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viernes, 2 de febrero de 2024

ROBO AL CONDE DEL ROBLEDO EL DIA DE LA CANDELARIA DE 1858



El 2 de febrero de 1858, día de la Candelaria de hace 166 años, aconteció en Montoro un suceso que tuvo gran repercusión a nivel nacional, por la importante cantidad de dinero que fue sustraída y sobre todo, por el desgraciado desenlace que, con el transcurrir de los días, tuvo el mismo.

Sobre las siete de la tarde de dicho día, al oscurecer, una partida de experimentados delincuentes venidos de otras tierras, en connivencia con algún miembro al servicio de la casa del noble montoreño, práctica habitual de los malhechores de la época, lograron penetrar enmascarados en la casa del Señor Conde del Robledo de Cardeña, situada en la actual calle Diego Medina de Montoro, esquina con la Plaza de San Miguel. 

Casa del Conde Robledo

Tras atar y amordazar al resto de las personas que trabajaban en la casa, comenzaron a maltratar cruelmente y amenazar con quitarle la vida al Conde, hasta que debilitaron su voluntad, obligándole, tras sustraerle las llaves, a que les sirviera de guía y los llevara al lugar donde guardaba el dinero, sustrayéndole la suma de más de 38.000 duros o lo que es lo mismo, unas 6.000 onzas de oro de aquellos tiempos.

Durante el desarrollo de los hechos, fueron realizados dos disparos en el portal de la casa, para ahuyentar a los vecinos que acudieron a los gritos de “ladrones” y otro tiro más, que se produjo en el interior, con el fin de amedrentar al Conde, para que los condujera hasta el sitio donde guardaba los dineros. 

A pesar de ello y de que los delincuentes, actuaron con mucha osadía y tranquilidad, éstos no pudieron llegar a descubrir la existencia de otro talego conteniendo 6.400 duros, el cual, se dejaron atrás. 

El robo, tuvo una desmesurada repercusión en la prensa en ciernes de aquellos tiempos, además de por la importante cantidad sustraída, por pertenecer la víctima a la nobleza, ser alcalde de esta población y, sobre todo, porque el Conde no llegó a poderse recuperar de aquel lamentable suceso, al provocarle su estado anímico una importante retención de orina, que trajo como consecuencia su fallecimiento el 28 de febrero de 1858. 

Fueron varios los periódicos de la época, los que manifestaban su sorpresa, al no encontrar explicación de cómo en un pueblo importante como Montoro, población casi cerrada por todos lados al estar circundada por el Guadalquivir, con un considerable número de habitantes y contando con miembros de cuerpos de seguridad suficientes, al oscurecer de una tarde de invierno, un grupo de bandidos llevara a cabo tan importante hecho delictivo, con una falta de respeto considerable al sistema gubernamental de aquel tiempo.

LA VICTIMA:

El Condado del Robledo de Cardeña, se crea el día 31 de marzo de 1772 por el Rey Carlos III, para reconocer los servicios a la corona prestados por don Antonio Ciro Camacho-Madueño y Camacho, hermano del que fuera hasta su muerte obispo de Tortosa, don Bartolomé Camacho Madueño, con calle en la Ciudad de Montoro, desde tiempos inmemoriales.

Escudo de los Camachos

Quien sufrió el robo que nos ocupa, fue don JUAN NUÑO DE LARA LOPEZ-OBRERO, IV Conde del Robledo de Cardeña, hijo de don Francisco Nuño de Lara y Berriz de Torres y de la III Condesa del Robledo de Cardeña doña Francisca María López-Obrero y Camacho, de cuyo matrimonio, además de Juan, tuvieron otros dos hijos llamados Victoria y Diego.

Don Juan Nuño de Lara López-Obrero, hereda el título a la muerte de su madre, por Real Carta de sucesión de 29 de mayo de 1850, tomando posesión oficial del Condado el 25 de febrero de 1851. 

El IV Conde del Robledo de Cardeña don Juan Nuño de Lara López-Obrero, ostentaba en el momento de sufrir el robo, el título de alcalde de Montoro, para el que fue nombrado por la Reina Isabel II, el 1 de enero de 1852, permaneciendo en dicho cargo, hasta el día de su muerte el 28 de febrero de 1858. 

Al morir el IV Conde sin descendencia le sucede en el título del Robledo de Cardeña su hermano don Diego Nuño de Lara López-Obrero, que toma posesión del Condado el 24 de septiembre de 1858. 

En el Ayuntamiento de Montoro, al Conde fallecido le sucede como alcalde, don Francisco María del Rosal, que había venido desempeñando el cargo de alcalde segundo desde 1856 y que, cuatro años antes, concretamente en marzo de 1854, sufrió otro robo similar por miembros de la misma partida de delincuentes.

LOS LADRONES:

Comenzada la instrucción de la causa judicial para esclarecer lo ocurrido, enseguida se tuvo conocimiento de la detención de uno de los malhechores, conforme se recoge en el Diario Córdoba de fecha 6 de febrero de 1858, posiblemente, el cómplice perteneciente al servicio de la casa.

Por edicto de 14 de mayo de 1858, el Juez de Primera Instancia don Lorenzo García Santos, identifica e imputa a los presuntos autores del robo cometido en el domicilio del Señor Conde del Robledo y les requiere, para que en el término de nueve días se personen en la cárcel de este Juzgado, para responder de referidos cargos, advirtiéndoles que de no hacerlo el proceso continuará su curso. Tal requisitoria no surtió sus efectos, como era costumbre que ocurriera con las dictadas, contra los numerosísimos bandoleros de aquella época.

