no está nada claro es el por qué de las mismas. Hay quien atribuye esta diferenciación a los Picaveas, que al ser una familia de origen Navarro y haber tenido ganado bravo de casta navarra, pudieron haber mezclado una y otra sangre, con el resultado que ha llegado hasta el momento actual.
La primera vez que se lidian toros en Madrid a nombre del Marques de Saltillo fue el 7 de julio de 1856, en que saltó al ruedo el toro "Gigante" y su lidia y muerte correspondió, a Julián Casas "El Salamanquino".
El 22 de junio de 1878, fallece don Antonio Rueda Quintanilla y hereda la vacada su viuda la portuense doña Francisca Javiera Osborne Böhl de Faber, cuando contaba con 45 años. La Viuda del Marqués de Saltillo, se presenta como ganadera en Madrid el 25 de septiembre de 1881.
Esquela de don Antonio Rueda "Marqués de Saltillo"
En 1905 muere doña Francisca Javiera y la ganadería pasa a manos de su hijo don Rafael Rueda Osborne, Marqués de Saltillo. En manos de don Rafael la ganadería continúa aglutinando éxitos y es demandada por las figuras de la época. En esta etapa, principalmente, es cuando se produce la venta de algunas puntas de vacas al Conde de Santa Coloma y al Marqués de Albacerrada, asi como se exportan algunas cabezas a México, que van a servir para empapar de sangre Saltillo, los potreros de la mayoría de las haciendas bravas mexicanas. 
don Rafael Rueda Osborne "Marqués de Saltillo"
Aunque no de forma oficial, de manera quizás anecdótica, hay que decir que la sangre Saltillo desembarcó en México con anterioridad, viviendo aun doña Francisca Javiera, por expreso deseo del banderillero Manuel Blanco "Blanquito", quien en 1904 llevó hasta allí una corrida de toros para un espectáculo que organizaba a beneficio propio. Llegados los toros a México, "Blanquito" pensó que obtendría un mayor beneficio ofreciéndolos como sementales, padreando en las ganaderías mexicanas de Piedras Negras y Tepeyahualco. Esto trajo consigo un pleito que fue resuelto por la Corte Suprema de Justicia a favor de la Familia Saltillo, que además de acordar la extradición de Blanquito a España, autorizó que finalmente fueran lidiados los seis toros, el 25 de febrero de 1906, en la Plaza México por Lagartijillo, Antonio Fuentes y Antonio Montes. 
don Felix Moreno Ardanuy
Don Rafael Rueda Osborne, contrajo matrimonio con doña Encarnación de Pablo Llorente, hija del también prestigioso ganadero don Felipe de Pablo Romero, de cuyo matrimonio no hubo descendencia. El marqués se dedicó de tiempo completo a la crianza del toro bravo, que era lo que le daba presencia pública y relevancia en el mundo taurino y social de España, a la administración de sus bienes y a gozar de la buena vida. 
Al fallecer don Rafael Rueda Osborne, el día 22 de marzo de 1915, a la edad de 64 años, la ganadería permanecerá en manos de doña Encarnación de Pablo Llorente, casi tres años más, y es en la primavera de 1918, cuando por mediación de su intimo amigo Bombita, el soriano afincado en la Vega del Guadalquivir, don Felix Moreno Ardanuy, compra toda la ganadería con hierro, divisa y antiguedad a la señora viuda del Marqués de Saltillo.
Las 400 vacas con sus crías y todos los sementales, pasan de las tierras de Carmona donde llegaron casi 65 años antes, a la finca "La Vega" en el límite de las provincias de Córdoba y Sevilla, en la que vive y se cuida con esmero esta ganadería por la Familia Moreno, desde hace, este año, cien.
don Alonso Moreno de la Cova
Don Felix Moreno Ardanuy, se presenta por primera vez en Madrid como ganadero, el 28 de junio de 1919, lidiando cuatro toros en la corrida de la Prensa, en un cartel compuesto por Gallito, Belmonte, Varelito y Nacional.
Los éxitos ganaderos de los Saltillos en manos de los Moreno, han sido muchos y muy variados, siendo las más grades figuras del toreo, quienes pusieron sus preferencias en lidiar este tipo de toro, y muchos también los ejemplares de Saltillo, que ofrecieron triunfos en plazas importantes. Estos momentos gloriosos, tendremos oportunidad de ir glosándolos a lo largo de éste año del centenario que comienza.
don José Joaquín Moreno de Silva
Al fallecer don Felix Moreno Ardanuy, el día 19 de junio de 1960, la ganadería se reparte entre sus sucesores, correspondiéndole el hierro a su hijo don Felix Moreno de la Cova. Es a principios de 2013, cuando don José Joaquín Moreno de Silva, nieto de don Felix Moreno Ardanuy, consigue hacerse con el hierro y todos los derechos, al comprar a sus primos, 70 vacas y 30 añojas, así como el semental "Consejote", que le es regalado por Enrique Moreno de la Cova, a la vista del interés que muestra el Sr. Moreno de Silva.
Así los Moreno de Palma del Río, en este año que comienza, pasan a formar parte del ranking de familias, que han tenido en sus manos durante más de cien años, un mismo encaste ganadero de bravo.

