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sábado, 12 de octubre de 2019

MONTORO: 175 ANIVERSARIO CON LA GUARDIA CIVIL


Pareja de Guardia Civil de los primeros años de su creación
Ante la incapacidad para proteger el orden público, a las personas y los bienes de los ciudadanos honrados y pacíficos, en una España totalmente sometida a continuos robos en calles y casas, perpetrados por gavillas de paramilitares y bandas de salteadores de pueblos y caminos, que hacían intransitables las vías de comunicación e imposible el libre comercio entre diferentes zonas de España con el consiguiente perjuicio económico, por Real Decreto de 28 de marzo de 1844 la Reina Isabel II decide la creación del Cuerpo de la Guardia Civil.
La Guardia Civil, es concebida como un Cuerpo Especial de Fuerza Armada de Infantería y Caballería, bajo la dependencia del Ministerio de Gobernación en cuanto a la realización de su servicio peculiar y su movimiento, dependiendo a la vez del Ministerio de la Guerra, en lo relativo a su organización, personal, disciplina, material y percibo de sus haberes. 
Refriega entre bandoleros y Guardia Civil.
Para que se encargue de la puesta en funcionamiento de este nuevo cuerpo, es designado el Mariscal de Campo don Francisco Javier Girón y Ezpeleta II Duque de Ahumada, quien pone como reto primordial que la formación de la Guardia Civil, se ha de hacer de forma escalonada y selectiva, atendiendo sobre todo a un ambicioso principio de calidad que garantice la excelencia del Guardia Civil, al estar plenamente convencido de que “servirían más y ofrecerían más garantías de orden cinco mil hombres buenos, que quince mil, no malos, sino medianos que fueran.”
Tras la promulgación de los Reales Decretos de 13 de abril y de 13 de mayo de 1844, comienza de inmediato el reclutamiento de los que serían los primeros Guardias Civiles de la Historia de España, quienes fueron concentrados en las instalaciones militares existentes en Vicálvaro (para Caballería) y Leganés (para Infantería), comenzando un exhaustivo periodo de instrucción desde primeros de junio hasta últimos de septiembre de dicho año.
El 1 de septiembre de 1844, día que es designado Inspector General de la Guardia Civil el Duque de Ahumada, se produce la presentación oficial del nuevo Cuerpo mediante un desfile militar en el que participan 1.870 Guardias Civiles, que sorprendieron por su marcialidad y nueva uniformidad, de la que se distinguía de manera especial la prenda de cabeza, un original sobrero de tres picos de origen francés “El Tricornio”, el que con el tiempo se convertiría en el icono más representativo del Cuerpo.
Duque de Ahumada
Esta primera promoción estaba compuesta por un total de 6.015 hombres (5.769 Guardias, 232 Oficiales y 14 Jefes), distribuidos por 14 Tercios cuyas capitales eran Madrid, Barcelona, Sevilla, Valencia, La Coruña, Zaragoza, Granada, Oviedo, Cáceres, Pamplona, Burgos y Vitoria, quedando en proyecto inmediato la creación de los dos tercios restantes, en Baleares y Canarias.
El reparto de los guardias civiles por las diferentes provincias, se comenzó el 25 de noviembre de 1844, quedando la planta definitivamente fijada el 20 de diciembre del mismo año.
A la zona occidental de Andalucía fue destinado el 3º Tercio mandado por el Coronel de Caballería don José de Castro, el que tras pasar la primera revista de comisario en Alcalá de Guadaira, lo distribuyó de la forma siguiente: 1ª compañía a Córdoba, 2ª a Sevilla, 3ª a Cádiz y la 4ª a Huelva. La compañía de caballería fue distribuida de manera proporcional por cada una de las provincias. Este tercio lo componían 537 Guardias, 21 Oficiales y 1 Jefe que a su vez se fueron distribuyendo atendiendo a tres directrices, como eran, que todos los pueblos del reino estuvieran adscritos a un Puesto de la Guardia Civil, que quedaran cubiertas por estos Puestos todas las Cabezas de Partido Judicial, y por último, que la diseminación no trajera como consecuencia una dispersión inadecuada a la clase de servicio que se pretendía prestar.
Por medio de la Real Orden de 28 de septiembre de 1861, se produce una nueva redistribución de efectivos, manteniéndose el mismo número de Tercios, pasando el tercio de Andalucía Occidental a denominarse 4º Tercio, al que además de las cuatro compañías que en un principio se le asignó, fue dotado con dos escuadrones de caballería.