De dicho decreto se llega a saber que los autores del robo al Conde del Robledo de Cardeña, pertenecían a una banda que se conocía con el nombre de “Los Paulinos” o “Los Pardillos” integrada por: 

*JUAN VICENTE SANCHEZ DE LEON Y CRUZ ROSA alias “el barbero”, vecino de Granátula de Calatrava (C. Real).

*JOSE AYLLON GONZALEZ alias “Josico", nacido el año 1821 en Bolaños de Calatrava en el Partido Judicial de Almagro (C. Real), de 37 años de edad, padre de seis hijos. Había sido procesado como cómplice en la muerte de un vecino del Moral. 

Bandolero con manta y navaja

*ANTONIO FERNANDEZ SANCHEZ alias “Calixto”, amigo del anterior y nacido en el mismo pueblo, de 36 años de edad, padre de tres hijos, también declarado cómplice en el mismo asesinato que aquel.

*ELIAS ROMERO COELLO, natural de la Aldea del Rey (C. Real), de 41 años, casado con dos hijos, procesado por desacato a la autoridad y por haber acometido a una diligencia en el camino de Valdepeñas.

*JOAQUIN FÉLIX Y MEDINA alias “Paulino”, casado, de 40 años, tenía cinco hijos y era vecino de San Lorenzo de Calatrava (C. Real). Se inició en sus correrías en la partida de su padre PAULINO FELIX, siendo éste, el que dio nombre al grupo de “Los Paulinos”. También se hallaba procesado por desacato a la autoridad y por haber acometido a un coche en el camino de Valdepeñas, como el anterior, y desde el 23 de junio de 1853, estaba fugado de la cárcel de la Puebla de Alcocer (Badajoz), al estar procesado por un delito de robo en cuadrilla.

*RAFAEL FELIX Y MEDINA alias “Paulino”, hermano del anterior natural de Villanueva de San Carlos, desertor del cuerpo de artillería. 

*MANUEL BRIONES BENITEZ de Ajofrín (Toledo), de 40 años y procesado por robo a don Luis Infante. 

El origen de estas partidas de malhechores, hemos de encontrarlo en las guerrillas paramilitares de lugareños, creadas en distintas regiones de España, para combatir a los franceses (1808-1812). Entre 1833 y 1840, muchos de aquellos guerrilleros, volvieron a retomar las armas para apoyar al pretendiente al trono de España Carlos IV, hermano del rey Fernando VII, durante la primera guerra carlista.

Esta primera guerra carlista, tuvo una especial incidencia en la provincia de Ciudad Real, donde produjo una serie de procesos sociales que fueron difícil de controlar, provocando una importante división entre los ciudadanos en general y en determinados núcleos de población, como ocurrió en la comarca de Mestanza, de la que procedían la mayoría de los delincuentes antes expresados

Los grupos de bandoleros ciudadrealeños proliferaron en cantidad y de ahí crearon su leyenda partidas como las de “Palillos”, “El Feo Cariño”, “Castrola”, “Orejita”, “Moraleda”, “Los Juanillones”, “Los Purgaciones”, “Farruco”, “El Mamón”, etc.

La partida de “Los Paulinos” en un principio conocida como “Los Pardillos”, tuvo su mayor actividad a partir de 1850, osea una vez finalizada la segunda guerra carlista. 

Urbano de la época 

El primer hecho criminal perpetrado por el grupo del que se tienen noticias, ocurre el 9 de marzo de 1850, sobre las diez de la mañana, cuando asaltaron la diligencia Madrid-Sevilla, entre Santacruz de Mudela y El Visillo de Almuradiel, en la que viajaba el general don Anselmo Blaser San Martín, apoderándose del dinero, alhajas y ropas de todos los viajeros. Este robo se llevó a cabo con la máxima tranquilidad, tardando en su ejecución dos hora y media, ya que los autores del crimen, estuvieron esperando que llegara a aquel lugar, la diligencia Granada-Madrid, cuyos viajeros fueron igualmente desvalijados de sus pertenecías, joyas y dineros. Los autores de este atraco fueron Joaquín Félix, Elías Romero, Luciano Molina, Francisco Valencia y el padre del primero del que tomaba el nombre la partida, Paulino Félix, que tenía entonces la edad de 52 años y una característica peculiar, pues contaba con seis dedos en una mano. 

Sobre las 7 de la mañana del 20 de marzo de 1850, hallándose ejerciendo funciones propias del cuerpo el teniente de la Guardia Civil don Castor Álvarez y nueve agentes, por las inmediaciones de la sierra la Gallega en Calzada de Calatrava, dieron el alto, a fin de identificarlos, a Luciano Molina y Francisco Valencia, quienes se dieron a la fuga y en el tiroteo que mantuvieron, resultaron los dos delincuentes muertos.

José María Hinojosa "El Tempranillo"
El 7 de julio de 1852, la Guardia Civil rodea la cueva de la Cabrera del Friscar en Villanueva de San Carlos (C. Real), al haberse recibido una confidencia de que en la misma se hallaban al menos dos bandoleros. Manda el operativo el mencionado teniente don Castor Álvarez, auxiliado por el Alcalde de El Pardillo, por el Cabo 1º don Juan Alvarado y los Guardias Civiles don Antonio Moreno, don José Vila y don Gregorio Muñiz. Estos cuatro últimos, fueron comisionados para que se adentraran en la cueva, con las prevenciones correspondientes, puesto que los bandoleros, estaban armados con pistolas, escopetas y navajas. Tras conversar los miembros de la Guardia
Civil con los delincuentes, estos hicieron entrega de sus armas a los agentes, quienes procedieron a su detención, resultando que los mismos eran, Paulino Félix y su hijo Joaquín Félix Medina, conocidos por aquella época aún por el alias de “Los Pardillos”. Estos fueron acusados de robo e ingresados en la cárcel del partido judicial de Almodóvar del Campo (C. Real). Desde este momento desaparece de las correrías el mítico Paulino, del que no volvió a saberse nunca nada más.