martes, 28 de noviembre de 2017

VISTAHERMOSA: La prehistoria de la Ganadería Brava de hoy.

Más del 90% de las ganaderías actuales de bravo, han de encontrar sus origines en la primitiva vacada que formó hacia 1770 don Pedro Luis de Ulloa y Calis, primer Conde de Vistahermosa, quien adquiere a los hermanos Rivas, vecinos de Dos Hermanas (Sevilla), la piara de vacas que éstos había ido formando, comprando reses sueltas o pequeños hatos de sangres distintas, que van ligando y depurando, consiguiendo paulatinamente un gran filón de bravura.

El primer Conde de Vistahermosa traslada el ganado adquirido al cortijo “Salvador Díaz” ubicado en Utrera (Sevilla), Ciudad ésta por entonces paraíso del ganado bravo, pues allí era donde se encontraban erradicados los ganaderos más importantes de aquella época. 

El Conde ayudado por el afamado mayoral Francisco Jiménez  “Curro el Rubio”, que había estado como conocedor en la vacada de los Rivas, realiza una durísima selección mediante tienta por acoso y derribo, desechando lo que él creía que no le serviría y aprovechando las mejores reses, que van a hacer realidad una grandiosa ganadería, raíz de la mayor parte de las que existen en la actualidad.

Consiguen un toro de constitución robusta y de excelente trapío, diferente a los toros del resto de ganaderías, que habían basado su fama en la fuente inagotable de bravura, creada por los frailes cartujos de la Defensión de Jerez de la Frontera, desde el siglo XVI. Los toros “condesos”,
tienen una regular presencia comparados con aquellos grandísimos toros de Cabrera o de Casa-Ulloa, pesan poco, y su poder no es exagerado, de cabeza pequeña y bonitos de lámina, corni-cortos y finos de extremidades. Son bravos y nobles, lo que permite la realización de cualquier suerte, no dando todo su juego en varas, llegando a banderillas y al último tercio ofreciendo las mismas condiciones que cuando aparecían por el chiquero. En cuanto a capas, en los toros de Vistahermosa predomina el pelo negro, en ocasiones, aparece el chorreado en verdugo, cárdeno oscuro y de vez en cuando, también algún castaño melocotón.

El primer Conde de Vistahermosa fallece el 23 de mayo de 1776 en Utrera y sus restos reposan en la Parroquia utrerana de Santa María de Mesa, donde existe una lápida sepulcral, en la nave central, hacía el lado de la Epístola, que reza: “D.O.M. Este entierro es de D. Pedro Luis de Ulloa i Dñª María Tomasa Halcón de Cala su Mg. Condes de Vista-Hermosa i de sus descendientes i sucesores”.