LA GUARDIA CIVIL EN MONTORO:
No me ha sido posible localizar información fehaciente de la fecha concreta que la Guardia Civil llega a instalarse en nuestro pueblo. Ello quizás, porque desde entonces y hasta no hace muchas décadas, los Agentes de la Guardia Civil era destinados a las Comandancias existentes en las Capitales de Provincia, desde donde el Jefe de la misma, a su vez, indicaba o destinaba al Agente al pueblo que consideraba oportuno, con arreglo a las necesidades del servicio.
Guardia Civil en servicio de correrías
Lo que sí se puede afirmar, es que en Montoro hubo destinado un destacamento de la Guardia Civil desde el primer momento, al tener que estar cubiertas por miembros del nuevo Cuerpo, todas las Cabeceras de Partido Judicial y Montoro lo era, desde que fueron creados los Juzgados de Partido Judicial en España, por Real Decreto de 21 de Abril de 1834.
Debe suponerse, que al ser disuelta la llamada Milicia Nacional y absolver sus competencias la Guardia Civil, ésta ocupara los cuarteles que dicha Milicia ostentaba, en el caso de Montoro, situada en dependencias del antiguo Convento Carmelita, donde ahora está el Casino Primitivo. Pero esto no deja de ser una mera conjetura.
Existe constancia documentada de que en fecha 28 de mayo de 1845, osea unos seis meses después de que comenzara el despliegue inicial de Guardias Civiles por España, en Montoro ya existían Fuerzas del Benemérito Instituto, como lo prueba el hecho de que ese día el Juez de Primera Instancia de esta Ciudad don José Miguel Henares Amico, se auxilia de Agentes de la Guardia Civil y se desplaza hasta Adamuz y Villafranca de Córdoba, procediendo a la detención de siete malhechores por su participación en varios robos y atentado sobre la vida de un arriero, los que fueron conducidos hasta la Cárcel del Partido situada en la calle Cervantes (hoy Molino), donde permanecieron hasta ser Juzgados y ejecutados cuatro de ellos en la Plaza Mayor (hoy Plaza de España) de Montoro, el 13 de agosto de 1845. Los otros tres, al día siguiente y tras haber presenciado la ejecución de sus compinches como disponía la sentencia, fueron conducidos por la Guardia Civil hacía los penales españoles en el norte de África, para que cumplieran la pena privativa de libertad que le había sido impuesta.
Casa Cuartel calle Diego Medina nº 18
En la obra escrita en 1865, por el doctor don Leopoldo Martínez de la Reguera, titulada “Reseña Histórico Descriptiva de la Noble, Leal y Patriótica Ciudad de Montoro”, éste nos indica que en esta Ciudad, tenía su residencia el Capitán que mandaba la 2ª Compañía del 4º Tercio de la Guardia Civil.
Pese a la búsqueda llevada a cabo y al dilatado periodo de tiempo que la Guardia Civil lleva vinculada a Montoro, no me ha sido posible conseguir información sobre las diferentes ubicaciones de las Casas Cuartel en Nuestro Pueblo.
En un trabajo del Cronista Oficial de Montoro don José Ortíz, publicado en la página web de la Real Asociación Española de Cronistas Oficiales, se hace constar que en la posguerra y en la calle Rosario, en una de las casas del poyato existente en los números 16-18, estuvo ubicado un Cuartel de la Guardia Civil.
Tirando de memoria recuerdo, como hasta finales de los años sesenta y principios de los setenta del siglo pasado, la Casa Cuartel se ubicaba en el número 18 de la Calle Diego Medina, hoy convertida en casa de vecinos, teniendo las cuadras para los caballos junto al Arco en la Plaza de San Miguel, posiblemente, las pertenecientes al Conde de Robledo.
Casa-Cuartel de Dr. Fleming nº 2
Hasta 1965 aproximadamente, también hubo en la calle Santos Isasa nº 42, en la Fonda La Paloma propiedad del Señor Linde, lo que se denominaba “el Cuartel Chico”, en cuyas dependencias residían Guardias Civiles, al no poder alojar la Casa Cuartel principal, el número de Agentes que por entonces había en Montoro.
Por Decreto 4316 de 24 de diciembre de 1964 del Ministerio de la Gobernación y por el régimen de viviendas de renta limitada, se acuerda la construcción de un nuevo acuartelamiento, con un presupuesto de 2.817.244´70 pesetas (16.931´98 euros), de cuya cantidad total, el Ayuntamiento de Montoro aportó la suma de 240.000 pesetas (1.442´43 euros) y el solar situado en la actual Avenida de Doctor Fleming nº 2, valorado en 108.846´36 pesetas (654´18 euros).
Miembros del Grupo de Reserva y Seguridad (GRS) creados en 1988
En el mes de Julio de 2009 comienzan las obras de restauración de la Casa Cuartel de Dr. Fleming, con un presupuesto de 2.537.000 euros financiado por el Gobierno Central y la Junta de Andalucía, siendo mientras trasladado el Puesto de la Guardia Civil a la calle El Carpio, a un edificio propiedad del Ayuntamiento que había sido ocupado anteriormente por la Escuela Taller. Este proyecto de restauración de la Casa Cuartel construida a finales de los años sesenta del siglo pasado, contempló la construcción de dos edificios, uno para el desempeño de las tareas propias del Cuerpo, este de nueva planta, y otro destinado a pabellones-viviendas, mediante la rehabilitación del inmueble antiguo, quedando con ello aumentado el espacio útil del edificio en 2.000 metros cuadrados.
Servicio Proteccion Naturaleza (SEPRONA) creado en 1988
El Pleno del Ayuntamiento de Montoro, en sesión celebrada el 26/06/2018 acordó por unanimidad, interesar del Gobierno Central la creación de un Puesto Principal dotado de áreas específicas de prevención, investigación y atención al ciudadano, así como la creación de un Equipo de Policía Judicial.
Desde esta revista y al cumplirse el 175 aniversario de la estancia en Montoro de la Guardia Civil, los montoreños estamos obligados a reconocer y agradecer públicamente la ejemplar labor que los miembros del Cuerpo han desarrollado en nuestro pueblo en todo este tiempo, desde el respeto a la Ley y el Orden.
Sirva igualmente este momento, para homenajear a los muchos Agentes de la Guardia Civil que han prestado servicio en Montoro, a sus esposas como bastión sin recompensa en las que descansan muchas veces, la fatiga constante por el cumplimiento del deber, y a sus hijos, que han sabido estar en nuestro pueblo e integrarse con nosotros en nuestras costumbres y tradiciones; todos ellos, fieles al principio del Honor inculcado por Ahumada, sabedores de que es un concepto primordial en toda relación humana, convencidos de que una vez perdido, no se recobra jamás.
Permitidme un recuerdo particular a don Bartolomé Jurado Cantizano, Guardia Civil de siempre y para siempre, que hace unos meses nos dejó para ponerse a las órdenes del más Alto General, del General de Cielos y Tierras, desde donde como siempre continuará vigilante en su servicio, para hacernos más llevadero nuestro discurrir por el sinuoso camino diario de la vida. 