En la madrugada del 23 de junio de 1853, Joaquín Félix Medina, se fuga de la cárcel del partido judicial de la Puebla de Alcocer (Badajoz), donde había sido trasladado para responder del delito de robo en cuadrilla, que allí se le acusaba. 

Se rehace la partida, siendo padecidas sus correrías en las comarcas del norte de Córdoba y Andújar, en las que se suceden los continuos robos y secuestros.

Por su interés, hemos de referir el que tuvo lugar en el mes de marzo de 1854, cuatro años antes, que el robo que nos ocupa al Conde del Robledo de Cardeña. En esta ocasión, la victima de robo y secuestro es también un montoreño, concretamente el rico e influyente don Francisco María del Rosal, quien en 1858 sustituiría al Conde, al frente del Ayuntamiento de Montoro, como alcalde. Estos hechos fueron perpetrados por Joaquín Félix Medina, su cuñado Elías Romero y Juan Manuel Mendoza alias “El Estrecho”.

Por sentencia dictada en Consejo de Guerra el 9 de diciembre de 1854, el Capitán General de Andalucía, condenaba a muerte a Joaquín Félix Medina, su cuñado Elías Romero y Juan Manuel Mendoza alias “El Estrecho”, por la perpetración del robo y secuestro sufrido por don Francisco María del Rosal. Pena que no pudo llegar a materializarse, puesto que todos se hallaban en paradero desconocido.

En referida sentencia, también se condenaba a cadena perpetua, por pertenecer a la partida de “El Estrecho”, a un vecino de Villanueva de Córdoba, llamado Juan Mateo Camacho. Como cómplice y encubridor del secuestro y el robo del montoreño, igualmente fue condenado a siete años de presidio el secretario del Ayuntamiento de Conquista, Manuel Pablo. Lo curioso de la sentencia, es que en dichos hechos estuvo acusado un individuo de Montoro, llamado Domingo Fimia, el que, tras la celebración del juicio, fue absuelto, como igualmente lo fueron, el alcalde primero y segundo del Ayuntamiento de Conquista, Sebastián Cabrera y Diego Romero, quienes también estuvieron imputados en referida causa.

El 17 de marzo de 1855, vuelve a actuar la partida de “Los Paulinos” en las proximidades de nuestro término municipal, concretamente en la finca “Ojuelos” en la sierra de Andújar, fueron secuestrados don Antonio Cobo, don Jerónimo de la Cal y un hijo de éste, mientras cazaban. Tras más de diez días, fueron puestos en libertad, una vez sus familiares pagaron la cantidad de 12.000 duros.

Diego Corriente

Son muchos y variados los acontecimientos delictivos que suceden al secuestro anterior y que son llevados a cabo, por esta banda de malhechores. Solo como dato interesante para este trabajo, señalar que la primera vez que se detecta la participación de Rafael Félix Medina, hijo también de Paulino Félix, en este tipo de actuaciones criminales, tiene lugar entre el 20 de agosto y el 5 de septiembre de 1855, en la ermita de San Andrés en el término municipal de El Viso, donde secuestraron a don Manuel Garrido, don Vicente Merlo y su hermano don Manuel Merlo. Además de Rafael, intervino su hermano Joaquín Félix Medina, el cuñado de éstos Elías Romero y Luis de Luna alias “Charandel”
.

Añadir que, al poco tiempo de decretarse la busca y captura de los autores del robo en el domicilio en Montoro del señor Conde del Robledo de Cardeña, la que fue promulgada el 14 mayo de 1858, el Gobierno de la época les concedió el indulto, a instancia del señor Gobernador Civil de Toledo, ante quien entregaron sus armas y caballos los bandoleros, en la creencia que, con ello, iban a librar a la sociedad de los abusos de aquellos peligrosos facinerosos.

El indulto se les concede el día 15 de julio de 1858, a los siguientes bandoleros: José Ayllón González, Antonio Fernández Sánchez, Joaquín Félix Medina, Manuel Briones Benítez, Elías Romero Coello, Rafael Félix Medina, Juan Vicente Sánchez de León Cruz Rosa, todos ellos autores del robo sufrido por el Conde del Robledo de Cardeña, y también, a Juan Pizarro, Valeriano Pasamontes Peñasco, Rafael Calvo Hernández, Saturnino Serrano Menor y Anselmo López.

Casa Conde de Robledo

Además del perdón de todos sus desmanes, algunos fueron colocados en cargos públicos, como por ejemplo, José Ayllón González alias “Josico", fue nombrado Guarda Mayor del Valle de Alcudia, perteneciente a la Corona de España, Antonio Fernández Sánchez alias “Calixto” se le nombra sobre-guarda del mismo lugar y los hijos de ambos son colocados como guardas del Valle. Quienes fueron además condecorados con la Cruz de Caballeros de Isabel la Católica, por prestar servicios de guías a una columna al mando del coronel del Amo, con motivo de una intentona carlista, en una escaramuza militar llevada a cabo por el lugar donde ejercían sus empleos como guardas. 