Toma el relevo su hijo don Benito de Ulloa y Halcón de Cala. Durante ésta nueva etapa, se lidian toros “condesos” por primera vez  en Madrid el 2 de agosto de 1790, con divisa escarolada y en abril de 1796 en Sevilla, luciendo divisa pajiza
Iglesia de Santa María de Mesa  Utrera
y blanca. Es también en este tiempo cuando el segundo Conde, víctima de su honradez y formalidad, se ve obligado a pagar el diezmo mediante la entrega de un gran número de añojos y añojas, que van a parar a manos de su vecino y adversario ganadero utrerano don Vicente José Vázquez, que valiéndose de su argucia y habilidad, aquel año de 1790, 
se había convertido en el rematador del diezmo, pasando éste a contar en su vacada con la ansiada sangre condesa, por la que tiempos antes, había llegado a ofrecer cantidades incalculables al Conde, recibiendo siempre a cambio la contestación de “Mis vacas y mis toros, son sólo para mí”.

El segundo Conde de Vistahermosa fallece en Utrera el 17 de noviembre de 1800, en estado de soltería, y le sucede su
Iglesia de Santa María de Mesa en
Utrera
hermano don Pedro Luis de Ulloa y Halcón de Cala, Tercer Conde de Vistahermosa.

Durante su periodo, el tercer Conde ha de hacer frente a la prohibición de las corridas de toros de 1803; vivió a partir de 1808 la ocupación francesa en Utrera, financiando y contribuyendo a armar a los guerrilleros utreranos; ha de sacrificar ganado bravo y manso para paliar la hambruna que padece el pueblo durante la Guerra de la Independencia; el Conde de Vistahermosa y Marqués de Casa Ulloa se ven obligados a regalar los toros que se corren con motivo del cumpleaños de Napoleón, en Sevilla y en Utrera; Vistahermosa y otros dos agricultores, se hacen cargo de la multa de un millón de reales que imponen los franceses al pueblo de Utrera, como consecuencia de actos guerrilleros. Para colmo, finalizada la Guerra, en marzo de 1814, se le abre
Palacio de los Condes de Vistahermosa
un expediente judicial de depuración en el que se le acusa de afrancesado y es detenido. Al final, tras certificar el Cabildo de Utrera el apoyo que el Tercer Conde tuvo hacia la guerrilla, fue liberado y regresa a su pueblo. Las malas cosechas, la subida de impuestos y la renta de tierras improductivas, 
empiezan a hacer mella en su capital. En 1820, tragándose su orgullo y ante una inminente ruina, le propone a Vicente José Vázquez que le compre la finca “Valcargado” y que le permita continuar allí, como arrendatario.

El Tercer Conde, fallece en Utrera a los 70 años de edad, el día 29 de junio de 1821, en estado de soltero y sin descendencia, sucediéndole su hermana doña Luisa de Ulloa y Halcón de Cala, contando ésta la edad de 69 años y de estado civil soltera, como sus dos hermanos, quien en 1823 decide vender la ganadería en cinco partes.
Palacio de los Condes de Vistahermosa

La primera parte y más numerosa, la compra JUAN DOMINGUEZ ORTIZ “el Barbero de Utrera”, de cuya rama se da origen a ganaderías como la de José Arias de Saavedra, Núñez de Prado, Francisco Pacheco, Adalid, Juan Vázquez, Marqués de Villamarta y Marqués de los Castellones.

Otra parte la compra LUIS MARIA DURAN  y ANTONIO MELGAREJO, siendo fruto  de esta rama ganaderías como Marqués de Sales, Anastasio Martín, Manuel Suárez, Dolores Monge, Joaquín Murube y Eduardo Ibarra.

Una tercera,  es adquirida por  SALVADOR VAREA, que da origen a las ganaderías de Ignacio Martín, Pedro Picavea de Lesaca y Marqués de Saltillo.

Otra es adquirida por JOAQUIN GIRALDEZ, dando lugar esta rama a la de Placido Comesaña, Arribas, Jerónimo Martínez Enrile, Ziguri y Concha y Sierra.