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Muchas Felicidades 
en el 
día de la Patrona
2019


Himno de la Guardia Civil:



domingo, 27 de noviembre de 2016

MIURA: 175 AÑOS DE REVOLUCIÓN GANADERA(I parte)


Al calor del negocio sombrerero de una familia hispalense y desde el mismo lugar donde se ubicó el campamento del Rey Fernando III, conquistador de Sevilla, desde el “Cortijo de Cuarto”, viva representación en sus días, de la campiña sevillana que rendía honores a la Giralda, comienza su andadura la vacada de Miura, que tanta emoción, leyenda, seriedad y prestigio ha dado y da a la Fiesta Taurina.

Don Juan Miura Rodríguez de ascendencia vasca, nace en Sevilla el 27 de febrero de 1802 y fue bautizado en la parroquia del Sagrario de la Catedral sevillana. Desde temprana edad, se dedicó al negocio de la sombrerería, llegando a regentar un artesano taller de sombreros en la Plaza de la Encarnación de Sevilla y posteriormente abrió tienda en la calle Sierpes, donde vendía su prestigioso producto.

Don Juan Miura y su esposa doña Josefa Fernández, tienen dos hijos, el primogénito llamado Antonio y el otro Eduardo, llevándole aquel a éste veinticuatro años.

Don Antonio Miura Fernández, desde siempre siente una gran atracción por el mundo del campo y por el contrario, no le llama la atención para nada, los libros. Siempre que podía, se escapaba a algunas de las dos fincas arrendadas por su padre, donde le gustaba manejar el ganado manso comprado a don Antonio Carica.