Estos indultos, no lograrían el objetivo que perseguían, puesto que en marzo de 1873 se tiene conocimiento que alguno de los indultados, volvieron a sus andanzas, ya que “Los Paulinos”, vuelven a delinquir en Montoro. 

En esta ocasión, se trasladaron a un molino del Pago del Madroñal, con el fin de secuestrar a tres importantes y ricos propietarios montoreños. En el lugar de los hechos, solo encuentran al propietario del recinto aceitero, don Manuel Benítez Romero, a quien secuestran y por cuyo rescate, pidieron 50.000 duros. Los familiares de este solo pudieron conseguir reunir 1.500 duros, osea 30.000 reales, que enviaron al lugar señalado para la entrega. Posiblemente, don Manuel Benítez Romero, pudo escapar de la vigilancia de sus captores y se presentó libre en Bailén, unos días después. 

La Guardia Civil al mando del capitán Roldán Pérez, persigue a la partida autora del secuestro del señor Benítez Romero y al poco tiempo, el Juzgado de Montoro, dicta orden de busca y captura, en un primer momento, contra Gregorio Mazoretas y Viñas alias “Rabanero”, natural y vecino de Mestanza, viudo, jornalero, de entre 46 a 48 años, de buena estatura, barba poblada, ojos pardos y ordinariamente enfermos y colorados, vestía con pantalón, chaleco y chaqueta de paño negro, botillos de becerro blanco y sombrero calañés.

Posteriormente, se emite también orden de búsqueda contra José Félix alias “Pipiolo”, el menor de “Los Paulinos”; contra Ramón Nogueras Hernández alias “Dongos”; José Bastante Navas alias “Tronera”; Castor Bastante Navas alias “Tronera”; y Rafael Félix Medina alias “Paulino”; todos ellos vecinos de Mestanza (C. Real).   

Por el secuestro de don Manuel Benítez Romero, fueron condenados a cadena perpetua Ramón Nogueras Hernández, José y Castor Bastante Navas y a doce años de prisión Rafael Félix Medina, entre otras condenas. Condenas que cayeron en saco roto, al estar todos ellos en paradero desconocido.

Pocos meses después del secuestro de don Manuel Benítez Romero, el 13 de octubre de 1873, se produjo el que sería el último hecho delictivo atribuido a “Los Paulinos”, el cual tuvo lugar en Torre de Juan Abad (C. Real), donde asaltaron al rico terrateniente don Juan Tomás de Frías, al que le sustrajeron también una importante cantidad de dinero. 

El hostigamiento incesante de la Guardia Civil, ante estos últimos graves sucesos, trajo como consecuencia que la partida de “Los Paulinos” se separara, siendo la mayoría de ellos apresados, pasando a cumplir largas condenas en el penal de Cartagena. 

Actriz María Félix
Sin embargo, alguno de ellos, como Rafael Félix de Medina alias “Paulino”, pese a haber contraído matrimonio en Mestanza con Sandalia Adán en 1860, tener descendencia con ella y regentar una posada con mesón, en la calle Carnicerías de referida localidad[1], logró llegar hasta Galicia, donde embarcó rumbo a México con su parte del botín del robo de Torre de Juan Abad. En su pueblo existió siempre la leyenda popular, que atribuía a este bandolero, la paternidad de la bella actriz mexicana María Félix.

Quizás los hechos ocurridos el 2 de febrero de 1858 en Montoro, no puedan tener la consideración de ser el acontecimiento delictivo más importante del siglo XIX en España, puesto que en aquellos últimos años de desintegración del imperio, momentos llenos de constantes convulsiones políticas y de luchas intestinas, eran muchos y muy similares los que ocurrían todos los días, pero analizando las circunstancias peculiares y particulares que convergen en Montoro, como el montante de dinero sustraído, que el delito fue perpetrado a una persona miembro de la nobleza, que además, era Alcalde de la Ciudad, y que por ende, le costó su propia vida, sí podemos afirmar que fue uno de los que más eco y repercusión tuvo, en la sociedad española de aquellos tiempos.

autor: Lorenzo Ruiz Leiva.

Bandolero dejando atado un secuestrado



[1] Sandalia Adán, esposa de Rafael Félix Medina, existen noticias que aún era la regente del mesón referido en el año 1902 y que dicho establecimiento, en 1962, todavía seguía ofertando servicios, como mesón y posada, bajo la dirección de Santos Félix, un descendiente del legendario “Paulino”.

BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES DOCUMENTALES

BOLETIN OFICIAL DE LA PROVINCIA DE CORDOBA: 19-05-1858

DIARIO CORDOBA: 28-03-1854, 02-12-1854, 17-12-1854, 06-02-1858, 10-03-1858, 13-03-1858.

EL CLAMOR PÚBLICO: 05-03-1858,

EL CONTEMPORANEO: 19-12-1861

LA CORONA: 14-09-1858.

LA DISCUSION: 16-07-1858. 

LA EPOCA: 06-01-1852, 10-02-1858, 09-03-1858, 17-05-1858, 17-07-1858,13-01-1859.

LA ESPAÑA: 14-04-1857, 07-03-1858, 09-03-1858, 02-05-1858.

LA ESPERANZA: 08-01-1858.

LA IBERIA: 06-03-1858.