Y la quinta y última, la adquiere FERNANDO FREIRE, que dará origen a ganaderías como la de Dolores Zambrano, Justo Hernández, Antonio Hernández y Faustino Udaeta.

Palacio de los Condes de Vistahermosa, hoy
Ayuntamiento de Utrera.
Así se pone fin a 53 años de historia de ésta ganadería en manos de los Vistahermosa (1770-1823).

Con el cruce y refresco de muchas de las ganaderías citadas, nos han llegado hasta nuestros días encastes como Albacerrada, Contreras, Murube-Urquijo, Parlade y sus derivados, Saltillo, Santa Coloma y Urcola.

La casa-palacio de los Condes de Vistahermosa, es adquirida por don Clemente de la Cuadra, rico emigrante indiano a su vuelta de América y es su descendiente don Enrique de la Cuadra y Guibaja, Marqués de San Marcial, quien lo hereda, siendo hoy sede del Ayuntamiento de Utrera.

sábado, 18 de noviembre de 2017

HAY QUE APRENDER DE TOROS



Este  no sale todas las tardes
Se ha terminado otra temporada y como siempre, hemos visto lo que últimamente nos vienen ofreciendo.

En primer lugar, se ha de tener en cuenta, que cada día se torea mejor y que hoy se está toreando como nunca se toreó. Lo conseguido se debe, a que se ha llegado a elaborar un toro apto y apropiado sólo y exclusivamente para el lucimiento del torero, un toro apagado de salida, que hace posible la colocación del torero, de manera que le permite expresar su toreo.

El toro que sale actualmente en casi todas las plazas, por regla general y salvo contadas excepciones, es un animal bobalicón, sin codicia, que va y viene de forma casi programada, con las fuerzas justas en la mayoría de los casos, al que hay que cuidar a lo largo de su lidia y sobre
bajando las manos
todo, en la suerte de varas. Se ha llegado a conseguir un toro ideal para hacer siempre buena faena, justo de casta, sin bravura, sin mucho motor, con nada de violencia. Un animal, rozando lo contrario a lo que debe de ser un toro bravo de lidia. 

Teniendo frente ese animal con esas condiciones, los toreros actuales deberían estar ejecutando el toreo de una manera perfecta, sobre todo aquellos que pueden lidiar este tipo de ganado, las figuras principalmente, que son siempre más cuidadas por las empresas.

Pues pese a que el animal que actualmente se lidia está hecho a favor de obra, osea es un dechado de virtudes para el toreo y para el torero, esa forma casi perfecta de torear no se llega a conseguir y ni tampoco, se persigue conseguirla.

Como se debe picar
Se ha dejado de ver torear con el capote de verdad, cargando la suerte, echando la “pata palante”; hoy día la mayoría de los toreros cuando torean a la verónica, no llevan al toro toreado en el capote, dejan que pase el animal para un lado y otro, a su aire, no le marcan el recorrido que ha de mandar el torero, no le van andando hacia adelante, hacia los medios.

Cuando en algunas ocasiones vemos un quite, muy de tarde en tarde, suelen utilizar lances llamativos, pero poco ortodoxos y mal ejecutados, como por ejemplo, cuando se hace por chicuelinas, que se llevan las manos por encima del hombro en la mayoría de las ocasiones, cuando la verdad, está en bajar las manos y en llevar al animal completamente toreado, dejando los pies totalmente pegados al suelo.

Banderillear por Fax
La suerte de varas se ejecuta siempre mal. Se ha implantado el mono-puyazo, el picar trasero y no rectificar, además de tapar la salida del animal, que está haciendo que el público aborrezca la labor del picador y que incluso, les abucheen antes de que el toro haya tenido contacto con la puya.

Una suerte de varas, bien hecha y dosificada, es uno de los momentos de la tauromaquia más bellos y más importantes de la lidia, que deberíamos mostrar y enseñar continuamente los profesionales y los aficionados, a quienes se interesan por la fiesta.