Don Juan Miura que veía que el chaval no se centraba y que no quería que su hijo Antonio se convirtiera en una persona improductiva, decidió descargar en él, el negocio familiar de sombreros y dispuso que comenzara a aprenderlo desde abajo, realizando los trabajos más duros, iniciándose en la caldera del pelo.

Al cumplir el año, uno de los encargados del taller se dirigió a don Juan y enseñándole un sombrero recién hecho, le preguntó que qué le parecía. Al no encontrar falta alguna en la pieza mostrada y al enterarse don Juan, que el sombrero había sido confeccionado por su hijo Antonio, con gracejo andaluz, manifestó: “Habrá que ír pensando en despedir al niño…”. Acto seguido se dirigió a donde se encontraba su hijo y le propuso que buscara terreno y ganado de lidia, que los gastos corrían de su cuenta.

Así es como don Antonio Miura Fernández se convierte de extraordinario sombrerero, en mejor ganadero y labrador, siempre convencido de que para poder mandar a hacer algo, antes tenía que saberlo hacer uno.

El 15 de mayo de 1842, festividad de San Isidro, compra don Juan Miura Rodríguez al vecino de La Rinconada, don Antonio Gil Herrera, que lidiaba con divisa violeta y azul, 220 vacas de procedencia Gallardo. Este ganado comienza a pasar una severa selección en manos de su hijo don Antonio, tan rigurosa que prácticamente quedó muy poco ganado del lote comprado, yendo lo desechado a nutrir a los marinos de la escuadra inglesa, fondeada en Gibraltar.

Como hierro es el hijo de don Juan, don Antonio Miura Fernández, quien decide utilizar el mismo con el que herraban al ganado manso que habían comprado a don Antonio Carica, osea la famosa A con dos asas, una a cada lado.

Para reforzar lo poco que deja don Antonio procedente de lo comprado al Sr. Gil Herrera, el 26 de julio de 1849, don Juan Miura decide comprar 200 vacas y 168 becerros, al político y periodista don José Luis Albareda, de la sociedad que mantenía con don Pedro Echeverregaray, procedente este ganado de la prestigiosa vacada de los Gallardos del Puerto. Cuando Albareda vendió su parte a Miura, su socio Echeverregaray, vende la suya a don Antonio Sánchez.

En 1850, don Juan Miura vuelve a adquirir de nuevo ganado bravo y se decide por comprar 100 novillas escogidas, de la ganadería de doña Jerónima Núñez de Prado, viuda del prestigioso ganadero de Arcos de la Frontera don José Rafael Cabrera y Angulo, cuyo ganado pastaba en Utrera y procedía de los frailes cartujos y dominicos de Jerez y Sevilla. Cuando fallece la viuda de Cabrera, Miura adquiere la totalidad de la ganadería, alrededor de 500 cabezas. De esta manera la vacada miureña, pasa a contar con más de 1.200 cabezas.

Hasta 1854, los toros que padrean en Miura, son de procedencia Gallardo escogidos entre los 168 becerros que le fueron comprados a Albareda.

A partir de este año de 1854, se suman a la vacada de Miura, dos sementales comprados a don José Arias de Saavedra, yerno del famoso ganadero sevillano, don Juan Domínguez Ortíz “El Barbero de Utrera”, quien años antes había comprado una de las partes en que se dividió la vacada del Conde de Vistahermosa. Estos sementales puros “vistahermosa”, comienzan a ser cruzados con las vacas de Cabrera, con resultados extraordinarios, llegándose a conseguir un tipo de toro largo, agalgado, de fina estampa, complexión fuerte y mucha agilidad.

En el transcurso de los doce años que van de 1842 a 1854, don Juan Miura y en particular su hijo don Antonio, consiguen formar una ganadería que llenará de gloría la historia taurina de España.

Don Juan Miura Rodríguez fallece en 1860, quedando como titular del hierro su viuda doña Josefa Fernández, quien lidia a su nombre solo la temporada de 1861, al fallecer poco después que su marido.

El 20 de abril de 1862, se anuncia por primera vez en Madrid la ganadería a nombre de don Antonio Miura Fernández, siendo esta tarde cuando comienza a escribirse la trágica leyenda de esta vacada, ya que el toro “Jocinero” mata de certera cornada en el corazón al cordobés José Rodríguez “Pepete”, tío abuelo de Manuel Rodríguez Sánchez “Manolete”.