“Bandoleros Los Paulinos” de Miguel Martín Gavillero. 

sábado, 12 de octubre de 2019

MONTORO: 175 ANIVERSARIO CON LA GUARDIA CIVIL


Pareja de Guardia Civil de los primeros años de su creación
Ante la incapacidad para proteger el orden público, a las personas y los bienes de los ciudadanos honrados y pacíficos, en una España totalmente sometida a continuos robos en calles y casas, perpetrados por gavillas de paramilitares y bandas de salteadores de pueblos y caminos, que hacían intransitables las vías de comunicación e imposible el libre comercio entre diferentes zonas de España con el consiguiente perjuicio económico, por Real Decreto de 28 de marzo de 1844 la Reina Isabel II decide la creación del Cuerpo de la Guardia Civil.
La Guardia Civil, es concebida como un Cuerpo Especial de Fuerza Armada de Infantería y Caballería, bajo la dependencia del Ministerio de Gobernación en cuanto a la realización de su servicio peculiar y su movimiento, dependiendo a la vez del Ministerio de la Guerra, en lo relativo a su organización, personal, disciplina, material y percibo de sus haberes. 
Refriega entre bandoleros y Guardia Civil.
Para que se encargue de la puesta en funcionamiento de este nuevo cuerpo, es designado el Mariscal de Campo don Francisco Javier Girón y Ezpeleta II Duque de Ahumada, quien pone como reto primordial que la formación de la Guardia Civil, se ha de hacer de forma escalonada y selectiva, atendiendo sobre todo a un ambicioso principio de calidad que garantice la excelencia del Guardia Civil, al estar plenamente convencido de que “servirían más y ofrecerían más garantías de orden cinco mil hombres buenos, que quince mil, no malos, sino medianos que fueran.”
Tras la promulgación de los Reales Decretos de 13 de abril y de 13 de mayo de 1844, comienza de inmediato el reclutamiento de los que serían los primeros Guardias Civiles de la Historia de España, quienes fueron concentrados en las instalaciones militares existentes en Vicálvaro (para Caballería) y Leganés (para Infantería), comenzando un exhaustivo periodo de instrucción desde primeros de junio hasta últimos de septiembre de dicho año.
El 1 de septiembre de 1844, día que es designado Inspector General de la Guardia Civil el Duque de Ahumada, se produce la presentación oficial del nuevo Cuerpo mediante un desfile militar en el que participan 1.870 Guardias Civiles, que sorprendieron por su marcialidad y nueva uniformidad, de la que se distinguía de manera especial la prenda de cabeza, un original sobrero de tres picos de origen francés “El Tricornio”, el que con el tiempo se convertiría en el icono más representativo del Cuerpo.
Duque de Ahumada
Esta primera promoción estaba compuesta por un total de 6.015 hombres (5.769 Guardias, 232 Oficiales y 14 Jefes), distribuidos por 14 Tercios cuyas capitales eran Madrid, Barcelona, Sevilla, Valencia, La Coruña, Zaragoza, Granada, Oviedo, Cáceres, Pamplona, Burgos y Vitoria, quedando en proyecto inmediato la creación de los dos tercios restantes, en Baleares y Canarias.
El reparto de los guardias civiles por las diferentes provincias, se comenzó el 25 de noviembre de 1844, quedando la planta definitivamente fijada el 20 de diciembre del mismo año.
A la zona occidental de Andalucía fue destinado el 3º Tercio mandado por el Coronel de Caballería don José de Castro, el que tras pasar la primera revista de comisario en Alcalá de Guadaira, lo distribuyó de la forma siguiente: 1ª compañía a Córdoba, 2ª a Sevilla, 3ª a Cádiz y la 4ª a Huelva. La compañía de caballería fue distribuida de manera proporcional por cada una de las provincias. Este tercio lo componían 537 Guardias, 21 Oficiales y 1 Jefe que a su vez se fueron distribuyendo atendiendo a tres directrices, como eran, que todos los pueblos del reino estuvieran adscritos a un Puesto de la Guardia Civil, que quedaran cubiertas por estos Puestos todas las Cabezas de Partido Judicial, y por último, que la diseminación no trajera como consecuencia una dispersión inadecuada a la clase de servicio que se pretendía prestar.
Por medio de la Real Orden de 28 de septiembre de 1861, se produce una nueva redistribución de efectivos, manteniéndose el mismo número de Tercios, pasando el tercio de Andalucía Occidental a denominarse 4º Tercio, al que además de las cuatro compañías que en un principio se le asignó, fue dotado con dos escuadrones de caballería.