Asomándose al balcón
En banderillas, aunque actualmente se cuenta con un plantel de buenísimos banderilleros, que casi siempre suelen cumplir bien y con profesionalidad su cometido, solemos padecer la actitud mezquina de algunos espadas, que por costumbre, suelen privarnos del tercer par.

Cada uno por un lado
Cuando son los matadores los que banderillean, es aún peor. Se pierde la esencia de la suerte, no cuadrando en la cara, no sacando los palos de arriba abajo y no asomándose al balcón, abundando las largas y veloces carreras, que se aplauden como si de una prueba física se tratara, sin darle la más mínima importancia al momento preciso en que clava el torero, donde se halla la cabeza del toro, si la misma, pasó de la reunión hace un buen rato.

En la muleta se perdió el ligar uno y otro muletazo. Las tandas se componen por regla general de dos y el de pecho. Nos están acostumbrando a que veamos hacer las faenas con la muleta retrasada, quedándose el pase, no en un lance completo, si no en un medio pase.

Son muy pocas las faenas en las que el matador, deja la distancia correspondiente, cita de frente, adelanta la muleta y trae al toro toreado desde delante, terminado el pase atrás y rematado hacia dentro, lo que va a facilitar la colocación del torero, para poder ligar el siguiente y así cinco o seis derechazos o naturales, que permitirán al espada, a medida que da un pase, ir ajustándose más, para el siguiente y conociendo o pulseando mejor la embestida del animal, siendo ésta la verdad y la grandeza de una buena faena de muleta.

"Pa fuera"
Son muchos los toreros actuales y algunos figuras del momento, que están obteniendo grandes éxitos utilizando un toreo de mentira, en el que se torea desprendido, en línea recta, rematando al toro tras cada pase hacia fuera, colocados siempre fuera de cacho, sin cruzar al pitón contrario, siempre al hilo del pitón, llevando la muleta retrasada, perdiendo el respeto al toro bobalicón, asumiendo riesgos innecesarios ante la bravuconería del animal, el que cuando ve hueco entre la muleta y el torero, opta por decantarse por éste, siendo cogido de manera innecesaria.

Ejercicio circense
En la suerte suprema, la más importante de las suertes que se hacen en el ruedo, porque debe ser de las únicas en las que el torero, pierde la cara del toro, se viene produciendo más de lo mismo. Para ver una estocada con toda la verdad, hay que ver muchas corridas de toros. En la temporada pueden producirse, menos de diez estocadas bien ejecutadas.

Los defectos que todas las tardes vemos en las plazas de toros, si bien el aficionado quizás no, el público general, lo consiente y lo aplaude, por lo que los toreros con ese consentimiento mayoritario que les da el público, se acomodan y arriesgan lo mínimo, no esforzándose en hacer las cosas como Dios manda.

La culpa por lo tanto, es una culpa compartida, entre el torero que no trata de hacer su faena como corresponde, acomodado en la poca o casi nula exigencia del público que pueblan los tendidos dispuestos a divertirse, además de participar en un acto social más de la sociedad
actual. Lo que ocurre en el ruedo es secundario y se valoran más los detalles pintureros o relacionados con la prensa rosa, para la concesión de trofeos y para valorar una faena, que al peso y transcendencia de la faena en sí y del animal que tuvo delante el torero, ya que la mayoría no fue predispuesta para valorar algo tan serio y de tanto calado.

Quienes entendemos un poco de esto, aunque de esto no se llega a entender nunca, estamos obligados a tratar de cambiar las costumbres que han instalado en la tauromaquia, bien de forma espontánea o de manera intencionada, debiendo en todo momento conseguir con razones y argumentos, que quienes se acercan a los toros por los motivos que sean, vayan sintiendo la necesidad de valorar la tauromaquia como algo más especial, con más profundidad, donde concurren valores, elementos y principios dignos de tener en cuenta. Que una corrida de toros, no es solo lo que se aprecia a simple vista, sino que existe algo más allá, un trasfondo, que conociéndolo, apasiona y atrae tanto o más, como la belleza superficial del toreo.