El 23 de mayo de 1875, en la Plaza de Toros de Madrid el banderillero Mariano Canet “Llusío”, recibe una cornada mortal en la yugular, del toro Chocero de Miura, lidiado en sexto lugar.

El 5 de octubre de 1879, don Antonio Miura asiste en Córdoba a una corrida de toros donde actúa como espada su gran amigo Lagartijo y el hermano de éste, Manuel. Se lidian toros propiedad del zaragozano don Joaquín del Val, procedentes de la vacada que había comprado a la viuda del tudelano Pérez Laborda de casta navarra. El tercero de la tarde un toro cinqueño colorado, ojo de perdiz, bien puesto de cabeza, de nombre “Murciélago”, tras recibir 24 varas y ser aclamado por el público asistente al coso cordobés, es indultado y bien porque don Antonio Miura quedo impresionado por la fiereza del animal y negoció su compra con el Sr. del Val, o bien, porque Lagartijo, torero que participó del indulto, se lo regaló a Miura, lo cierto es, que el toro navarro comienza a fecundar vacas andaluzas de esta ganadería, en un número de 36 ó 70- aún hoy se discute el número de vacas-, dando origen a muchos y buenos resultados, fijando, según algunos, en la vacada sevillana ese color colorado, ojo de perdiz, que a lo largo de los tiempos ha causado y causa tanta admiración, formando parte de la personalidad de este hierro.


Bajo el control de don Antonio Miura Fernández, se experimentaría otro cruce insignificante, fruto de la amistad que unía a este con don Cristóbal Colón, segundo ganadero de Veragua, el cual envió a Sevilla un becerro colorado ojinegro, de buena reata, que se incorporó prácticamente en las mismas fechas que “Murciélago” y que influenció mínimamente en la vacada, puesto que murió muy pronto corneado. Como correspondencia a tal préstamo, Miura envió a la ganadería de Veragua un toro que estuvo padreando durante dos años.

Respecto al traspaso de sangre miureña a otras ganaderías, indicar que en la “Tauromaquia de Guerrita”, aparecen con nombres y señas cuatro utreros que atendían al nombre de Sombrerero, Chocinero, Carcelero y Tortolillo, cedidos el 14 de marzo de 1884 a fin de que padrearan en la ganadería de don Faustino Udaeta. Respecto de estas noticias o rumores, señalar que lo único cierto, es que debido a la gran amistad que unió siempre a don Faustino con Miura, éste le autorizaba a menudo y como favor especial, que echase a sus vacas toros destinados a la Plaza de Madrid de muy buena nota, cuyos toros permanecían en Manzanares, hasta que llegaba el momento de su lidia.

El 31 de marzo de 1893, cuando las angostas calles sevillanas aún se hallaban impregnadas por la cera del Jueves y Viernes Santo, fallece el Excmo. Sr. Don Antonio Miura Fernández, caballero de la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica. Sevilla entera llora tan insigne perdida. Al fallecer soltero y sin descendencia, es su hermano don Eduardo quien coge el testigo de la ganadería de Miura.

Don Antonio Miura Fernández, fue un hombre de estatura media, enjuto, de cuerpo derecho, cara alargada, piel curtida por el sol y el viento de levante, su figura adquiría una esbeltez elegante, cuando cabalgaba sobre su silla vaquera, estuvo dotado de excelentes cualidades que venían a reforzar su carácter fuerte, al servicio de un alma excepcional de generosidad espontánea, rumbo señorial, desprendimiento sin afectación, de bondad sencilla y modestia ejemplar, formal sin ningún tipo de reservas, de inquebrantable honradez, perseverante, laborioso sin descanso, de serenidad equilibrada y siempre con un juicio bueno y certero sobre todas las cosas, propio de las personas inteligentes. Todas estas cualidades, hicieron que consiguiera sus éxitos ganaderos y lograra obtener un prototipo de toro idóneo para el objeto al que se le destina, de esqueleto fuerte, duro de patas, largo de tronco, plano de vientre, degollado de pescuezo, ágil y todo fibra, todo músculo, fina piel, temperamento nervioso y dando siempre más peso que el aparente. Esa fue la herencia que dejó don Antonio Miura.

(continuará....)