LA GUARDIA CIVIL EN MONTORO:
No me ha sido posible localizar información fehaciente de la fecha concreta que la Guardia Civil llega a instalarse en nuestro pueblo. Ello quizás, porque desde entonces y hasta no hace muchas décadas, los Agentes de la Guardia Civil era destinados a las Comandancias existentes en las Capitales de Provincia, desde donde el Jefe de la misma, a su vez, indicaba o destinaba al Agente al pueblo que consideraba oportuno, con arreglo a las necesidades del servicio.
Guardia Civil en servicio de correrías
Lo que sí se puede afirmar, es que en Montoro hubo destinado un destacamento de la Guardia Civil desde el primer momento, al tener que estar cubiertas por miembros del nuevo Cuerpo, todas las Cabeceras de Partido Judicial y Montoro lo era, desde que fueron creados los Juzgados de Partido Judicial en España, por Real Decreto de 21 de Abril de 1834.
Debe suponerse, que al ser disuelta la llamada Milicia Nacional y absolver sus competencias la Guardia Civil, ésta ocupara los cuarteles que dicha Milicia ostentaba, en el caso de Montoro, situada en dependencias del antiguo Convento Carmelita, donde ahora está el Casino Primitivo. Pero esto no deja de ser una mera conjetura.
Existe constancia documentada de que en fecha 28 de mayo de 1845, osea unos seis meses después de que comenzara el despliegue inicial de Guardias Civiles por España, en Montoro ya existían Fuerzas del Benemérito Instituto, como lo prueba el hecho de que ese día el Juez de Primera Instancia de esta Ciudad don José Miguel Henares Amico, se auxilia de Agentes de la Guardia Civil y se desplaza hasta Adamuz y Villafranca de Córdoba, procediendo a la detención de siete malhechores por su participación en varios robos y atentado sobre la vida de un arriero, los que fueron conducidos hasta la Cárcel del Partido situada en la calle Cervantes (hoy Molino), donde permanecieron hasta ser Juzgados y ejecutados cuatro de ellos en la Plaza Mayor (hoy Plaza de España) de Montoro, el 13 de agosto de 1845. Los otros tres, al día siguiente y tras haber presenciado la ejecución de sus compinches como disponía la sentencia, fueron conducidos por la Guardia Civil hacía los penales españoles en el norte de África, para que cumplieran la pena privativa de libertad que le había sido impuesta.
Casa Cuartel calle Diego Medina nº 18
En la obra escrita en 1865, por el doctor don Leopoldo Martínez de la Reguera, titulada “Reseña Histórico Descriptiva de la Noble, Leal y Patriótica Ciudad de Montoro”, éste nos indica que en esta Ciudad, tenía su residencia el Capitán que mandaba la 2ª Compañía del 4º Tercio de la Guardia Civil.
Pese a la búsqueda llevada a cabo y al dilatado periodo de tiempo que la Guardia Civil lleva vinculada a Montoro, no me ha sido posible conseguir información sobre las diferentes ubicaciones de las Casas Cuartel en Nuestro Pueblo.
En un trabajo del Cronista Oficial de Montoro don José Ortíz, publicado en la página web de la Real Asociación Española de Cronistas Oficiales, se hace constar que en la posguerra y en la calle Rosario, en una de las casas del poyato existente en los números 16-18, estuvo ubicado un Cuartel de la Guardia Civil.
Tirando de memoria recuerdo, como hasta finales de los años sesenta y principios de los setenta del siglo pasado, la Casa Cuartel se ubicaba en el número 18 de la Calle Diego Medina, hoy convertida en casa de vecinos, teniendo las cuadras para los caballos junto al Arco en la Plaza de San Miguel, posiblemente, las pertenecientes al Conde de Robledo.
Casa-Cuartel de Dr. Fleming nº 2
Hasta 1965 aproximadamente, también hubo en la calle Santos Isasa nº 42, en la Fonda La Paloma propiedad del Señor Linde, lo que se denominaba “el Cuartel Chico”, en cuyas dependencias residían Guardias Civiles, al no poder alojar la Casa Cuartel principal, el número de Agentes que por entonces había en Montoro.
Por Decreto 4316 de 24 de diciembre de 1964 del Ministerio de la Gobernación y por el régimen de viviendas de renta limitada, se acuerda la construcción de un nuevo acuartelamiento, con un presupuesto de 2.817.244´70 pesetas (16.931´98 euros), de cuya cantidad total, el Ayuntamiento de Montoro aportó la suma de 240.000 pesetas (1.442´43 euros) y el solar situado en la actual Avenida de Doctor Fleming nº 2, valorado en 108.846´36 pesetas (654´18 euros).
Miembros del Grupo de Reserva y Seguridad (GRS) creados en 1988
En el mes de Julio de 2009 comienzan las obras de restauración de la Casa Cuartel de Dr. Fleming, con un presupuesto de 2.537.000 euros financiado por el Gobierno Central y la Junta de Andalucía, siendo mientras trasladado el Puesto de la Guardia Civil a la calle El Carpio, a un edificio propiedad del Ayuntamiento que había sido ocupado anteriormente por la Escuela Taller. Este proyecto de restauración de la Casa Cuartel construida a finales de los años sesenta del siglo pasado, contempló la construcción de dos edificios, uno para el desempeño de las tareas propias del Cuerpo, este de nueva planta, y otro destinado a pabellones-viviendas, mediante la rehabilitación del inmueble antiguo, quedando con ello aumentado el espacio útil del edificio en 2.000 metros cuadrados.
Servicio Proteccion Naturaleza (SEPRONA) creado en 1988
El Pleno del Ayuntamiento de Montoro, en sesión celebrada el 26/06/2018 acordó por unanimidad, interesar del Gobierno Central la creación de un Puesto Principal dotado de áreas específicas de prevención, investigación y atención al ciudadano, así como la creación de un Equipo de Policía Judicial.
Desde esta revista y al cumplirse el 175 aniversario de la estancia en Montoro de la Guardia Civil, los montoreños estamos obligados a reconocer y agradecer públicamente la ejemplar labor que los miembros del Cuerpo han desarrollado en nuestro pueblo en todo este tiempo, desde el respeto a la Ley y el Orden.
Sirva igualmente este momento, para homenajear a los muchos Agentes de la Guardia Civil que han prestado servicio en Montoro, a sus esposas como bastión sin recompensa en las que descansan muchas veces, la fatiga constante por el cumplimiento del deber, y a sus hijos, que han sabido estar en nuestro pueblo e integrarse con nosotros en nuestras costumbres y tradiciones; todos ellos, fieles al principio del Honor inculcado por Ahumada, sabedores de que es un concepto primordial en toda relación humana, convencidos de que una vez perdido, no se recobra jamás.
Permitidme un recuerdo particular a don Bartolomé Jurado Cantizano, Guardia Civil de siempre y para siempre, que hace unos meses nos dejó para ponerse a las órdenes del más Alto General, del General de Cielos y Tierras, desde donde como siempre continuará vigilante en su servicio, para hacernos más llevadero nuestro discurrir por el sinuoso camino diario de la vida. 

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Muchas Felicidades 
en el 
día de la Patrona
2019


Himno de la Guardia Civil:



lunes, 15 de julio de 2019

MONTORO: JUSTICIA IMPLACABLE

El 20 de mayo de 1845, en el sitio conocido como "Los Ríos de Varas" término municipal de Adamuz (Córdoba), en las proximidades del camino que desde ésta población conducía a Pozoblanco, tuvo lugar un robo en el que resultó herido de gravedad por arma de fuego al recibir dos tiros, uno de los arrieros que procedentes de El Viso (Córdoba) transitaban portando mercancías por aquel lugar. Dicho arriero aun cuando recibió doce heridas en total, pudo salvar su vida milagrosamente, quedándole como única secuela, la perdida de la visión de uno de sus ojos. Los demás arrieros que le acompañaban, resultaron heridos de consideración por los golpes y malos tratos recibidos y uno de ellos, con lesiones graves al recibir varios golpes en la cabeza.
Panorámica Ríos Varas de Adamuz
Por la forma de actuar y por el número de personas que participaron en su autoría, pronto se llegó a la conclusión de que estos hechos podían guardar relación, como así se demostró, con otros similares que habían tenido lugar el 18 y 19 de agosto del 1844 en el Arroyo de las Dos Hermanas en el Camino de Córdoba, y el 10 de abril anterior en las proximidades donde cuarenta días después, ocurrió el hecho criminal que nos ocupa.
En Montoro y desde el 1 de mayo de 1844, venía desempeñando funciones como Juez de Primera Instancia don JOSE MIGUEL HENARES AMICO, profesional experimentado, diligente y muy celoso del cumplimiento de la Ley, el que tan pronto tuvo conocimiento de lo ocurrido y al ser el Juez competente, ya que los hechos habían ocurrido en su Partido Judicial, al que pertenecían por entonces, además de Montoro, las localidades de Adamuz, Villa del Río y Villafranca de las Agujas (hoy Villafranca de Córdoba), no dudó un instante en desplazarse al lugar de los hechos, acompañado del Promotor Fiscal Señor Gutiérrez y auxiliado por miembros del recién creado cuerpo de la Guardia Civil. 
A lomos de caballerías, con la rapidez que requería el caso y sin atender a las inclemencias del temporal que reinaba en la comarca en aquel momento, dicho Juez junto con sus acompañantes, se constituyó en el lugar donde aceció el acto delictivo y tras recoger los testimonios de los testigos que presenciaron lo ocurrido y las pruebas que consideraron pertinentes, pusieron rumbo hacia Adamuz y posteriormente a Villafranca.
Arrieros junto al Río Varas de Adamuz
La activa y enérgica actuación judicial llevada a cabo, permitió la práctica de los reconocimientos correspondientes, los que dieron como resultado el descubrimiento en casa de los autores, de los bienes que habían sido sustraídos, procediéndose a la aprehensión de los mismos, así como a la detención de DIEGO ORTEGA de 25 años, natural de Arjonilla(Jaén), casado, conocido con el alias de "Diego el de Andújar"; DIEGO GIL de 34 años, natural de Mojacar (Almería), casado y domiciliado en Villafranca; FRANCISCO BATANERO de 35 años, casado, natural y vecino de Villafranca; JUAN CASADO de 48 años, casado, natural y vecino de Villafranca; JUAN MARTIN JURADO de 52 años, casado, natural y vecino de Villafranca; FRANCISCO VELEZ de 40 años, casado, natural y vecino de El Carpio (Córdoba); y al que ostentaba la jefatura de la gavilla, llamado ANDRES GONZALEZ alias "El Madrileño" de 58 años, casado, nacido en Mentrida (Toledo) y vecino de Bujalance (Córdoba), éste famoso delincuente que desde el año 1814, había venido perpetrando hechos similares por varios sitios de la península y sobre todo en la provincia de Córdoba, por lo que había cumplido prisión hasta el año 1840, en que fue puesto en libertad. 
Guardia Civil de la época que auxilio al Juez Henares
Los detenidos relacionados, fueron conducidos por los Agentes de la Guardia Civil que auxiliaban al Juez Henares, desde Villafranca de las Agujas (hoy Villafranca de Córdoba), hasta la Cárcel del Partido situada en Montoro en la calle Cervantes (hoy calle Molino), la cual había sido recientemente edificada en dependencias del desamortizado Convento de los Carmelitas descalzos ubicado en la Plaza del Charco, donde previa entrega del correspondiente mandamiento de prisión firmado por el Juez Henares, que encabezaba la comitiva, fueron ingresados en calidad de presos y a las resultas de la celebración del juicio correspondiente.
La dedicación que el Juzgado de Montoro con su Juez a la cabeza desarrolló, quedó patente en el hecho de que el sumario con casi 300 folios, fue declarado concluso en menos de 30 días y fijada la celebración del juicio, para la mañana del día 27 de junio de 1845, en la recién aperturada nueva Sala de Audiencia construida en el Convento de Carmelitas descalzos, contigua a la nueva Cárcel del Partido, la que fue inaugurada el día 15 del anterior mes de mayo y a la que se accedía, por la puerta del actual Circulo Primitivo.
El juicio se celebró con la concurrencia de los encausados, con la presencia de numerosísimo público montoreño y de otras personas venidas de fuera. En él se constató la indudable participación de todos y cada uno de los siete acusados, de los cuales cuatro se declararon autores de los hechos imputados y los otros tres, aun cuando no reconocieron su autoría, de las pruebas y testimonios que se llevaron a cabo, quedó probada legalmente su participación. 
Dibujo que  recrea las diligencias judiciales del Juez Henares
La sentencia dictada por el Juez Henares Amico fue una sentencia implacable,  siendo condenados Andrés González, Diego Ortega, Diego Gil y Francisco Batanero a la pena capital de muerte por garrote, y al resto, osea Juan Casado, Juan Martín Jurado y Francisco Vélez a la pena de privación de libertad a cumplir en los presidios de África y presenciar la ejecución de los condenados a muerte.
Ratificada la sentencia por los Tribunales de la Capital, osea por los de Córdoba, el 13 de agosto de 1845 se procedió a dar cumplimiento al fallo de la misma. Por lo que conforme a lo dispuesto en los artículos 31 a 46 del Código Penal de 1822, vigente en la época, días antes en la Plaza Mayor (actual Plaza de España), se procedió a la fabricación de un cadalso de color negro y sin adornos. 
El señalado día 13, a Montoro habían concurrido para presenciar aquel deleznable acto, un gran gentío procedente de los pueblos de los alrededores y muchos otros montoreños que venidos desde el campo donde residían habitualmente, llegaron atraídos por la curiosidad y por el hecho de que tuvo que transcurrir 21 años, para que se aplicara en Montoro castigo tan ejemplar, por la justicia ordinaria. Los paradores y posadas se hallaban al completo y los establecimientos de bebidas totalmente concurridos, desde el día anterior.
Cadalso y garrotes dispuestos para la ejecución
Entre las once y las doce de la mañana, los cuatros reos condenados a muerte y como estaba legalmente establecido, fueron conducidos desde la Cárcel del Partido hasta la Plaza Mayor donde les esperaba el cadalso y sobre él, un instrumento o garrote con el que se había de ejecutar la pena, maniatados y subidos en mulas, proclamándose cada 300 pasos los crímenes cometidos y por los que se les iba a aplicar tan dura pena.
El resto de condenados, que debían presenciar su ejecución como estaba recogido en la sentencia, marchaban detrás en dicho cortejo, hasta ocupar un lugar preferente ante el cadalso.
Durante el tiempo que los cuatro condenados a muerte permanecieron en la capilla, mostraron diferentes formas de afrontar lo que se le venía encima. 
Así Diego Gil y Diego Ortega, desde el mismo momento en que le fue notificada sentencia, se mostraron afligidos y arrepentidos, solicitando su entrevista con el Juez y Fiscal, a quienes pidieron perdón y confesaron otro robo de unas caballerías, para evitar que por este hecho fuera condenado otro preso, que se hallaba en la cárcel de Montoro, todo ello, antes de recibir la Sagrada Eucaristía. 
Confortados con auxilio religioso recibido, subió Gil al patíbulo con un gran valor e impresionante entereza, suplicando perdón al público allí presente y aconsejándoles que se abstuvieran de cometer ningún delito, para no verse en el penoso momento que él se encontraba. Por el contrario, Ortega subió al patíbulo casi sin fuerzas, con los rasgos totalmente pálidos y sin pronunciar palabra. 
Los otros dos reos, González y Batanero, pese a que ejercieron todas las diligencias como cristianos, siempre manifestaron estar convencidos de que aun cuando fueron muchos y muy graves los delitos por ellos cometidos, no merecían haber sido condenados a la última pena. González estando en capilla, aún se arrepentía de no haber dado muerte a su compañero Diego Gil, a quien en el último robo lo tuvo encañonado con su escopeta y al que acusaba de haberles delatado, así como de no haber apuñalado al Juez Henares que tan cerca lo tuvo el día que prestó declaración.
La afluencia de tanta gente a la plaza, no trajo consigo desordenes de ningún tipo, al revés, en todo momento los asistentes a la ejecución, mostraron sus sentimientos de acatar el cumplimiento de las penas impuestas.
Traslado de presos a los penales del Norte de África
Los tres condenados a presidio tras presenciar las cuatro ejecuciones, salieron al día siguiente con destino a los establecimientos penitenciarios situados al Norte de África, donde habían de purgar su pena. 
El Tribunal Superior hizo una mención especial honorifica, reconociendo el brillante y rápido trabajo desarrollado por el Juzgado de Primera Instancia de Montoro, felicitando al Juez señor Henares y al Fiscal señor Gutiérrez por el celo y actividad que habían mostrado en la sustanciación del sumario, de lo que pasaban la nota oportuna a la Junta de Gobierno.
Ésta sería la última vez que Montoro viviría un episodio como el relatado y en el que concurrieran las mismas circunstancias, osea, la privación de la vida en cumplimiento de sentencia judicial firme y la participación y presencia del pueblo en todo el acto de la ejecución, desde el comienzo hasta el final, para que sirviera de ejemplo a aquella sociedad y a su vez, tratar de conseguir humillar y desacreditar a las innumerables bandas de delincuentes que en aquellos días campaban a sus anchas, algunas con la ayuda y complicidad, de muchos de los que estuvieron presentes, presenciando aquellas cuatro muertes en aquel patíbulo.